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62 Espectáculos MIÉRCOLES 13 7 2005 ABC CANCIÓN MELÓDICA Claudio Baglioni Lugar: Centro Cultural Conde Duque. Madrid. Fecha: 11 de junio. UNA NOCHE ROMÁNTICA PABLO MARTINEZ PITA N o presentaba un lleno total el patio central del Conde Duque, pero los que estaban, mostraban una entrega total. Y es que con la canción melódica ocurre como con el heavy u otros géneros: no convence a todo el mundo, pero quien se siente atraído, lo hace con todas las consecuencias. Mientras Claudio Baglioni destilaba sus pasionales melodías, el público, mayoritariamente femenino, se sentía realmente arrebatado, y no eran escasos los gritos y los brazos moviéndose alternativamente hacia el corazón y hacia el cielo. El artista italiano se presentó él solo frente a la audiencia. Pasando del piano de cola a la guitarra, y de ésta al teclado, fue haciendo un repaso de su carrera discográfica, con canciones de éxito que en muchos casos se remontan a los años 70 y que están incluidos en su recién aparecido recopilatorio. Para conseguir sus propósitos cuenta con dos apreciables armas, como son su aspecto de galán con cierto aire a Richard Gere, y una voz que se mantiene en perfecto estado y que parece fabricada para interpretar la clásica canción italiana que él tanto ha contribuido a hacer popular en medio mundo. El formato escogido anoche resultaba especialmente singular para un tipo de canción que suele estar acompañado del armonioso sonido de violines y coros. Temas como Sábado por la tarde Señora Lía Amor bello o Yo del mar adquirían de esta forma un sonido más cercano y eficaz. Porta portese a la guitarra, ofreció la nota más lúdica de la noche, mientras que Avrai conseguía uno de los momentos más emocionantes. Para Un poco más contó con la colaboración de Juan Luis Giménez, de Presuntos Implicados, y del teclista Santi Navalón. Una de las mayores preocupaciones del artista era la interpretación en español de gran parte del repertorio, ya que hacía mucho tiempo que no afrontaba este desafío. Con la ayuda de un atril y del público, que coreaba sin descanso las letras, pudo salir airoso del compromiso, y reeditar ese idilio que mantuvo hace mucho tiempo con el público de aquí. Aunque también abundaban en el recinto los compatriotas del cantante. Unos y otros se sintieron arrastrados hacia los desolados mundos del desengaño amoroso que Claudio Baglioni tan bien sabe representar. Antonio Vega sobre una azotea madrileña. Cuanto más cerca del cielo y de las estrellas, mejor que mejor JERÓNIMO ÁLVAREZ Antonio Vega: Ojalá mi música sea la banda sonora de la vida de la gente El cantante continúa la presentación de 3.000 noches con Marga b Barcelona (hoy) Valencia (ma- ñana) y Madrid (el sábado) próximas estaciones en las que se detendrá el tren musical del personal e intransferible músico madrileño MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Han pasado ya veintiocho años desde que, sobre la arena de la playa levantina de La Malvarrosa, Antonio Vega garabateara las notas y la letra de la canción que acabó siendo la novia de toda una generación, La chica de ayer Para Antonio, ella es, sencillamente, Marga, la chica de siempre, acurrucada desde hace año y medio entre las estrellas de Orión. Desde allá, desde esa constelación de amor y compañerismo, le dictó al compositor las canciones de 3.000 noches con Marga su hermoso, valiente, emocionante y último disco. Un álbum que es la bella excusa para una gira que el autor de El sitio de mi recreo realiza por España. A estas alturas de su vida (y de la nuestra) Antonio Vega, como siempre, como entonces, como ayer y como anteayer, está en los huesos. Hace mucho que dejó su cuerpo en manos de su alma. La habitación con vistas de sus días se abre casi siempre al patio interior (y muy particular) de sus sentimientos, de su mundo, un universo paralelo desde el que sólo de vez en cuando echa un vistazo a lo que le rodea, a lo que nos rodea. Las cosas están j... -dice Vega- No digo que mi vida sólo consista en encerrarme en mí mismo, pero cada vez tiendo más a mirar hacia adentro, no hay muchas cosas que descubrir de puertas para afuera. No he perdido la esperanza, ni tampoco la ilusión, pero, desde luego, la verdad es que la cosa está cada vez más negra Música medicinal Para algunos, las canciones son ungüentos, medicinas que uno se aplica donde más le duele cada día. Para otros, son como un viejo amigo bueno, a veces son un enemigo, un auténtico enemigo bromea Vega) que tiene las palabras justas y necesarias en cada momento. Lo cierto- -cuenta Antonio- -es que lo que más ilusión me produce es que la gente haga suyas mis canciones, que lleguen a formar parte de sus vidas, que las asocien con momentos de su existencia. Me gusta pensar que son la banda sonora de la vida Las situaciones que más me asustan, que me hacen temblar, son, sobre todo, recuerdos del pasado Cada vez tiendo a mirar más hacia dentro de mí mismo. No hay mucho que descubrir de puertas hacia afuera de las personas, la banda sonora de la la vida de la gente Por supuesto en esta cuestión, el artista tiene derecho de pernada, porque su propia música esconde un generoso puñado de sensaciones. Por supuesto. Pasado el tiempo, me encanta volver a escuchar mis canciones, volver a redescubrirlas. Entonces encuentro muchas historias, muchos aspectos de mí mismo que desconocía Cuantos más años pasan, cuantos más discos y más canciones pasan, Antonio Vega tiene más pinta de exiliado. De la niñez, tal vez. La niñez, esa patria donde prosperan los chicos tristes y solitarios, donde crecen los corazones melancólicos y rotos. Atados manos y pies al corazón que fui fiel, ojalá me condenaran, a la niñez canta en Pasa el otoño la deliciosa canción que abre 3.000 noches con Marga Pasado, presente, futuro. Pero quién dijo miedo. Si algo ha de asustarme está más en el pasado. Hay momentos en los que el hecho de recordar una situación determinada de tu vida te hace temblar. Son instantes que, vistos desde ahora, uno vivió con una frialdad increíble y una naturalidad extraña, que parece mentira que fuesen así Han pasado veinticinco años desde los primeros compases de la movida. Antonio no tiene ninguna duda de que, en su caso, la historia ha sido justa con él. No me puedo quejar, siempre se me ha respetado. No puedo decir que haya sido un ciudadano ejemplar, ni muchísimo menos, pero creo que recogemos lo que sembramos