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14 Nacional JUEVES 14 7 2005 ABC Alfonso Guerra es consciente de que su etapa en el PSOE de ordeno y mando quedó en el pasado. Aun así, la autoridad que le confiere ser lo que fue le permite dar aldabonazos contra la cesión a los nacionalismos. Pero su lluvia no cala en Zapatero Zapatero presta oídos sordos a Guerra TEXTO: MANUEL MARÍN MADRID. Alfonso Guerra habla poco en público, pero cuando se aventura es tan alto como claro. Desde la privilegiada atalaya que ahora ocupa, la presidencia de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados, el ex vicepresidente del Gobierno de Felipe González y ex vicesecretario general del PSOE elige los momentos de sus aldabonazos con el dosificador que regala la experiencia de más de treinta años en la política. Aun siendo consciente de que la etapa de un Guerra todopoderoso ya pasó, elude contentarse con el reconocimiento de su partido a lo que fue, a modo de las viejas glorias deportivas. Por ello, sabedor también de que sus mensajes acaparan aún mucha atención, se resiste a dejar de ejercer como la voz crítica de la conciencia de parte de ese viejo PSOE que en sólo dos días- -y dos noches- -del asfixiante julio de 2000 vio cómo el relevo generacional se imponía a la agonía de un felipismo errático y sin liderazgo. Guerra y muchos de sus fieles fueron imprescindibles testigos de cargo de aquel proceso que encumbró a la secretaría general del PSOE a José Luis Rodríguez Zapatero. Pero el aval guerrista a la nueva vía más allá de una rendición a la evidencia de que el PSOE necesitaba algo más que un mero retoque de chapa y pintura, no era un cheque en blanco. Ni a título personal ni como presidente del Patronato de la Fundación Pablo Iglesias- -el principal referente intelectual del PSOE- -Guerra ha dejado de actuar en estos últimos años como intérprete de esencias socialistas o como implacable corrector de derivas ajenas. proyecto de Zapatero, como es la revisión del modelo territorial y de la financiación autonómica. Aún hay quien recuerda al González de sus mejores tiempos reconviniendo al Guerra más duro, sin aludirle, en un plenario del Grupo Socialista porque no convenía pasar a cuchillo a los más jóvenes que empezaban a discrepar de la doctrina oficial. Tiempo libre para escribir libros Otra evidencia de que el viejo PSOE centralista quedó atrás la dio el que fuera secretario de Organización con Guerra y ahora un diputado de base más, José María Benegas, el pasado otoño durante la presentación de su Diccionario sobre terrorismo Punzante y con un punto de resentimiento, lo primero que hizo Benegas fue agradecer a la actual dirección del PSOE el mucho tiempo libre que me da porque hasta me permite escribir libros Palmaditas de Zapatero en las espalda de las viejas glorias pero poco más. Ni siquiera al totem Felipe González se le permite borrar en la arena la raya que distingue a los dos PSOE. En octubre quedó patente cuando la dirección federal, eso sí, con buenas palabras pero con irritación, reprobó su ofensiva y la del propio Guerra para promover el indulto para Rafael Vera. Zapatero dijo no y punto. Guerra, que habla con voz propia y no por Felipe González- aquello se rompió hace mucho y roto quedó mantiene no obstante una buena relación personal con Zapatero. En Moncloa dicen que al jefe del Ejecutivo y secretario general del PSOE no le molesta que en el seno del partido haya quien discrepe del modelo territorial. Para eso se ha abierto el debate... Lo que sí resulta un incordio es que se prejuzguen intenciones de Zapatero cuando, por ejemplo, el Estatuto de Cataluña ni siquiera ha sido aprobado por el Parlamento catalán. Y entonces, las palabras de Guerra sí escuecen por lo que conllevan de desgaste para las relaciones entre el PSC y el PSOE, y de ambos con ERC, y por lo que supone de recarga gratuita de baterías del PP. A Guerra se le atribuyen en los últimos tiempos ciertas dosis de connivencia con el PP en lo que atañe al modelo de Estado, que irrita principalmente entre los bancos del PSC. Mantiene relaciones cordiales con parlamentarios del PP como Eduardo Zaplana o Gabriel Cisneros y no renuncia a expresar su preocupación por cómo llegará Zapatero a la meta de la mano de nacionalistas e independentistas. Ya sabe- -y lo dijo años atrás gratamente sorprendido- -que Bambi Zapatero es un bambi de acero Pero en el PSOE, con Guerra, prefieren tirar de refranero: Agua pasada no mueve molino Guerra pone en solfa el debate abierto por Zapatero sobre el modelo de Estado EFE Fustigando desde la revista Temas Por eso, cuando suelta un latigazo como el de la pasada semana en los cursos de verano de El Escorial poniendo en solfa el debate abierto por el propio Zapatero sobre la necesidad de favorecer reformas territoriales y constitucionales- -y alertando del peligro de descomposición del Estado- Guerra reedita destellos de la autoridad que tuvo y a la vez se ejercita con la libertad de quien se sabe con la bula que otorga una carrera política en su sprint final. Pero su grito de alerta- -nada novedoso ya que lleva meses fustigando desde su revista Temas las veleidades del nacionalismo en su pugna por definir como naciones a lo que no lo son y por querer diluir el mandato constitucional de la cohesión territorial- si bien no cae en saco roto en el PSOE, ya no es su ordeno y mando del pasado. Se le escucha, pero no se le teme como antes. Guerra concita el respeto y la simpatía de muchos socialistas, especialmente entre los madrileños, los extremeños o andaluces, y se le tiene en En Ferraz está ya más que superada la línea que el congreso de 2000 marcó entre el viejo y el nuevo PSOE A Guerra se le tiene en cuenta como referente intelectual, pero en la práctica, de limitada influencia política cuenta en Ferraz como un referente intelectual... pero de exigua praxis e influencia política. Y cuando desentona, se le envían recados cargados de autoridad, como el de días atrás de Alfredo Pérez Rubalcaba para instarle a no pescar en río revuelto y a no interferir en las confidenciales gestiones del Gobierno para tratar de constitucionalizar casi a la desesperada, el Estatuto catalán. Quien manda es Zapatero y así lo exhibe el PSOE pese a que de vez en cuan- do los Guerra, Ibarra, Vázquez o Simancas se dan en público alegrías discrepantes con la condescendencia que dispensa Zapatero a Maragall, por ejemplo. Pero Ferraz percibe los arranques de rebeldía como unos elementos más del paisaje. Y si llueve, ya escampará. No pasar a cuchillo al discrepante En Ferraz está ya más que superada la línea entre el viejo PSOE y el nuevo PSOE sostienen fuentes muy cercanas a Zapatero, que retan a cualquiera a demostrar que este PSOE no es autónomo de aquél o que, aparte del respeto a la historia reciente del partido con sus luces y sus sombras, pervive cualquier hálito de sumisión. Es más: en el entorno de Zapatero no deja de resultar paradójica la contradicción en la que incurre Guerra, que implantó una disciplina férrea en el partido desde principios de los ochenta, muy poco permisiva con la discrepancia interna y muy exigente con la fidelidad al aparato y ahora esgrime la libertad de opinión para permitirse desautorizaciones públicas de una de las patas del