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ABC LUNES 11 7 2005 Opinión 7 sus limitaciones. La cooperación franco- alemana seguirá siendo muy estrecha, sean cuales sean los líderes respectivos en el futuro, porque es una consecuencia de la historia del siglo XX. Pero el nuevo liderazgo de la Unión no puede basarse en núcleos exclusivistas. En estos momentos se discute con intensidad sobre la necesidad de articular cooperaciones más estrechas en determinadas áreas entre grupos de países, a la manera como el llamado G- 6 ha reunido recientemente a los ministros del Interior y establecido bases comunes de actuación entre los seis mayores países de la Unión. Es evidente que estas cooperaciones reforzadas deberán estar abiertas a los otros miembros de la Unión y que harían un mal servicio si acabaran convirtiéndose en estructuras paralelas, alejadas de las instituciones comunitarias, y en primer término de la Comisión Europea. Si a la Comisión no se le preserva su papel de motor central de la integración y de guardiana del conjunto de normas comunes, la integración se diluirá. Si algo ha demostrado la historia de estos últimos cincuenta años, es que sólo gracias a la existencia y a la activa contribución de instituciones comunes- -en particular, la Comisión Europea- -los Estados miembros son capaces de superar las posiciones exclusivamente nacionales y llegar a fraguar consensos y decisiones compartidas. Por ello, no basta, aunque sea condición absolutamente necesaria, con la perspectiva económica del mercado interior y las políticas de competitividad. LA ESPUMA DE LOS DÍAS EMPECINADOS Y OPTIMISTAS U ÁNGEL CÓRDOBA en el origen de la actual ruptura del consenso europeo. Volver a estar de acuerdo en que europeísmo y atlantismo son las dos caras de una misma moneda- -esto es, compartir la convicción de que un vínculo estrecho con los Estados Unidos forma parte de los valores comunes europeos y es garantía de una Europa unida y fuerte- -es una de las condiciones necesarias para la salida de la actual situación. Por tanto, la música de las propuestas de Blair apunta en la dirección correcta. Pero ¿basta con ello? ¿acaso no hace falta un liderazgo compartido? Ciertamente, el famoso eje franco- alemán ha mostrado Es preciso facilitar a la Comisión que haga su trabajo y es urgente volver a coincidir en las bases comunes de la cooperación europea. El tándem Chirac- Schröder ha alcanzado niveles álgidos de obsolescencia; dentro de la Unión Europea, y como se anuncia, también en sus propios países. Una vez superados los últimos obstáculos jurídicos, es previsible que las elecciones alemanas tengan lugar el próximo 18 de septiembre y que la nueva canciller alemana sea la presidenta de la CDU, Angela Merkel. Merkel supone básicamente una línea de continuidad con las firmes convicciones europeístas y atlantistas de Konrad Adenauer y Helmut Kohl, frente al zigzagueo y la utilización muchas veces oportunista de Bruselas por parte de Schröder. La elección de Merkel introducirá claridad en las brumas europeas. Lo mismo sucedería si en las elecciones presidenciales francesas de 2007 triunfara Nicholas Sarkozy, con unos planteamientos muy similares a los de la CDU alemana, y ambos con buena sintonía con Blair. Es tiempo para un nuevo liderazgo en los principales países de la Unión. PALABRAS CRUZADAS ¿Es el príncipe Alberto de Mónaco un referente olímpico? NO, PORQUE ES PADRE no ser que consideremos olímpico el lanzamiento de dardo, a Alberto de Mónaco no se le aprecia otra destreza en lo deportivo. Con el dardo, hay que reconocérselo, es tan certero como uno de sus croupier con la bolita: a la delegación española le acertó el otro día en la diana. Tampoco da la impresión el príncipe Alberto de que las indumentarias propias del deporte le vayan a sentar ni la mitad de bien que esas chaquetas cruzadas con botones vistosos que lleva a las fiestas. Por estas dos razones, y porque ha sido padre (no hay nada menos olímpico que un padre somnoliento y despeinado, en batín y pantuflas, cambiándole el pañal al heredero) no deberíamos conOTI R. siderar bajo ningún concepto a AlberMARCHANTE to de Mónaco como un referente olímpico. Lo que ocurre es que de Alberto de Mónaco se ha dicho siempre cualquier cosa, por infundada que fuera, rumores absurdos, como que baila bien la salsa o que es gay. Ahora, que tiene una gran responsabilidad sobre sus hombros, tanta como Robert de Niro en Casino o más, es el momento de tomarse en serio a Alberto de Mónaco y no dar por buena la primera mentira que nos cuenten de él. Digan lo que digan, Alberto de Mónaco ni es un referente olímpico ni lo parece. SÍ, PORQUE ES UN PRÍNCIPE OMO a Ruano le pasaba con el arte, a mí también me molesta profundamente hablar de olimpismo sin ser de la Brigada Anticorrupción, pero estoy viendo que de estas cosas, como de muchas otras, vamos a tener que empezar a hablar los profanos. De entrada, no me puede caer mal un hermano de Carolina: Mónaco es su solar, y su señorío, un casino que, aunque menos serio que el de Scorsese, explica la bordura de aspas de su escudo. Me entero por Parada de que el Principado no ha suscrito el Protocolo de Kioto; esto indica que su príncipe es más listo que, por ejemplo, Isabel Tocino, que metió a España en esa merienda de hippies. Tampoco conocemos la opinión de Alberto sobre la Declaración del Milenio o la Alianza de CivilizacioIGNACIO RUIZ nes, pues esperará, el hombre, a leer las hiQUINTANO pótesis de Goytisolo y Genma Martín sobre la movida de la insurgencia iraquí en Londres. Sin embargo, ha molestado sobremanera que en Singapur el príncipe monegasco preguntara a Zapatero por la seguridad de La Peineta, aprovechando que la insurgencia vasca venía de exhibirse allí con un alarde de magnesio. ¿Qué podía hacer Alberto? Estaban en Singapur para competir, no para zerolear y hay que decir que Alberto, siendo más listo que Tocino, es infinitamente más inteligente que Zapatero, cuya presidencia empieza a parecer fruto de un mar de injusticia universal Zapatero vive en Babia; Alberto, en el Olimpo. A C ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate NA de las características de las democracias no asentadas del todo en la conciencia del ciudadanos es la dualidad que impregna y enfrenta a la sociedad civil. Entonces habrá poco espacio para la cintura política, escaso debate de ideas y pobreza intelectual. Y una obcecada y peligrosa impermeabilidad en los dos bandos. En la España actual, gracias a la creciente incertidumbre por el modelo de Estado, hay quienes creen que el país está al borde de la balcanización. Lo confiesan en privado y lo divulgan en público. Esa postura, excesivamente catastrofista, choca de frente con la idea integracionista en la pluralidad mantenida por J. J. ARMAS el Gobierno, el partido MARCELO mayoritario que lo sustenta y muchos de los pequeños partidos que convienen en apoyarlo en territorios autonómicos e instituciones municipales. Son ganas de excederse, porque el catastrofismo político que vive la oposición está terminando por dominar su propia manera de ser y estar, hasta llevárselo al abismo de un tortuoso laberinto. Tal vez las voces disidentes, ahora más frecuentes y atrevidas (aunque al final pidan mil excusas) se alzan contra la obsesión del apocalipsis inmediato. En el bando gubernativo, por el contrario, el rumbo pasional dominante es el del viento en popa a toda vela. En esa marea se sueña con que los problemas pierden gravedad si no se les ataca de frente sino de costado, hasta el punto de creer que se pudren solos si no se les presta demasiada atención. Para el catastrofismo, la Constitución española hace tiempo que hace aguas por las artimañas de quienes quieren romper una nación histórica a costa de supuestas nacionalidades históricas, cuyo cuaderno de bitácora llueve y no se moja como los demás. Y para los integrados, que nunca llegan al lujo de dudar de la lealtad constitucional de algunos de sus socios, nada hay más allá de la Constitución, aunque inmediatamente afirmen que pueden cambiarse el espíritu y la letra de la Carta Magna previo consenso de las mayorías: el pueblo lo quiere y todos nosotros también. El ciudadano medio, aquejado de urgencias cotidianas y de tareas rutinarias, respira perplejo, y hasta irritado, observando con escepticismo el tapete en que integrados y apocalípticos echan las cartas del rompecabezas. Por ahí le entra el agua al coco, porque el catastrofista mantiene empecinado que es imposible encajar piezas cuya voluntad estriba precisamente en no encajar en nada. Entre los integrados, cabalga la idea de un arreglo pacífico a medio plazo que impida la balcanización: dentro de la Constitución, todo; fuera de la Constitución, nada. Aunque resulte difícil ponerles cascabel a los gatos. Sobre todo si los gatos no quieren ver ningún cascabel colgando de su cuello. Y ahí seguimos, entre empecinados y optimistas.