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98 Deportes TOUR DE FRANCIA JORNADA DE DESCANSO MARTES 12 7 2005 ABC Equipos, organizadores y periodistas huyen de los hoteles de la gare (estación) La carrera funciona por un complejo sistema de flechas que todo el mundo sigue. Los coches de los equipos tienen limitadores de velocidad (140) en un país en campaña contra los excesos. Armstrong tiene cocinero y camareros propios. Es la Grande Boucle un mundo diferente y único Un día en el gigante de la ruta GRENOBLE. Un día en el Tour puede ser demoledor si la noche anterior comenzó en el hotel de la gare Y puede ser sublime si un chateau sustituye a la fatídica palabra. En esa mezcla de denominaciones también se juega la carrera, su pulso vital, su estado emocional, la capacidad para aguantar. Ningún ciclista, periodista o empleado del Tour recomendará nunca el descanso cerca de la estación (gare) Firmará donde sea, en un charco de aceite, con tal de reposar en el chateau (castillo) Un día en el Tour arranca con masajistas y mecánicos afanosos, que madrugan más que nadie para recoger material y organizar la salida, y ciclistas somnolientos que se guían por carteles en los salones del hotel. Desayuno a las nueve (cereales, bollería, yogures, fruta, zumo, café) en el autobús a las diez, control de firmas a las once, kilómetro cero de la etapa a las doce y cuarto. Y a correr. Lejos quedaron aquellos días en los que, como recuerda Juan Fernández, no nos querían ni ver por los hoteles de Francia Corredores que tendían la colada en la ventana de la habitación, mesas de masaje llenas de potingues pringosos y basura a manta. Mucho más allá, la historia encantadora de aquellos salteadores de caminos de TEXTO JOSÉ CARLOS CARABIAS principios del siglo que desnudaban los bares, se lavaban en las fuentes y atajaban por caminos de cabras. Tiempos locos que llevaron a esta modernidad. Los autobuses y camiones de cada equipo podrían pasar por hoteles en miniatura. Lavadora, secadora, frigorífico, ducha, mesas, televisión... GPS de compañía No hay vehículo que se precie en el Tour que no circule con su GPS. Los mapas han pasado a la posteridad. Las indicaciones del paisano de turno, también. Y más la intuición del viajero. La maquinaria del GPS tienen nombres de compañía, Lina, Brenda, Iris, la voz que evita vueltas y vueltas a la misma rotonda. Gire a la derecha, en la próxima salida coja el carril de la izquierda, hasta que al fin se escucha el sonido angelical: ha llegado a su destino. El Tour son señales de colores, rojas para el control de firmas, naranjas para el recorrido alternativo, verdes para la sala de prensa. Un microcosmos de flechas. Dice un viejo proverbio en el Tour que nadie se perderá si sigue las flechas. Flechas a las entradas de las ciudades, en las salidas de las autopistas, en los cruces sin preferencia de paso. Una furgoneta pasa cada día a primera hora poblando de señales el país. Todo el mundo sigue las flechas en el Tour. Francia se ha embarcado en una saludable campaña contra la velocidad. No hay autopista sin radar ni carretera sin la amenaza de la multa. Los gendarmes son celadores provistos de prismáticos de largo alcance que captan al infractor al volante por un sistema de infrarrojos. Cuando el incauto llega al hombre azul, la tableta del stop quiere decir multa. O algo peor, la retirada del carnet. Los coches de los equipos del Tour llevan este año unos sensores que impiden que la aguja se dispare más allá de 140 kilómetros por hora. Si el masajista, mecánico, director o empleado sobrepasa esa línea y recibe multa, el equipo se niega a pagarla. El ciclista saluda el final de la etapa como el descanso del guerrero. Después de la atención a la Prensa y la búsqueda del hotel- -habitualmente de la carreta al autobús y al establecimiento- media hora de masaje. La cena representa el punto de conexión, el recuento de heridas y andanzas, alegrías y miserias. Y lo de siempre para el estómago, pasta sin salsa de tomate, ensaladas, frutas y viandas a la plancha. Aunque esto no es para todos. La oficina metódica de Lance Armstrong, el Discovery Channel, lleva cocinero particular y camareros contratados en exclusiva para el Tour. Por el miedo al sabotaje, al imprevisto o a lo que sea, el equipo paga a varios empleados para que transporten la comida desde su cocinero, el suizo Willy, a la mesa. Para el resto del pelaje (enviados especiales, empleados de la organización, patrocinadores, etc, etc) el Tour es una maleta, diez camisetas, un par de pantalones, un coche potente e instinto para la aventura. No hay privilegios. La carretera y el Tour son iguales para todos. Y cada noche, al quitar el precinto del hotel que toca, la esperanza de constatar que no guarda ninguna relación con la gare n de u n día U HOTE 1 8.30 h l Tour e ta en ciclis L SA LID A 2 3 4 FIRM AS 5 AUTOBÚS Y CHARLA TÉCNICA DIANA Cada noche el ciclista duerme en un hotel y suele compartir habitación con un compañero del equipo. Los directores suelen disfrutar de una individual CONTROL DE FIRMAS Llegada al recinto cerrado. Cada ciclista debe firmar en la hoja de salida para certificar que continúa en carrera. Suele durar una hora 6 REPARTO DE BICIS Los mecánicos ajustan, limpian y acondicionan las bicicletas, que quedan alineadas al lado del autobús. Cada corredor coge la suya SALIDA Hay una salida ficticia (un desfile por las calles de la ciudad) y una real (el kilómetro 0) desde donde arranca la jornada DESAYUNO Muy abundante. Normalmente compuesto por cereales, yogures, jamón york, bollería casera, leche, café y zumos El desplazamiento del hotel a la salida se realiza en los autobuses del equipo, acondicionados con todas las comodidades. El director deportivo imparte la estrategia para la etapa del día