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ABC LUNES 11 7 2005 61 FIRMAS EN ABC FIDEL SENDAGORTA ESCRITOR BAJARSE DE LA BICICLETA Lo único decisivo en estos momentos es recuperar la confianza de los ciudadanos. Todos los demás objetivos están condenados al fracaso... ARIAS generaciones de europeístas hemos dado por bueno el modelo de la bicicleta, que exige seguir siempre pedaleando para no caerse. Es decir, que el proceso de integración europea implica continuos avances ya que de lo contrario derivaría hacia una parálisis autodestructiva. Lo que nunca nos paramos a pensar es que uno se puede caer de la bicicleta por falta de pedaleo pero también por exceso. Lo acabamos de aprender tras el colosal batacazo del no en Francia y Holanda y henos aquí con los huesos en el suelo. Por mucho que se puedan identificar motivaciones de origen nacional en este rechazo popular, parece claro estamos ante una crisis grave de confianza ciudadana hacia el proyecto europeo. Cuando este ha querido colmar su déficit de legitimidad democrática, una mayoría del electorado en dos de los países fundadores ha desautorizado a sus élites europeístas. Para hacer frente a este problema no sirve el voluntarismo de mitin, ni las invocaciones rituales a más Eula confianza de los ciudadanos en la Unión Europea ésta debe hacerse comprensible y tranquilizadora. Para ello resulta imprescindible clarificar los límites tanto geográficos como políticos del proyecto europeo. Por lo que se refiere a los primeros, la UE no puede aparecer como un artefacto en estado de expansión incesante. Las sucesivas ampliaciones, por muy deseables que sean desde un punto de vista estratégico, sólo serán posibles cuando sean aceptables y digeribles por los ciudadanos de los Estados miembros. Por lo que se refiere a las instituciones, hay que admitir que la Unión está alcanzando su configuración definitiva y que ésta seguirá siendo una federación de Estados- naciones y no aspira por tanto a convertirse en unos Estados Unidos de Europa Este estado de ánimo de los electorados en Francia y en Holanda no significa necesariamente que estemos ante un resurgimiento del nacionalismo en Europa. Pero no puede ser casual que ambos países atraviesen una crisis en sus modelos de integración- -radicalmente opuestos- -de la inmigración musulmana. El malestar social que esta situación ha creado ha sido aprovechado por movimientos populistas. Sin embargo no hay que confundir el síntoma V ropa, ni en definitiva nada que suene a lenguaje de madera. No es la hora de ser condescendientes ni de decir que hay que hacer pedagogía. El momento exige aguzar el oído y escuchar bien lo que nos están diciendo aunque no nos guste lo que oímos. Es fundamental que acertemos en el diagnóstico para que los remedios sean los adecuados. Con motivo de las últimas elecciones europeas, el ex ministro francés de Asuntos Exteriores, Hubert Védrine, hizo un análisis sin concesiones de la altísima abstención, que puede aplicarse con mayor motivo a la situación actual. En su opinión, no es que nuestras sociedades se hayan vuelto antieuropeas, pero no parecen desear que el proceso de integración vaya más allá de los límites ya alcanzados. Los ciudadanos temen una mayor integración política, que se percibe como una amenaza para los Estados naciones, únicos marcos creíbles de la democracia política y de la cohesión social, aunque no fuera más que por motivos de proximidad y de lengua. En consecuencia, para recuperar EUGENIO FUENTES ESCRITOR REGALOS DE VERANO O sé de dos remedios para que no te olvide una mujer: regálale flores o llévala a un hermoso viaje en el que estén resueltos todos los inconvenientes: las esperas, los trámites, el overbooking. Que sólo tenga que preparar su equipaje. Quizá se deba a que las flores son los órganos sexuales de las plantas y a que en ellas reside la voluntad de permanencia de su especie, pero nada como una fugaz rosa para conjurar el olvido. El recuerdo de quien la regaló permanece siempre, a pesar de lo efímeros que resultan los cinco o cuatro días que tarda en marchitarse. La eternidad de un pétalo no depende de la duración de su color o su perfume, sino de los labios que tocó. Una flor es un centinela de la memoria que vigila contra el avance de las sombras cuando todo duerme. Pero si la botánica te parece ex- Y travagante o afectada, lleva de viaje a la mujer que amas. Elige bien el itinerario, que no sea tan corto que le parezca cotidiano ni tan largo que le resulte fatigoso. Y no lo ates demasiado. Deja que el camino te vaya sorprendiendo. Obedece el consejo del poeta y aprovecha los colores y las formas que te presente el paisaje. Las crines doradas de los campos de cereales te permitirán una caricia sobre su piel mientras le muestras la cicatriz que una hoz te dejó en el corazón; una larga caminata por la montaña te ofrecerá la oportunidad de calmar luego con tus manos las molestias de su espalda o el cansancio del fondo de sus huesos; un acantilado siempre te dará motivos para un abrazo; cualquier manantial te será propicio para hablar del futuro. Si no lo haces demasiado mal, no importa que el viaje haya sido secreto y que de él no queden fotos ni postales ni otros souvenirs que los que conservan tus pupilas. Un día comprobarás que, al recorrer de nuevo aquel trayecto, ni ella ni tú habéis podido olvidar la curva de la carretera donde le dijiste que sus rodillas te reconciliaban con la infancia, ni aquel recodo junto a un río donde hicisteis el amor a la sombra de un fresno lleno de brisa y de gemidos, ni aquella isla de salitre donde ella te limpió de las sienes dos gotas de sudor. Tampoco olvidarás que, tras el regreso, te sentías feliz y temerario y poderoso, capaz de detener en seco, con un gesto de la mano, la trayectoria de un cometa. Así que ahora que es verano y tienes la ocasión, no lo dudes. No le compres un anillo apenas diferente de otros que ya le regalaste, ni un marco de fotos, ni un artilugio electrónico, ni nada duro, sólido y contable, con la esperanza de que tu recuerdo durará mientras dure ese objeto. Regálale flores o un viaje. O, mejor, las dos cosas. Llévale un ramo de rosas y después pídele que llene- -no demasiado- -una maleta y que se vaya contigo a recorrer las calles silenciosas de un barrio medieval donde no ladran los perros. con el problema de fondo. El hecho es que la construcción europea y la integración de la inmigración, a pesar de constituir asuntos en apariencia desvinculados, tocan un mismo nervio al que muchos europeos son especialmente sensibles, lo que refleja ansiedad y tensiones en torno a la cuestión de la identidad. Como dice Paul Scheffer, la presente polarización entre actitudes cosmopolitas y populistas sólo podrá superarse cuando Europa sea percibida como una protección para las democracias nacionales La UE concebida, por tanto, como protectora de éstas y no como competidora, ni siquiera en el plano de lo simbólico. Ahí estuvo desde el principio el riesgo de llamar Constitución al Tratado que acaba de naufragar. Los europeístas podemos preguntarnos como se puede hablar con una sola voz en el mundo o consolidar la unión monetaria sin avanzar hacia una unión política. Pero ahora los electorados sienten que se ha avanzado demasiado deprisa y que es necesario un respiro. El desafío en esta hora, a la espera también de una renovación del liderazgo en algunos países clave, es utilizar esta pausa para concentrarse en los problemas económicos. Y en este campo es inútil buscar un modelo europeo al que no se va a llegar por consenso. Veánse si no los avatares de la agenda de Lisboa. Dejemos que cada país escoja su vía y que los hechos demuestren cuales son las economías que crecen y crean empleo. Lo único decisivo en estos momentos es recuperar la confianza de los ciudadanos. Todos los demás objetivos, por legítimos que parezcan, están condenados al fracaso si no se cumple esa condición. Y para eso, lo primero que tenemos que hacer en Europa es bajarnos de la bicicleta por una buena temporada.