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ABC MARTES 12 7 2005 53 La Pedrera evoca el esplendor de las ruinas en la Historia del Arte con obras de Belloto, Piranesi o Friedrich El Museo Reina Sofía incorpora a sus fondos un nuevo picasso, Retrato de Dora Maar que ayer se presentó FRANCIS TSANG Boniface, cuentacuentos camerunés que llegó a Madrid en 1988, luce un bubú el de las grandes ceremonias, en una lavandería de Hortaleza Hodan Sulaman trabaja como azafata en Barajas, donde aterrizó desde Somalia en 1990 y la retuvieron. Su madre la salvó de la ablación FRANCIS TSANG El alma proteica de Madrid escribe Vargas Llosa, respira en Universo mestizo una exposición de fotografías en el Círculo de Bellas Artes que captura la verdad transeúnte y escurridiza de 150 nacionalidades. Son los madrileños del siglo XXI Las nuevas vidas de Madrid TEXTO: ANTONIO ASTORGA MADRID. De Alemania a Singapur, un equipo de siete fotógrafos ha retratado ese alma proteica de 150 vidas que llegaron a Madrid en busca de algo mejor. Algunas de esas vidas están solas, otras no, pero a todas, siempre, les quedará Madrid, ciudad abierta que aman y que no conoce barreras ni eufemismos. Las 150 vidas han sido capturadas por Francis Tsang, Sofía Moro, Alfredo Cáliz, Juan Ramón Puyol, Jesús Úbera, Carma Casulá y Diego López en la exposición Universo mestizo (abierta hasta el 19 de septiembre, con más de cien fotos) El relato y rescate de esas vidas se lo debemos a Daniel Lozano y Lola Delgado. Lunwerg edita un libro- catálogo con todas las imágenes. He aquí la historia de tres de esas vidas de un Madrid maravillosamente mestizo, testigo del 90 por ciento de la población mundial: Hossein, un ángel caído del cielo iraní. Nació en Fasa (Irán) en 1960. Vino a España en 1989 como refugiado político. Huía del régimen fanático totalitario terrorista y fundamentalista que pudre su país desde 1979. Luchó contra la dictadura de Jomeini, contra la de Jamenei, contra el terror bajo cualquier J que tiene secuestrado al maravilloso pueblo iraní. Esos tiranos no representan a mi pueblo, sólo se mueven por la religión y por intereses económicos Trabajó y estudió hasta que varios cursos le hicieron técnico del Samur. El 11- M se encontró de nuevo con el horror, con la muerte, con imágenes que le recordaban a la guerra Irán- Irak. Ese día no tenía guardia, pero varios compañeros decidimos ir a ayudar. De Legazpi bajamos a El Po- zo. No sabíamos qué nos encontraríamos porque había mucha confusión. Cuando entramos lo heridos ya habían salido. Yo aún no había mirado al suelo y empecé a darme cuenta de que estaba caminando sobre restos humanos, trozos de cuerpos. Era lo más parecido a una guerra, a una catástrofe. ¿Por qué lo hicieron? Colocamos cerca de los cadáveres los bolsos que veíamos. En uno de ellos sonaba un móvil. Era importante responder porque así podríamos identificarlo. Lo hice, pero la llamada se cortó Hoy es un hombre felizmente casado con una mujer española y con una hija que les tiene absolutamente locos La sonrisa de Hodan. La guerra destrozó su vida. Nació en Gabila (Somalia) en 1978. Doce años después aterrizó en Barajas con su madre y sus tres herma- SOFÍA MORO Hossein vio en el 11- M lo más parecido a una guerra Fue a salvar vidas a El Pozo, como Madrid le salvó cuando llegó de Irán huyendo del fanatismo nas. Las retuvieron durante una semana, hasta que las ayudaron. Fueron a un colegio de Vallecas mientras la soledad abocó a su madre a una depresión. Éramos las primeras niñas negras que íbamos a ese centro y la mentalidad era distinta. Hoy es mucho más abierta. ¡De Madrid al cielo! Algunos niños me escupían, pegaban. Me alisé el pelo, pero no era eso lo que les molestaba. Era el color de mi piel Ha vuelto a verlos y hoy, muchos, son cabezas rapadas. Su madre y una hermana se macharon a Canadá. Otra vive en EE. UU. Hodan y su sonrisa iluminan Madrid. Trabaja como azafata de tierra en Barajas, pero no olvida a su padre y un hermano que murieron en la guerra. El odio de tribus arrasaba Somalia. Su padre quiso salvar a su familia del horror. Y su madre, a sus hijas de la ablación del clítoris: Veía a mis amigas con dos tablas de la cadera a los pies, unidas por cuerdas que les rodeaban las piernas para que cicratizaran. No podían orinar. Mi madre se enfrentó a sus familiares más tradicionales La salvó. Las lecturas de Boniface. Luce el traje de las grandes ceremonias. Pero su vida no es de cuento. Llegó a España desde la selva y la sabana. Boniface Ofogo Nkama vivía en una aldea llamada Bogondo (Camerún) Cada día caminaba casi media maratón (unos 20 kilómetros) para estudiar. Un día consiguió una beca y pudo venir a Madrid, donde cuenta cuentos en un instituto. A los chicos les digo que soy más madrileño porque llevo 17 años aquí, más que los que tienen ellos. Madrid es una ciudad abierta y el mestizaje, el gran reto del siglo