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ABC LUNES 11 7 2005 Espectáculos 55 FESTIVALES DE VERANO CLÁSICA Festival de Granada Obras de Schoenberg, Beethoven y Mahler. Int. Staatskapelle de Berlín. Dir. y piano: D. Barenboim. Lugar: Palacio de Carlos V, Granada. Fecha: 8 y 9- 07- 05 BARENBOIM, EL MAESTRO ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE l Festival de Granada arriba a puerto. Lo hace con la triple presencia de la Staatskapelle de Berlín y Daniel Barenboim antes de su actuación en Sevilla donde el 13, 16 y 18 pondrán en escena Parsifal y en Madrid, el 15, para un concierto popular en la Plaza Mayor. Infatigable, relajado y cercano, Barenboim ha pisado Granada e inmediatamente ha participado en el acto de entrega de la medalla del oro del Festival a su buen amigo el empresario Alfonso Aijón. Dijo de él que es un Quijote moderno, aficionado a empresas imposibles Muchas cosas se han hecho en Granada gracias a Aijón, aclaró Enrique Gámez, director del Festival, antes de leer una cariñosa felicitación remitida por el crítico musical de ABC Antonio Iglesias. En el agradecimiento inmediato Aijón anunció la creación de una beca Ibermúsica, por valor del 15.000 euros, para el mejor alumno de los Cursos Manuel de Falla de Granada. Ya por la noche, Barenboim ponía una nueva muesca entre los hitos del certamen al dirigir por primera vez las Variaciones para orquesta, opus E Daniel Barenboim, durante el concierto del sábado en el Palacio de Carlos V de Granada 31 de Schoenberg. Surgió entonces el maestro capaz de ganarse al público haciendo lo más difícil: explicar con llaneza esta música añadiendo pormenorizados ejemplos musicales. No hizo falta más para romper las barreras. Lo malo es que ahora van a saber si lo tocamos bien terminó Barenboim antes de que los aplausos dieran fe de la fascinante inmaterialidad instrumental, la delicadeza, la claridad de exposición y la intención analítica que ya antes se había hecho notar en las Cinco piezas, opus 16 El programa se cerró con el tercer concierto para piano de Beethoven, con el propio director como solista, aunque aquí todo se desperdiciara por acción de la peculiar acústica del Palacio de Carlos V, capaz de multiplicar mal y por 40 a un piano equivocadamente colocado en ese escenario. Pero las circunstancias apenas ensombrencen lo mucho que el mejor Barenboim está dejando en este Festi- EFE val. La poderosa vision que, al día siguiente, dirigió de la Séptima sinfonía de Mahler demostró que no ha buscado el camino musicalmente más fácil. Sin retórica añadida, libre de analogías semánticas, limando contrastes, atenuenado lo grotesco y matizando lo elocuente, Barenboim ofreció una versión suficiente, corpulenta y arquitectónicamente grande que sirvió para mostrar lo mejor de su orquesta. Y reconquistar Granada. Aix- en- Provence recupera a Chéreau para la ópera con Così fan tutte JUAN ANTONIO LLORENTE AIX- EN- PROVENCE. La puesta en escena de las cuatro jornadas del Anillo que en 1976 dirigió Patrice Chéreau en Bayreuth, no fue su primer trabajo, pero sí el más impactante de su carrera. El escándalo provocado por su revolucionaria concepción de la escena, unido a la lectura de los pentagramas wagnerianos de Pierre Boulez, le acompañarán siempre. Con 61 años, Chéreau vuelve a la ópera, aparcada a beneficio del cine. Con Mozart dijo adiós en Salzburgo a los montajes operísticos, y con él retoma el pulso al género. Esta vez sin revuelos, pero instalando un punto de interrogación sobre el espectador, que no acaba de entender lo que Chéreau ha querido decir. La noche del estreno se saldó con aplausos para todos, algo que tal vez no se repita en París, cuando en septiembre llegue este Così fan tutte al Teatro Garnier, con quien se coproduce, aunque director y solistas sean los mismos que el sábado en Aix. El público de un teatro de ópera no es tan complaciente como el de un festival, y es fácil que el parisiense no permanez- ca impasible ante la propuesta de Chéreau: ante el espectador, uno de esos espacios hiperrealistas que tan bien conoce la gente del cine, reproduciendo la trasera del escenario algo desvencijado de cualquier teatro italiano hace 30 años. En ese espacio se mueven los protagonistas, con minuciosa dirección actoral de Chéreau, con las vestimentas que Caroline de Vivaise ha diseñado para la época que marca la ópera, estrenada en Viena en 1790. Entre la pretendida desnudez del escenario y los intérpretes falta algo. Aunque no sea más que una declaración de intenciones de Chéreau, que parece enfrentarnos a un retablo de las maravillas ante el que el espectador debe inventar el decorado y callar. Por ahora tendremos que conformarnos con la música, muy bien defendida por Daniel Harding, menos juguetón y contenidamente expresivo, que con 30 años acepta el reto de sustituir a Muti el próximo 7 de diciembre abriendo temporada de La Scala- -y de paso año Mozart- -con este mismo título con que, frente a la Mahler Chamber Orchestra, acaba de demostrar su madurez. En el capítulo vocal, cuatro nombres Chéreau instala un punto de interrogación sobre el espectador, que no acaba de entender lo que ha querido decir La música, muy bien defendida por Harding, menos juguetón y contenidamente expresivo nuevos, incluyendo en este bloque a la mezzo letona Elina Garanca, que debutó como Dorabella el pasado año en Salzburgo. Con ella, la soprano canadiense Erin Wall, que se llevó los dos aplausos en solitario de la noche; el tenor norteamericano Shawn Matthey y el barítono francés Stéphane Degout. Los cuatro superaron cómodamente las demandas canoras y escénicas. Aunque en este punto habría que anteponer a Ruggero Raimondi, supliendo cantante por actor en un memorable cameo de Don Ferrando. Completando el sexteto central, Barbara Bonney, al servicio de una Despina que, a veces, por el descuido de su fraseo italiano, carece de la frescura que requiere el personaje. Ensayo de Così fan tutte J. R. Ribas