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6 Opinión SÁBADO 16 7 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JAIME IGNACIO DEL BURGO DIPUTADO DE UPN Y PORTAVOZ ADJUNTO DEL GRUPO POPULAR EL CHANTAJE DE LA MINORÍA AY que entender, para empezar, que sin el apoyo de ERC, el partido de Josep Lluis Carod- Rovira, Pasqual Maragall no sería presidente de la Generalitat y que sin la ayuda de Maragall y sus acompañantes José Luis Rodríguez Zapatero no tendría en el bolsillo las llaves de La Moncloa, ese chaletito a las afueras de Madrid que tanto parece alterar a quienes lo ocupan. Aún así, la prudencia exige desconfiar de ERC y poner en duda la naturaleza democrática de su espíritu y su funcionamiento. Los dichos y hechos de sus notables vienen a negar lo que con tanto optimismo predicaba el gran maestro de los liberales católicos, Lord Acton: la Historia constituye el desarrollo progreM. MARTÍN sivo de la libertad FERRAND En el supuesto de que ese partido tenga bases, su cúpula siempre aparece en actitud desafiante y descalificadora para cualquiera que, amparado en los mismos derechos que a ellos les asisten, diga lo contrario de lo que pretenden. Ahí está, como ejemplo, el vapuleo dialéctico con el que tan fervoroso grupo nacionalista se ha cebado en Alfonso Guerra por el mero hecho de que el socialista, presidente de la comisión Constitucional del Congreso, haya recordado los supuestos en que se sustenta nuestra Constitución y, lo que es más importante, nuestra posibilidad de convivencia. A Guerra no le gustan muchos de los artículos del borrador del Estatut que perpetra el Parlament. Y, ¿qué? Cuando una minoría trata de imponer sus criterios, en un juego de chantaje institucional, la verdadera democracia se rompe como un cántaro después de una pedrada. El dogmatismo nacionalista de ERC, al que ayer le vio la cara Zapatero sin salir de La Moncloa, llega a tal punto que uno de sus diputados más activos en la elaboración del Estatut, Joan Tardá, se atreve a opinar en público que, cuando el hipotético texto llegue a la Carrera de San Jerónimo, España lo único que debe hacer es ratificar ¿Sí? ¿Así se ve desde la izquierda republicana y separatista la función de un Parlamento democrático? ¿La mayoría nacional española debe ratificar, sin más, lo que decide el Parlamento de una de sus regiones? Eso no cabe ni en la razón ni en la aritmética de la democracia. No es raro, ya puestos al disparate, que ERC pretenda recuperar la memoria republicana y antifranquista con la celebración solemne del próximo 14 de abril, septuagésimo quinto aniversario de la proclamación de la II República. Parece que, incapaces para el verdadero progreso nacional, los nacionalistas aplican toda su fuerza a la creación de pequeños elementos perturbadores para el ritmo de la Historia, ése que conduce a la libertad. La constante pretensión, a la que no es ajena el propio Zapatero, de reverdecer los peores años de nuestro pasado, desde la revolución de Asturias a la dureza de la represión posterior a la Guerra Civil, es tan estéril como dinamitadora. Eso es, precisamente, lo que habíamos superado con la Transición. H SOSPECHAS HONRADAS El autor se hace eco de un hecho sustantivo ocurrido hace unas fechas en el Congreso: la ratificación del pacto de Pamplona, firmado en 1988, que veta cualquier diálogo con ETA. El PSOE apoyó la vigencia de ese acuerdo, un mes después de conseguir luz verde de la Cámara a una hipotética negociación con la banda E L pasado 21 de junio el Congreso de los Diputados, gracias al voto conjunto del Grupo Popular, del Partido Socialista, de Izquierda Unida y de Coalición Canaria, con la abstención de los grupos nacionalistas, especialmente airada en el caso del PNV, aprobó reafirmar la vigencia del acuerdo por la paz y la tolerancia de Pamplona, de 1988, y recordar de manera especial su punto quinto, cuya parte sustancial dice así: Ningún grupo terrorista ni ningún partido político que apoye la práctica de la violencia o se sostenga en ella para conseguir sus fines están legitimados para erigirse en representantes del pueblo de Navarra. En consecuencia, rechazamos toda posibilidad de que ETA, o cualquier organización respaldada por la misma, sea reconocida en negociaciones políticas que pretendan condicionar el desarrollo libre del sistema democrático en general, y el propio de Navarra en particular Expondré a continuación la razón de ser de esta proposición. Como se recordará, el 17 de mayo pasado el Congreso daba luz verde a una hipotética negociación con ETA al aprobar una resolución donde se reflejaba, entre otras cosas, el punto diez del Pacto de Ajuria Enea de 1988, donde se propugna la posibilidad de un final dialogado de la violencia con el único requisito de que quienes deci- dan abandonar la violencia manifiesten inequívocamente su voluntad de renunciar a aquella. La opinión pública percibió que la resolución aprobada era un cheque en blanco al Gobierno para negociar con ETA, aunque se afirmara que el cese de la violencia en ningún caso llevaría aparejado el pago de ningún precio político. Así lo entendieron los portavoces de ETA- Batasuna, pues ese mismo día Arnaldo Otegui saludaba con alborozo el acuerdo del Congreso por entender que era un paso muy importante para la puesta en escena de la propuesta de Anoeta aprobada por Batasuna y ratificada por ETA. En ella los proetarras proponen la constitución de dos mesas de partidos: una, de partidos, sin límites ni exclusiones, para negociar políticamente la solución del conflicto y la segunda, una mesa de ETA con los Estados español y francés para tratar de los presos, de las víctimas y del desarme. Otegui daba además por liquidado el Pacto Antiterrorista suscrito por el PP y el PSOE en la legislatura pasada. Algo que también comparte la propia banda en sus dos últimos comunicados, cuando celebra que el 17 de mayo hubieran sonado en el Congreso campanas de muerto por el mencionado pacto. A la vista de semejante reacción y puesto que a juicio del portavoz socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, los pactos de Madrid (1987) de Ajuria Enea y de Pamplona (1988) -Cuarenta años pidiendo el reagrupamiento de nuestros presos, y ahora resulta que, como los junten, corremos el riesgo de que nos exijan todos el final de la lucha armada.