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60 Espectáculos VIERNES 15 7 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Ordet y Gertrud una ocasión única de ennoblecerse viendo el inquietante cine de Dreyer La reposición de sus dos obras convierte la cartelera en un lugar (éste, sí) mucho más decente b La propuesta es doble, pero sencilla: el espectador tiene la rara oportunidad de salir del cine con más espacio y tiempo que cuando entró. Dreyer limpia el terreno E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Colocar una película de Dreyer en la cartelera veraniega de salas de cine es, desde luego, una osadía. Colar dos de golpe es ya una insolencia. Una bendita insolencia. Ordet y Gertrud son dos obras maestras del cine de todos los tiempos, pero también son dos obras que requieren del talento del espectador y de toda su maquinaria emocional para estar a la altura de lo que nos cuenta Dreyer en estas películas con tanta profundidad como sencillez. Su cine es carnal y desnudo, está despojado de otras vestimentas que no sean la luz y sus intrigas y maquinaciones, la serenidad del encuadre y el empuje inteligente de un texto abriéndose paso en nuestra cabeza hacia la lucidez. La primera vez que uno ve Ordet necesita, luego, otra voz, alguien, con quien compartir y sacudirse de encima la perplejidad, la incredulidad, la conmoción, la absoluta certeza de que ha visto algo tan extraordinario como sorprendentemente simple... Ante sus narices ha ocurrido un milagro, y no hay nada en el confuso pero aliviado espectador, ni dentro ni fuera, que ponga en duda la veracidad y la grandeza de lo visto. Ordet es en realidad un triple milagro: lo es como película, lo es porque nos enfrenta a En ambas una rotunda y tajante películas se resurrección, y lo es, también, porque ni sipersigue lo sublime y su quiera se plantea uno la veracidad (incluso, esencia: la la verosimilitud) de de Dios y la lo que nos han contado. del Amor En Ordet asistimos al sublime poder de la fe y, como consecuencia de ella, a la materialización de lo imposible de un modo tan natural y sencillo como la propia manera de narrar de Dreyer, que nos sumerge en la tragedia y nos rescata de ella sin otra explicación que la del propio milagro: el personaje de Johannes, un iluminado que se cree el hijo de Dios, satisface la absoluta fe de la niña que cree que su madre resucitará en cuanto lo pida el loco Johannes ¿lo harás, verdad tío? la ingenuidad monda y lironda de plantearlo es ya de por sí otro milagro) Ese conflicto religioso, moral, individual y colectivo que subyace en todo el cine de Dreyer, pero en especial en Ordet se abre y colorea como un abanico en Gertrud película igualmente rezumada y decantada al cine desde un texto teatral que enfoca y pega contra la pared de enfrente a un personaje femenino desgarrador, profundamente trágico y que busca- -con la misma La mirada de la protagonista hace creíble su vuelta a la vida, gracias a la Palabra invocada por Johannes (bajo estas líneas, junto al abuelo) un hombre de fina inteligencia que enloqueció leyendo a Kierkegaard y dice ser el hijo de Dios ORDET En unos áridos parajes y en un estremecedor blanco y negro, Dreyer obliga al espectador a licuarse en los mismos líquidos espirituales de una historia imposible, en la que narra un drama familiar que vira a tragedia cuando muete la esposa a causa de un parto prematuro; y la tragedia se funde milagrosamente con la aparición de un personaje que se cree Jesucristo y que está dispuesto a resucitar el cadáver con un empujón de la fe. Imperecedera. fe que a Dios los personajes de Ordet -la esencia del amor (un cambio más en lo abstracto que en lo concreto: Dios por el Amor) Gertrud está hecha con el mismo desapego hacia lo accesorio que gran parte de la obra de Dreyer, incluso se aprecia en ella una mayor depuración de un estilo que tiende a eludir por completo el montaje mediante escenas radicalmente cerradas (no llegan a una docena) y conseguidas con planos largos y autosuficientes, y que contienen también de un modo sencillo los conflictos que se plantean en diálogos serenos, incluso fríos. Gélidos, aunque el interior de la película es un puro hervor, el de ese personaje femenino, Gertrud, una mujer hermosa, vibrante y romántica que persigue una idea del amor y nos la muestra a través de su confrontación con cuatro modos personalidades distintas, del alma masculina. La presencia de estas dos obras maestras en la cartelera es una insolencia, de acuerdo; pero no ennoblecerse viéndolas es un pecado. Una imagen de Gertrud reflexión sobre el amor y sus espejismos GERTRUD En su última película, hecha ya con materiales exclusivamente testamentarios, Dreyer nos presenta a Gertrud, una mujer de fortísima personalidad y sublime atractivo que encarna la fe por el amor absoluto y por el ideal femenino de libertad. Y con ella, Dreyer simula un melodrama burgués de principios del siglo XX que revela la imposibilidad del amor total. Si el interior de la película es frondoso, la piel que la recubre, su forma, es la viva expresión de la desnudez.