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ABC JUEVES 14 7 2005 Opinión 7 guerrero de las luengas barbas. ¿Alguien ha visto, en la copiosa literatura binladeniana, algún programa económico, una idea para sacarlos de la pobreza? Todo es acerca de poder. Ni que decir tiene, así que digámoslo enfáticamente, que estamos hablando de una exigua minoría, mucho más diminuta que la que Franco continuamente le atribuía a sus opositores. Ciertísimo que los árabes e islámicos son las primeras y más abundantes víctimas de esos sanguinarios fanáticos salidos de su seno. Que se lo pregunten si no a iraquíes y afganos y otros muchos. Pero la crisis de civilización no atañe sólo a cuatro gatos salvajes y rabiosos. Muchos de sus síntomas son ampliamente compartidos por todos los correligionarios. El conspirativismo parece como si se hubiera convertido en una parte de su religión o una segunda naturaleza. Demasiados, demasiadas veces, demasiado sistemáticamente, nos echan la culpa de todos sus males. Y eso no es una fuente de cariño hacia nosotros, sino de torvo resentimiento. Una de sus grandes derrotas es que la calle árabe no se ha levantado por Bin Laden. Pero los que se alegran de sus hazañas son muchísimos más que el puñado de reclutas debidamente enrolados en su ejército santo. ¿Cuántos bailaron en Rabat y Casablanca el 11- M? Parece que algo más que unos pocos. LA ESPUMA DE LOS DÍAS TOCAN A VÍSPERAS F haberlo hecho, que repugnan porque, yendo contra su ser, apetecen. El daño que les hemos hecho es mostrar su inviabilidad. El problema está en su interior. No se reconcilian consigo mismos. Lo quieren todo. Las mieles de la tentación moderna y la pureza de la imaginaria pristinidad de antaño. Y poder, ante todo poder. Eso es lo que no nos perdonan. Fueron fuertes y ahora no. No pueden admitir que han perdido su fuerza ellos solitos. Se la hemos robado. De eso se queja- -y ¡con qué amargura! -el Cualquier muestra de xenofobia por nuestra parte, cualquier acusación indiscriminada es abominable, conculca nuestros principios, lleva el agua a su molino. Esas reacciones se las dejamos, en todo caso, para ellos. A nosotros no nos las permitimos. Somos ellos o nosotros sólo en una pequeña medida. Como seres humanos somos la misma cosa. Creemos que el ansia de libertad y el valor de la democracia son universales porque consideramos a todos los hombres iguales por encima y debajo de su costra civilizacional. Pero ésta no es intocable si sofoca aquellas ansias y oculta aquellos valores. Lo único que verdaderamente importa es que se proclaman nuestros implacables enemigos. Por su libérrima voluntad. De nada vale que les imploremos las tiernas miradas a las que nuestro desleído multiculturalismo nos hace acreedores. Que les digamos que de cruzados nada. A quien elegimos es a nuestros amigos, pero a los enemigos no nos los dejan escoger. Sólo nos resta saber qué se hace con los enemigos implacables. PALABRAS CRUZADAS ¿Aprueba usted que Aznar viaje a Tinduf? A BUENAS HORAS MANGAS VERDES NUNCIA viaje a Tinduf cuando ya no tiene responsabilidades de gobierno y quiere dar en las narices al actual Gobierno, pero a nadie se le escapa que Aznar pudo haber realizado esa visita cuando estaba en Moncloa; o podía haber enviado a alguno de sus ministros para dar su apoyo y estudiar sobre el terreno cómo ayudar a los 200.000 saharauis que viven en el desierto desde los tiempos de la descolonización. Pésima descolonización. Sin embargo no quiso Aznar importunar al amigo o no tan amigo marroquí y dejó a los sarahuis huérfanos de apoyo. Aunque no tanto como los ha dejado Zapatero, con un giro espectacular en su política a pePILAR sar de la tan traída y llevada tradicional CERNUDA amistad de los socialistas con el pueblo sarahui. Ni rastro de esa amistad en esos campos donde los sarahuis han levantado algo parecido a pueblos, educan a sus hijos y les hacen sentirse orgullosos de su identidad y de su tierra aunque se les hayan despojado de ella. Abdelaziz, que apenas pisa las arenas donde vive su gente tan duramente, empeñado en una labor diplomática que dura años, ha convencido a Aznar de que viaje a Tinduf para conocer la situación sobre el terreno. Y allá se va Aznar con su FAES a cuestas. Pero el gesto pierde su valor porque faltó cuando podía ser de verdad relevante. A AZNAR LO CRUCIFICAN A H AGA lo que haga, le van a tirar piedras. Y mira que nunca me he mostrado demasiado partidario de José María Aznar, ni cuando era presidente sin sonrisa ni cuando ha pasado al retiro, enfadado con el resto del mundo, muchos de sus amigos incluidos. Será cosa de los ex presidentes. Pero a unos se les tolera todo y a otros, nada. Me pareció bien el viaje de Zapatero a Marruecos, aquel tan criticado. ¿Por qué me va a parecer mal que Aznar viaje a Tinduf, al Sahara, a Washington, a ver a su amigo Bush o donde le pete? Un ex presidente tiene tanta libertad de movimientos como el que más, tanto derecho a expresarse FERNANDO (aunque no nos guste lo que dice) como JÁUREGUI cualquiera y, desde luego, puede criticar la política del Gobierno como lo hace cualquier periodista. ¿Tiene obligación el ex Aznar de apoyar una política exterior con la que está disconforme? Seguramente no. A él tampoco le apoyaron los socialistas con lo de la guerra de Irak, y pienso que hicieron muy bien. La concordia, la tolerancia, el pluralismo, suponen no estar todo el día acogotando a Aznar, un presidente a mi juicio honesto y equivocado en muchas cosas, a quien la Historia pondrá en su sito. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate RAGA gustaba de convocar a sus íntimos con el despuntar del sol. Don Manuel, mitad monje, mitad soldado, concedía un valor precioso a esas horas del día en las que, con el primer café y el sueño reciente, el cerebro trabaja a unas cuentas ideas más por minuto; a partir de determinado momento, ya se sabe, la mente empieza a griparse. Aquellas alboradas devinieron en maitines, por eso de la mitad monje. Y con el tiempo se convirtieron en una corte de leales al margen de los órganos oficiales del partido, entonces todavía Alianza Popular. Eran años de conspiraciones heredadas de la difunta UCD, que culminaron en el frustrado relevo del viejo león, seguido de su EDUARDO reincorporación a la preSAN MARTÍN sidencia y de la transmutación de la antigua AP en el nuevo PP. Aznar asumió el hábito del fundador. En ambos sentidos. Y no sin razones. Seguían siendo años de plomo. Y de refundación. Cuando aterrizó en Génova desde Valladolid, los armarios del partido rebosaban de cadáveres aún no definitivamente muertos. El joven presidente se aplicó a la tarea de construir una organización a su medida. En los maitines residía la confianza, el círculo de los fieles; fuera, seguía diluviando. Después, con la confirmación de un liderazgo conquistado a golpe de elecciones generales ganadas, el presidente del PP no quiso renunciar a la política de sanedrín. El partido estaba por fin bajo control, pero Aznar necesitaba a su lado sólo unos cuantos pares de ojos que le devolvieran sus propios pensamientos. Su autoridad se hizo tan hermética que casi nadie osaba rechistarle. Y en ese juego de frontón sin rebotes erráticos reside probablemente una de las razones de la deriva autista que siguieron los últimos años de su presidencia. Entre la campana de cristal que le habían fabricado sus ayudantes en La Moncloa y el cinturón de hierro de los leales de Génova, Aznar perdió el oído y la vista de la calle, el gusto por la contradicción, el olfato para ventear el olor de las amenazas que le acechaban. Y el tacto. Sobre todo el tacto. Ido Aznar, los maitines, y lo que simbolizan, no parecen el mejor soporte para un nuevo estilo de liderazgo. Porque, además, la desconfianza ya no reside fuera; está instalada dentro de ese círculo restringido. Una desconfianza de la que las declaraciones de Josep Piqué no serían la causa, sino su mejor expresión. Él y sus dos aludidos, Acebes y Zaplana, asisten a los maitines. Y mientras, el secretariado de Génova, la dirección nominal del partido, no toca pelota. Rajoy ha anunciado que los maitines no volverán a tener lugar al menos hasta septiembre. Puede ser un ardid muy gallego de darles boleta de forma definitiva para dotar al partido de una auténtica dirección. Quién sabe. Lo cierto es que los maitines son cosa del pasado. Ahora, en el PP, tocan a vísperas. Doblada la hora nona, es tiempo de balance y de recogimiento para preparar la nueva amanecida.