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22 LUNES 11 7 2005 ABC Internacional Blair propondrá a la UE controlar las llamadas de teléfonos móviles y los correos electrónicos En libertad sin cargos los tres sospechosos detenidos ayer en el aeropuerto de Heathrow en todo el país, mientras siguen el difícil trabajo de rescate de cadáveres del túnel de King s Cross y el velo del misterio en las investigaciones EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. El Gobierno británico está volcado en la tarea de detener a los autores de lo atentados del 7- J, sobre los que no se ha anunciado ninguna pista sólida, y para ello considera necesarias nuevas medidas de seguridad- -que también prevengan de futuras acciones terroristas- -como el control de llamadas y mensajes telefónicos y de correos electrónicos. Fruto del extremo estado de alerta en el que se encuentra el país fue la detención, ayer por la mañana, de tres personas de nacionalidad británica a su llegada al aeropuerto de Heathrow en aplicación de la ley antiterrorista, aunque la Policía asegura que estos arrestos no tienen relación directa con las explosiones del pasado jueves. Horas después los dejó en libertad. El ministro del Interior, Charles Clarke, anunció ayer en la BBC que propondrá en la reunión de ministros de Interior y Justicia de la Unión Europea, el próximo miércoles en Bruselas, b Servicios religiosos que las fuerzas de Seguridad tengan acceso a registros de llamadas, mensajes de texto por teléfono móvil y correos electrónicos. Los registros de telecomunicaciones, sean por teléfono o correo electrónico, que revelan qué llamada se hizo desde qué número, a qué otro número, y a qué hora, son de mucha utilidad para los servicios de seguridad afirmó Clarke. El ministro precisó que lo que plantea no es el acceso al contenido de esas comunicaciones, sino a sus registros, que las empresas de telecomunicaciones estarían obligadas a facilitar a la Policía y que deberían poder conservarse algún tiempo. Como hizo tras el 11- S, la Policía británica ha solicitado ese tipo de información a las compañías de telecomunicaciones, pero no tienen obligación de suministrarla. Además, para que la medida sea efectiva, dadas las dimensiones internacionales del terrorismo, Clarke la planteará ante la UE. Otras, como el mayor control en los puertos fronterizos, las puede tomar el Reino Unido unilateralmente y aplicar de manera inmediata. La precaución con que la Policía está actuando a la hora de señalar posibles sospechosos y de proceder a detenciones tiene que ver con el elevado número de musulmanes que viven en el país, que como comunidad no puede Sala de control de la sede central de Scotland Yard, ayer en Londres La Policía británica pide fotos y grabaciones de vídeo que pudieron realizar testigos y supervivientes sentirse criminalizada con arrestos que no se apoyen en sospechas bien fundadas. A falta de una línea clara de investigación, existe la prioridad de procurar no levantar ningún tipo de animadversión hacia la minoría musulmana y evitar que se repitan los ata- ques que ya se han producido contra alguna mezquita así como una grave agresión a una persona. Por eso, ayer, Brian Paddick, número tres de Scotland Yard y encargado de dar cuenta pública de las investigaciones, insistió en no vincular con los atentados a las tres personas detenidas en Heathrow. A última hora de ayer, las autoridades decidieron ponerlos en libertad sin cargos. El subcomisario jefe de Scotland Yard no quiso pronunciarse sobre otros nombres de activistas islámicos que están apareciendo en los medios, como el LA DESINFORMACIÓN JOSÉ MANUEL COSTA H ace cuatro días de los atentados de Londres y a estas alturas ya puede reflexionarse un poco. Por ejemplo, sobre la forma en que el Gobierno británico y las fuerzas de seguridad y rescate han operado con la información. Puede decirse de entrada: lo que hemos contemplado ha sido más propio de un país subdesarrollado que de una de las potencias medias del mundo. El jueves y aunque no cupiera duda de que aquello era un atentado, del origen que fuera, las autoridades se resistían como gato panza arriba a reconocerlo. De hecho, la UE se adelantó en condenar el hecho como un acto terrorista basándose en lo que le explicó el Gobierno de Londres. Pero este mantu- vo a sus ciudadanos in albis hasta entrada la tarde, cuando un Tony Blair casi reluctante reconoció lo obvio. Otro tema tétrico ha sido el número de muertos. Primero se habló de dos, lo cual resultaba muy poco plausible. Luego se aumentó la cifra hasta unos treinta. Pero el mismo jueves por la noche el ministro del Interior francés, Nicolás Sarkozy, manifestaba cómo su colega británico, Charles Clarke, le había comunicado que al menos había cincuenta muertos y centenares de heridos. Esta noticia sólo fue ofrecida en Gran Bretaña al día siguiente por la tarde. Y siguiendo en este luctuoso tema ¿Cómo es posible que en un principio se dijera que en el atentado al autobús en Tavistock Square había dos muer- tos y el sábado se explicara que son trece? Se entienden las dificultades que puedan encontrarse en los túneles del metro pero ¿en un autobús? Hay una diferencia visual evidente entre dos y trece cuerpos sin vida. Sin embargo, no se dijo nada. El sábado también nos enteramos de que ¡no se había identificado ningún cadáver! Aunque los ingleses no tengan documentos de identidad, sí disponen de carnés de conducir, de tarjetas de crédito, de la seguridad social e incluso un documento de residencia. La verdad, todo lo anterior, aparte de un atentado a la transparencia informativa, es tratar de muy mala manera a los parientes y allegados de las víctimas. La duda ahora consiste en saber si tal derroche de desinformación se debe a pura incompetencia de los cuerpos de auxilio ciudadano o más bien a una política premeditada del gobierno. Conociendo a Tony Blair y sus adláteres y cómo funcionan a veces los servicios públicos en aquel país, cabe pensar en una combinación de ambos factores. Por muy incompetente que fuera la Policía, parece más sensato pensar que la falta de información se debe a una política deliberada. Según escribía Íñigo Gurruchaga desde Londres, lo que estamos viviendo es el plan de emergencia Sudden Impact entre cuyos objetivos se encuentra gestionar el estado anímico de los ciudadanos. Aunque si los madrileños supieron asimilar el impacto del 11- M, no se ve por qué los londinenses han de ser tratados como criaturas. Por otra parte, cuando los gobiernos se ponen a gestionar informaciones, nunca son inocentes. No ha llegado el momento, aún están en el pesar y la angustia, pero más tarde o más temprano en el Reino Unido se formularán estas preguntas. Familiares desgarrados y desorientados ya empiezan a hacerlo. Los medios de comunicación y la opinión pública, tan groseramente burlados, esperan su vez.