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ABC VIERNES 15 7 2005 Internacional 25 ATENTADOS DE LONDRES LAS VÍCTIMAS Ya estaban buscando los anillos de boda Jamie Gordon planeaba su enlace cuando el terrorismo segó su vida en el autobús de Tavistock b Tras una fiesta en la noche anterior al atentado, Jamie, de 30 años, decidió dormir en casa de un amigo... una desafortunada elección que le costaría la vida ABC MADRID. Era una persona cariñosa, siempre más pendiente de los demás que de sí mismo así describía un familiar próximo a Jamie Gordon, un asesor financiero de 30 años a quien la mala fortuna llevó a tomar el autobús de la línea 30 que un terrorista suicida hizo estallar en el trágico escenario de Tavistock Square. Jamie llamó a su oficina de City Asset Management sobre las diez menos veinte- -una hora después del primer estallido- -para informar de que se encontraba bien, pero que llegaría tarde, ya que el cierre del metro le obligó a cambiar de transporte. Fue la última noticia que se tuvo de él. Yvonne Nash, su Jamie Gordon novia, temió el peor de los desenlaces cuando pasaban las horas y nadie podía informarle del paradero de Jamie. Sus escasas esperanzas se vinieron abajo cuando fue localizado su teléfono móvil entre los escombros de la plaza donde estalló el autobús de dos pisos. das responsabilidades en el exigente mundo de las finanzas. Adoraba la vida, pero no se tomaba las cosas demasiado en serio decía con complicidad uno de sus amigos. Jamie estaba completamente enamorado de Yvonne, esperaba ansiososamente el momento de casarse con ella y formar una familia. Llevaban siete años juntos. Todavía no habían elegido una fecha, pero sé que ya estaban buscando los anillos comentaba. El 7 de julio, poco antes de las 10 de la mañana, un terrorista suicida hacía añicos los planes de boda de Jamie e Yvonne. Conocida la noticia del fallecimiento, su familia agradeció públicamente la respuesta de sus amigos y compañeros de trabajo, quienes se volcaron en la búsqueda imposible de Jamie. Elizabeth Daplyn Administrativa Soltera, de 26 años, Elizabeth trabajaba como administrativa en el departamento de Neurorradiología del University College Hospital, situado en las cercanías de Russel Square. Vivía con sus padres en Highgate, en el norte de Londres. Estamos esperando oír lo que ya saben nuestros corazones decía Tim Daplyn, tío de Elizabeth, cuando pasaban los días y no recibían noticias de ella. Hemos pasado a hablar de cómo era en lugar de cómo es Elizabeth añadía. Su nombre no aparece en la lista oficial de fallecidos, pe- ro su familia hizo público su nombre como una de las víctimas mortales. Helen Jones Contable Su vida ya había estado amenazada por el terrorismo cuando, en 1988, un grupo amparado por el régimen libio de Muamar el- Gadafi hizo estallar en el aire un avión de la compañía aérea Pan Am, y sus restos cayeron sobre la localidad escocesa de Lockerbie. Helen, que contaba entonces 11 años- -tenía 28 cuando fue asesinada- estaba en aquella ciudad escocesa sobre cuya vertical murieron las 259 personas que viajaban a bordo, y otras 11 en tierra. Diecisiete años después del atentado de Lockerbie, Helen no pudo escapar del zarpazo terrorista, que le arrebató la vida en la línea de Picadilly. Helen vivirá para siempre en mi corazón y en el de sus muchos, muchísimos amigos lamentaba Liz, aunque su nombre no figura aún en la lista facilitada por las autoridades británicas. Shyanuja Parathasangary Funcionaria del Royal Mail Shyanuja nació hace 30 años en Sri Lanka y trabajaba como funcionaria en el servicio postal del Reino Unido. Como otras víctimas que fallecieron en el autobús de la línea 30, Shyanuja había sido desalojada de la estación de Euston, desde donde se dirigió al autobús que minutos más tarde saltaría por los aires. Vivía con sus padres en Kensal Rise. Esa mañana salió de casa sin despedirse. No me dijo nada cuando se fue, únicamente me dirigió una amable sonrisa recordaba su madre. Horas de angustia Las primeras horas después del atentado resultaron dramáticas para sus allegados. Era imposible obtener información fiable, y el único recurso que cabía era lanzarse a la calle mostrando frenéticamente la fotografía de Jamie, con la esperanza que alguien recordara haberlo visto con vida. No fue así, las horas pasaban y nadie parecía haberse cruzado con esa persona. Era entrar en el cielo o seguir en el infierno afirmaba Thea Gray, una amiga del fallecido. Al menos ahora ya sabemos qué pasó, lo peor fue la angustia de la incertidumbre agregaba, rememorando las horas eternas que siguieron a las primeras noticias de los atentados. Ese fatídico jueves Jamie no salió de su casa, en el barrio de Enfield, donde vivía con Yvonne. La mala fortuna quiso que la noche anterior, tras una fiesta, Jamie decidiera quedarse a dormir en el domicilio de un amigo, desde donde salió por la mañana en dirección a la City Allí terminó su vida. La existencia de un hombre alegre y vital, crecido en Zimbabue, donde pasó la infancia, un paisaje que siempre formó parte de sus mejores recuerdos. De aquel país africano Jamie heredó la afición a los caballos, una pasión que nunca abandonó, pero también una manera de entender la vida impropia de quien habita en una ciudad frenética, como Londres, y asume eleva- Jennifer Nicholson Publicista Originaria de Bristol, en enero de este año se había mudado a Londres para trabajar como publicista en Rhinegold Publishing, una compañía musical. En poco tiempo su simpatía y sus ganas de aprender la convirtieron en una pieza irreemplazable en el trabajo y en las reuniones con sus compañeros fuera de las horas de oficina. La música era su gran pasión. Tocaba el piano de maravilla y era una excelente cantante de coro recordaba un amigo. A las 9.17 del pasado 7 de julio una bomba acababa con su vida en la línea de Edgware Road.