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98 MIÉRCOLES 13 7 2005 ABC Deportes Kilómetro Iban Mayo se queda en la 110 subida al Corinet Roselend La etapa se despertó movida. Una escapada (km. 38) iniciada por Posthuma y Brochard llegó a contar con siete integrantes y más de 10 minutos de ventaja. En la subida al Corinet de Roselend se queda Iban Mayo (en la imagen) Se empieza a ver a Valverde muy activo, cerca de los corredores del Discovery que lideran el grupo Kilómetro 118 Brochard se destaca y Popovych se cae El francés saca ventaja en el descenso del Corinet. Logra 20 segundos. El Discovery, como se aprecia en la fotografía, comanda la persecución y en la bajada se cae sin consecuencias el ucraniano Popovych. Luis León Sánchez alcanza a Brochard (km. 134) En el Km. 152 ya son siete los escapados y el pelotón rueda a 4.45 Valverde hechiza en Courchevel Armstrong sube el primer escalón del séptimo pero no puede ganar al murciano JOSÉ CARLOS CARABIAS COURCHEVEL. Depositó su cuerpo en la meta como el torero que lancea desmayado, los brazos abajo, relajados, sin humor para el típico gesto hacia arriba, forma de V, foto vertical para las portadas. Una crucifixión gozosa, sin llegar a extender los remos, la cara tiznada como los mineros, sudor a espuertas, los ojos cerrados al traspasar la línea, un instante antes de tender la mano hacia el saludo amable de Armstrong, derrotado en doscientos metros. Valverde lucía un gesto sosegado, en calma, sin la erupción que alienta su estilo volcánico, su instinto para captar adeptos. El rostro que hechizó en la estación más pija de los Alpes, Courchevel, y que regaló frescor a un Tour desgarrado, triturado ayer, como siempre, hasta que se canse, por un campeón tremendo, Lance Armstrong. El descubrimiento para el Tour de Valverde fue la séptima sentencia del americano si no lo impide otro hallazgo, el danés Mickael Rasmussen. Desde que Armstrong es quien es, el estreno de la montaña se mide antes por la secuencia de cadáveres. Poco más que el repaso a la clasificación, año tras año, derrote tras derrote, puede aportar un análisis a vuela pluma. No es que Armstrong acelere, exhiba su molinillo, recuerde así que se entrena más que nadie, que su voluntad para la victoria es innegociable y obtenga un refrendo moral. No es eso, sino un intimidación por aplastamiento. Valverde (a la derecha) junto a Armstrong en el momento del sprint ción en Courchevel a su delfín, Yaroslav Popovych el hombre del día según el líder) Y el ucraniano inventó un paso imposible para la suerte de este Tour. En cien metros separó la paja del grano, agregó una velocidad superior, el termómetro Armstrong. EPA LA ETAPA GANADOR 1 Alejandro Valverde (Baleares) SEGUNDO ESPAÑOL 4 Francisco Mancebo (Baleares) LÍDER 1 Lance Armstrong (EE. UU. Discovery) PRIMER ESPAÑOL 5 Alejandro Valverde (Baleares) 4.50: 35 a 9 s. 37.11: 04 a 3: 16 Un reguero de víctimas Hay quien, como Induráin, ejercía su jerarquía en un lenguaje políticamente correcto, diplomático, talante para dar y tomar. Y hay quien, como Armstrong, no entiende el deporte sin pelea, sin molinos de viento a los que derribar, sin gigantes que ensalcen su aureola. Así que tenemos al salir de Courchevel una nueva relación de sombras. Vinokourov, Ullrich, Kloden, Heras, Mayo, Landis, Botero, Beloki, Menchov y, apurando la frenada, casi hasta Ivan Basso. Superado el Cormet de Roselend y el elenco de avispas que picotearon en la cresta de un equipo de nuevo inaccesible, el Discovery (la eterna banda postal) Armstrong reclamó una acelera- Hundimiento del T- Mobile Cayeron los arqueros del tridente TMobile. Vinokourov, cuando se abrió la camiseta. Kloden, sin resuello. Y Ullrich, el Poulidor sin rabia, con la misma cara que retrató para la posteridad Marco Pantani hace siete años en el desdichado Tour del escándalo Festina. El pómulo rojo, hinchado, los ojos hundidos, una pesadez incontenible en las piernas. En ese escenario arrebatador, no ABANDONOS Petrov, Glomser Incidencias: Popovych se cayó en el descenso del Cormet de Roselend. Íker Flores (Euskaltel) es el farolillo rojo por segundo día consecutivo. por conocido inesperado, del que tranquilamente podría haberse descolgado todo el pelotón y permitir a Armstrong la licencia de enseñar al mundo a su escudero Popovych, surgió viento perfumado. Junto a la carrocería de Basso, el aerodinámico Cadel Evans y el estajanovista Mancebo, aparecieron Valverde y Rasmussen. En un momento, cuando Basso dijo basta, ahí os quedáis, Mancebo demostró coraje y fe para no perder un sueño que galopaba desbocado unos metros por delante al impulso de Armstrong. Gran detalle de gallardía del abulense, cuya perseverancia ha chocado históricamente con la estética. Qué se le va a hacer. No todos pueden ser estrellas. Como Valverde. Los límites del cuerpo son insonda-