Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
8 Opinión LUNES 11 7 2005 ABC LA BURBUJA CARTAS AL DIRECTOR Pueden dirigir sus cartas a ABC: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena, 7. 28027 Madrid Por fax: 913.203.356. Por correo electrónico: cartas abc. es ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. LO QUE VALE EL RESPALDO DE LUXEMBURGO LGO más del 56 por ciento de los luxemburgueses ha votado sí en el referéndum para la ratificación del Tratado Constitucional Europeo. El no sólo venció en 9 de los 118 distritos electorales. Lástima que el peso de la población de Luxemburgo sea tan bajo en el conjunto de la UE: el Gran Ducado tiene, según estimaciones para 2004, poco más de 462.000 habitantes, de los LUIS IGNACIO cuales sólo PARADA unos 223.000 tenían la obligación de votar. Eso ocurre porque la mitad de la población residente es extranjera y procede en su mayoría del sur de Europa, Alemania, Bélgica y Francia. Sin embargo, esa escasa representación de la población autóctona no es la que resta importancia a la ratificación. Como tampoco lo es que, debido a su bajo índice de crecimiento demográfico (1,28 por ciento) tenga una carencia crónica de mano de obra y, por tanto, no existan riesgos de pérdida de puestos de trabajo para los nativos ni problemas de xenofobia. La prosperidad de Luxemburgo, el sexto país más industrializado del mundo y el segundo con mayores ingresos por cabeza, 47.350 dólares, tuvo su origen en las riquezas naturales y en la industria del acero y del hierro. Pero eso sólo supone hoy el 28 del valor total de la producción de bienes y servicios. Las industrias química, textil y de alimentación aportan otro 5 por ciento. Y la agricultura y ganadería apenas el 0,7. El resto, más de dos tercios del PIB, lo aporta el sector terciario, en el que se incluye la actividad financiera. Y, gracias a la tolerancia de las leyes tributarias que convierten al país en un paraíso fiscal, esa actividad es la responsable de la riqueza actual de sus habitantes. Y de su lógico entusiasmo por la Unión Europea. Así que alegrémonos de que Luxemburgo haya sido el décimo tercer Estado en ratificar el Tratado Constitucional y el segundo en hacerlo por referéndum, tras España. Pero sepamos que eso no es un respaldo político ni social. Y, si nos ponemos exigentes, ni siquiera moral. Cuánta soberbia Tanta necesidad de protagonismo se tiene en Cataluña por parte de una serie de políticos, carentes de calidad profesional, que buscan reventar la paciencia de una comunidad ofendiéndola y alegrándose de la derrota en algo que tenía el apoyo de todo un pueblo. Señores, como catalán de nacimiento y madrileño en adopción que sólo tiene cosas positivas que decir del pueblo y la gente de Madrid, lamento sinceramente que ciertas personas se quieran hacer pasar por mí y en mi nombre les insulten. Creo que los salvapatrias siempre utilizan la bandera para protegerse, y estoy harto. Soy catalán y no nacionalista, y como yo más del 70 por ciento. Por lo que no tienen derecho a hablar por los catalanes. No se puede llamar catalanes sino independentistas, a quienes se refieren a la separación. Ni mucho menos los catalanes merecemos que nos engloben en el mismo saco que los grupúsculos de Carod- Rovira o el supuesto centrismo de Convergència i Unió. Tampoco que se hable de Madrid como si fueran los madrileños los únicos que gobiernan. Me gusta la capital, y allí cualquiera puede tener cualquier identidad política, que será respetado, cosa que en Cataluña no ocurre. Madrid será mía siempre; Barcelona también es vuestra. Pere Oriol. Barcelona. Laporta, en calzoncillos Terminal C del aeropuerto del Prat, sábado 9 de julio, 15.15 horas. Europa todavía vive conmocionada por la masacre de Londres. Como en todos los grandes aeropuertos europeos, el barcelonés del Prat funciona con alerta máxima: más sensibilidad en los detectores de metales, más personal de vigilancia, evidente o camuflado, estricto cumplimiento de los protocolos de seguridad. Con todo, como cualquier sábado a primera hora de la tarde, el aeropuerto sestea: menos vuelos que en los días de cada día, menos pasajeros, más tranquilidad. Pasar los controles de seguridad policía lleva apenas un par de minutos. Joan Laporta, el trionfant presidente del F. C. Barcelona, rodeado de media docena de escoltas y colaboradores, pasa el detector de metales con el descuido rutinario de quien ha cumplido el trámite en muchas ocasiones. El arco pita. Laporta, contrariado por el descuido, vuelve atrás y saca de los bolsillos algunas llaves y monedas. El segundo intento acaba también en pitido de alarma. En el tercero, ya sin reloj y sin bolígrafos, vuelve a sonar el timbre impertinente. Joan Laporta pierde definitivamente los nervios. Esas mierdas de aparatos no saben quién es él. Empieza a gritar y a proferir insultos hacia el personal de seguridad: ¡Cabrones, siempre me hacéis lo mismo! ¡Me tenéis hasta los cojones! ¡Si queréis que me quede en pelotas lo vais a conseguir! Entre gritos e imprecaciones, el presidente del F. C. Barcelona se saca los zapatos y los tira por el aire, más allá del arco de seguridad; antes de que los desconcertados escoltas puedan impedirlo, se desabrocha el cinturón, se saca los pantalones y los mete en una cesta para que pasen el detector de metales en los equipajes. Enfurecido y enrabietado, un personaje público en paños menores- -cutres calzoncillos slip de punto gris- -arma un lío. La gente que circula por allí no se lo puede creer. El desconcierto del público obliga al guardia civil a pedir el DNI a un personaje al que seguramente admira y en todo caso conoce muy bien. Nuevos gritos e insultos ponen en marcha el principio de autoridad. Señor Laporta, acompáñeme, por favor dice un guardia civil que prefiere aguantar las imprecaciones de personaje tan principal que vivir el oprobio de no reaccionar al verse insultado en público. El presidente del F. C. Barcelona y el guardia pasan un par de minutos al resguardo de las miradas de la gente, en el interior de una precaria caseta, habilitada para registros de urgencia. Joan Laporta sale con los pantalones en su sitio y la misma indignación con la que entró. El guardia, con la esperanza de que aquella pantomima de registro sirva para acabar con el incidente. Poco antes del incidente, en la pequeña cola de los que íbamos a pasar el control de seguridad, detrás de Laporta estaba un servidor. También conmocionado por la matanza de Londres y por la fiesta familiar del día anterior, al principio decidí no dar importancia al asunto: estamos todos nerviosos. A medida que aumentaban los decibelios, volaban los zapatos y empezaba el parcial strip tease, sin éxito traté de sumarme a los escoltas del presidente del F. C. Barcelona, que vanamente recomendaban calma a su jefe. Cuando Joan Laporta, adecuadamente vestido y calzado, se dirigía a la sala de espera de Business Clas de Iberia, le reproché: ¡Vaya ejemplo! ¡Vaya ejemplo de comportamiento cívico que nos ha brindado al común de la ciudadanía! El presidente del F. C. Barcelona no volvió la cabeza; pero cuando, a mi vez, entré en la sala Business, Joan Laporta se dirigió a mí desafiante: ¡Qué me miras! ¿Te he hecho algo? Articulé una respuesta quizás sin sentido: pues sí, ha faltado usted al buen gusto, a las normas de educación y convivencia más elementales Progresivamente alterado me espetó: ¿Qué pasa? ¿Te has excitado? En aquel momento los acompañantes del presidente del F. C. Barcelona consiguieron que Joan Laporta se callara antes de que continuara explicitando su homofobia. José M García- Hoz. Madrid. A Con alevosía y nocturnidad En 1927 se construyó en Bilbao un precioso monumento dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, ubicado en la plaza del mismo nombre. A los pies de la citada estatua, en letras de bronce se leía: Reinaré en España Hace meses se cubrió con una lona para reacondicionarlo cuando, ciertamente, estaba en perfectas condiciones. Recientemente se ha descubierto para mostrarnos la figura de Jesús de color dorado (en vez del bronce viejo anterior, que era más elegante) pero la sorpresa es que han quitado la frase Reinaré en España Un acto tan vil y cobarde sólo ha podido ser realizado por los responsables municipales nacionalistas, ya que nadie tiene conocimiento de que esta decisión se haya tratado oficialmente en el Ayun- tamiento. Por otra parte, se han atrevido a borrar la palabra de Dios, la cual pronunció en una aparición a la santa María de Goreti. La gran mayoría del pueblo vasco es católico, y lo que espero y deseo es que actuaciones como ésta les pasen factura a los nacionalistas, que se consideran muy católicos a pesar de estas demostraciones. Desgraciadamente, borrar todo lo que huela a España es algo a lo que ya nos tienen muy acostumbrados. Ahora, amparándose en la rehabilitación del monumento, han llevado a cabo esta acción con nocturnidad y alevosía. A. V. Puente. Bilbao.