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ABC MIÉRCOLES 13 7 2005 Sociedad 57 Tecnología La página con el Quijote más grande del mundo, en la imagen el fragmento superior, es una manera sin precedentes de representar un libro En el patio del Centro Cultural Conde Duque (Madrid) se expone un colosal ejemplar, de una sola página, con la versión íntegra de la primera parte del Quijote. Un reto para osados lectores y para sus creadores, que varias veces estuvieron a punto de enterrar el proyecto por limitaciones de los programas de edición de textos más conocidos y otros problemas técnicos A la sombra del Quijote TEXTO: MARTA VILLALBA MADRID. Para leer el mayor Quijote de la historia, una edición gigantográfica de 14 metros de altura por 36 de ancho y 26 toneladas, los lectores no deben pasar página sino que ésta es la que pasea al lector por el patio del Centro Cultural Conde Duque en Madrid, donde se expone hasta abril de 2006. Esta acción de arte público reproduce la versión príncipe de la novela (con las erratas del propio Cervantes) en homenaje al ingenioso hidalgo en su IV centenario. Pensada para que sea leída cómodamente de principio a fin a ocho metros de distancia (para leerlo haría falta un paseo de 21 kilómetros alrededor de la página) fue encargada por el Ayuntamiento de Madrid al artista plástico y arquitecto, Juan Alberto García de Cubas, y al poeta y artista, Eduardo Scala. Juntos han dirigido el proyecto, denominado madridquijote, con tentáculos por todo el centro de Madrid a través de 52 frases extraídas del Quijote (el guarismo coincide con el número de capítulos) y seleccionadas por el escritor Hilario Franco, adheridas al reverso de mil señales de dirección. Juntos han transitado seis meses por las vicisitudes tecnológicas, han superado no pocas trabas técnicas, que a punto estuvieron de enterrar el proyecto. Para elegir la fuente recurrieron al cervantista Florencio Sevilla, que les cedió un archivo con el texto íntegro digitalizado. La elección de la tipografía, con aires ibarrianos, es una reivin- dicación de la tipografía española (Joaquín Ibarra imprimió en 1605 la magna edición del Quijote) se denomina ibarra y es del impresor Richard Gans, y la digitalizaron los tipógrafos Mario Sánchez y Chema Ribagorda. Y comenzó la andadura (y pronto las desventuras, como al caballero andante) de la maquetación de la página- libro. En el taller empezaron a diseñar la página en un Mac y con los tres programas más populares de edición de textos. Ocurrieron dos cosas: El software no soportaba el tamaño de página necesario, ni el trabajo a una escala con tipos representables, cualquier intento de composición del texto colgaba el procesador, incluso siendo dual cuenta García de Cubas. Límite de caracteres del software Optaron por otra aplicación de diseño gráfico con herramientas de maquetación de textos, que manejan habitualmente sobre PC. Ahora sí podían trabajar a escala real, con una página de 36 metros, y no había problema con la gestión de la fuente a tamaños mínimos. Por comodidad de impresión usaron la escala 1: 10 para el desarrollo. Sin embargo, tenían un límite en el número de caracteres incluidos en el documento de una sola hoja, al admitir por párrafo un máximo de 32.000 caracteres (toda la obra consta de 835.049 y con espacios, 1.022.877) De nuevo, la máquina se quedaba colgada. Probaron un sinfín de maneras de importar y expor- La lona impresa con el Quijote tiene unas dimensiones de 14 x 36 metros La obra completa está en un archivo de una sola hoja con más de un millón de caracteres, y sólo pesa 621 k tar textos, con un buen número de códigos fuente (las combinaciones son muchas) y, finalmente, volvieron a superar el problema. Aunque no era el último: lograron volcar el texto completo, pero a la hora de ordenar el texto y corregir fallos, la pantalla tardaba en regenerarse quince (eternos) minutos por cada mínima operación. No se podía maquetar de forma tradicional, observando resultados. Buscábamos un único párrafo con renglones de cuerpo decreciente, siempre legible desde el punto de vista de un observador en el suelo. La solución estaba en la abstracción matemática, conseguir saber el número de caracteres por cada uno de los renglones, para así ir volcando el texto a ciegas, pero con la certeza de un resultado correcto recuerda García de Cubas. Así fue como incorporaron al matemático Nacho Asensio, que les facilitó una hoja de cálculo con progresiones lineales, exponenciales y logarítmicas que resolvieron el problema. Tampoco fue fácil dar con una impresora de gran formato que les permitiera trabajar con sábanas (los borradores) de uno y medio de ancho por cuatro metros de longitud para realizar las correcciones y verificaciones. Lo consiguieron cambiando los protocolos de impresión de la HP 5000 SP. Así, de la aplicación enviaban a imprimir y en tiempo real veían lo que estaban haciendo. Al final, el libro del Quijote más grande del mundo estaba en un archivo de sólo 621 k de peso.