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58 Espectáculos FESTIVALES DE VERANO MARTES 12 7 2005 ABC CLÁSICA Festival de Granada Las mañanas de Don Quijote Int. R. Andueza, soprano. Orquesta Barroca de Sevilla. Dir. y violín: M. Huggett Armoniosi Concerti. Dir. J. C. Rivera. Lugar: Hospital Real, Granada. Fecha: 9 y 10- 07- 05 Un Mozart inclemente quiebra la marcha de Aix- en- Provence La falta de calidad de la nueva producción de La Clemenza di Tito irrita al público b No gustó la voz del protagonista, Kresimir Spicer, y la función concluyó con abucheos al regista Lukas Hemleb, más avezado en el teatro de texto que en el lírico JUAN ANTONIO LLORENTE AIX- EN- PROVENCE. Tras concluir la primera parte de La Clemenza di Tito mientras respiraba aire fresco a las puertas del Arzobispado, el público mostraba cara de satisfacción. Tito, según acababa de cantar el resto del elenco protagonista y los coros, había sido al fin asesinado. Pero ya se sabe que, como los guionistas de series televisivas hoy, los libretistas de entonces- -en este caso Caterino Mazzolà ciñéndose al texto del propio Metastasio- -buscaban sorprender con los quiebros dramáticos, y el magnicidio no se consumó, debiendo soportar Tito hasta el final de la ópera. No es que los espectadores tuviesen nada en contra de aquel magnánimo personaje para la Historia, de quien Mozart destaca desde el título una virtud tan poco frecuente entre los emperadores romanos de la época como la clemencia. La razón de no quererlo ver- -y menos oír- -estaba fundamentada en la desagradable voz del encargado de dar vida al protagonista: el tenor croata Kresimir Spicer, que si bien en el año 2000, en este mismo festival, cosechó todos los éxitos en el papel central de El Retorno de Ulises a las órdenes de William Christie, esta vez los hados parecen haberse puesto de acuerdo, concediéndole además una desangelada dirección artística. Por ahí empezaron los problemas, que al final se saldaron con abucheos al regista Lukas Hemleb, más avezado en el teatro de texto que en el terreno lírico. Las quejas salpicaron a los responsables de figurines- -con una HAZAÑAS Y AVENTURAS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE D urante seis jornadas Las mañanas del Quijote integradas en la muy extensa programación del Festival de Granada, se han convertido en una vasta relación de músicas capaces de ilustrar las inquietudes aventureras del caballero andante y las aficiones sonoras de cuantos habitaron su tiempo. De lo religioso a lo profano, de lo descriptivo a la evocación, este caminar ha revivido algo tan propio del momento como el sentido del gozo. Se ha palpado en los dos últimos conciertos pues, al margen de las excelencias que por el camino desbrozaron The Sixteen o la Akademie für Alte Musik, ambos han sido protagonizados por dos grupos españoles capaces de confirmar un potencial que, poco a poco, está dando nuevas perspectivas a nuestra música antigua. La Orquesta Barroca de Sevilla es ya una realidad que luce denominación de origen en un terreno difícil y lleno de grandes nombres como es el de la música instrumental. En él los sevillanos se desenvuelven con singular entusiasmo. Quizá por ello han decidido compartir aventuras con la violinista y directora Monica Huggett, capaz de convertir lo extravertido en materia para los villancicos de Sumaya o Salazar. Los cantó Raquel Andueza tan cercana a un estilo vocal que ya resulta familiar en este repertorio y al que ella aporta buena dicción, claridad y finura expresiva. Sonaron también algunas gansadas musicales como la Battalia de Biber y convenciones como La escuela de esgrima de Schmelzer antes de que los sevillanos nos advirtieran que también cabe pensar en un Rameau grande, sólido, moderadamente contrastado, más propio del aplacador sol mediterráneo que del refinado protocolo versallesco. Desde las torres del alma dio sentido al último concierto del ciclo en el que Armoniosi Concerti mutó hacia músicas más quejosas. Lo hizo con el ánimo medido y el espíritu contenido, aportando cadencia y prudencia a las letras de Garcilaso, Lope y Góngora. La ayuda, aquí de nuevo, de Raquel Andueza fue fundamental, pues con ella se desgranó el espíritu doliente que allí latía. De la pesadumbre inicial a los dulces sones de las Endechas de Pisador, Armoniosi Concerti se demostró una prolongación del pensamiento de su director, el vihuelista Juan Carlos Rivera. Es lógico que estén tan cerca de los recónditos secretos de los cancioneros cercanos al tiempo del Quijote. Una escena de La clemenza di Tito anacronía sin gracia- -y decorados: réplica confusa a gran escala de una arquitectura infantil blanca. Un trabajo falto de sustancia, coproducido con el Gran Teatro de Luxemburgo, contando asimismo con la colaboración de la Festpielhaus de Baden- Baden. P. VÍCTOR El trabajo en el foso, mejor En el foso, el trabajo funcionó. Paul Daniel, director musical de la English National Opera londinense, conoce lo que se trae entre manos, dotando a la partitura de fuerza y consistencia al frente de la Mahler Chamber Orchestra, en cuya plantilla, para esta Clemenza y para el Così cuenta con el contraba- jista Diego Zecharies y el flauta Paco Varoch, procedentes de la extraordinaria cantera de la Orquesta de Galicia. El coro Arnold Schönberg cumplió con su misión, desasistido también en los movimientos por Hemleb. Del reparto principal destacó la presencia como Vitellia de la soprano búlgara Krassimira Stoyanova. Por contraste, a la mezzo francesa Stéphanie d Oustrac, le falta peso para soportar personajes mozartianos como el Annio aquí encomendado. Muy bien Luca Pisaroni y Kristine Jepson como Publio y Vitelio, respectivamente, y una agradable sorpresa como Servilia en la soprano argelina Amel Brahim- Djelloul. Una sesión para niños con la Juilliard All Stars abrió el Festival de Jazz de Vitoria N. ARTUNDO VITORIA. Tener el blues es encontrarse mal. Pero tocar el blues es como tomarse una medicina, como una vacuna contra la tristeza Así de claro. El director artístico de la sección de jazz de la prestigiosa escuela de música neoyorquina Juilliard, Victor Goines, establecía la premisa. El crítico de jazz Juan Claudio Cifuentes la hacía llegar en castellano a los asistentes. Y, a partir de ahí, los niños y acompañantes adultos que asistieron el domingo por la tarde al concierto infantil en Mendizorroza se vieron inmersos en una amena clase sobre las bases del jazz. Después de un aperitivo musical firmado por John Coltrane, los niños fueron empujados a chasquear los dedos para llevar el ritmo y a contar los clásicos doce compases. Algunos adultos recordaban los tiempos en que contaba con Coco, en Barrio Sésamo pero ésto es más divertido Y es que la base para el ábaco virtual la ponía una banda formada por grandes músicos de jazz, como el trombonista Vincent Gardner, el pianista Mark Carey, el bajista Ben Wolfe y el batería Carl Allen. Goines, con el saxo tenor y el discurso didáctico, completaba una agrupación con la que el pabellón emitió lamentos, risas, cantó escalas y notas y escuchó las risas musicales generadas por los diversos instrumentos, especialmente por el trombón de Gardner. The Blues Will Never Die El blues nunca morirá fue el título que más se repitió. La composición de Wynton Marsalis sirvió para que los niños- -asombrosamente atentos y participativos durante los primeros 50 minutos- -contestaran frases musicales o escucharan lo distinto que suena el blues con ritmos de Nueva Orleans, latinos o afrocubanos. Pero también hubo más temas de Bird Parker y Coltrane para explicar una forma única de comunicación musical que ayuda a sobrevivir con estilo Claro que, al final, había niños que formaban sus propios grupos. Y corrían el blues. Ayer la clave fue muy diferente. A partir de las 20.30 horas, el pabellón vitoriano acogió un triple concierto en el que se fundieron la electrónica, los ritmos contemporáneos y el jazz. El septeto alavés Ortophonk, los alemanes De Phazz y los británicos US 3 fueron los encargados de hacer disfrutar y bailar a los seguidores de las corrientes jazzísticas menos ortodoxas.