Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
94 DOMINGO 10 7 2005 ABC Economía Miguel Castillejo se volcará a partir de ahora con la fundación de la entidad VALERIO MERINO MIGUEL CASTILLEJO Ex presidente de Cajasur Es muy duro irme de Cajasur, no creí que me dolería tanto Tras 28 años en la presidencia, la gestión de Castillejo ha convertido la entidad en la segunda caja de ahorros de Andalucía. Contrario al proyecto Banco de Cajas, es partidario de colaboraciones concretas POR T. CÁRDENAS -Después de 32 años en la Caja y 28 de presidente, ha llegado la hora de la despedida. ¿Hubiera deseado irse así? -Siempre he dicho que mi objetivo en Cajasur era defender el Patronato eclesiástico de la Iglesia que, por razones concordatarias, tiene que seguir existiendo en esta institución. Ésa ha sido mi misión. A partir de ese presupuesto, mi compromiso ha sido seguir al pie del cañón mientras Dios me diera fuerzas hasta conseguir la garantía total para la Iglesia. Y siempre me mostré partidario de hacerlo por la vía de un pacto y de un acuerdo. ¿Se va en definitiva sólo porque la Iglesia se lo pide? -La Iglesia me lo pide; ella me puso aquí y me entregó este legado y yo se lo entrego multiplicado, igual que la parábola de los talentos. ¿Pensó alguna vez que Cajasur se convertiría en la segunda entidad financiera de Andalucía cuando asumió el mando? -No lo pensé en mi vida. Además, nunca me planteé ni siquiera ser canónigo. Cuando me incorporé a la caja, los compañeros del Patronato eran muy mayores y el obispo Cirarda me eligió porque consideró que, por mi preparación universitaria en asuntos sociales y económicos, tendría una sensibilidad especial con esta institución. Lo acepté gustoso. En marzo del 77 me nombraron presidente y me encontré con la responsabilidad más difícil, las relaciones con las instituciones públicas tutelares del negocio: Banco de España, Ministerio de Economía... Todo este calvario me tocó desde el principio. -Pero es evidente que ese trabajo y ese calvario han sido rentables y al final han dado frutos, aunque parece como si usted mismo se sorprendiera... -Sí, estoy sorprendido porque mi vocación era parroquial y mi ilusión siempre fue la vida pastoral, y la vida universitaria y docente. ¿Cree usted que el mapa financiero actual de Córdoba hubiera sido distinto si Cajasur no se hubiera fusionado con la caja provincial? -Evidentemente, la fusión con la caja provincial ayudó mucho al despegue y desenvolvimiento de esta institución, pero tampoco lo podemos magnificar. No olvidemos que de tres partes dos eran de Cajasur, y una de la caja provincial, que tenía ventajas, pero también contras. Lo más positivo de aquella fusión por absorción fue una buena cartera de clientes, y la ilusión del pueblo cordobés de que aquel esfuerzo autóctono en torno a la caja provincial permaneciera y no saliera de la ciudad. ¿Cree que los últimos acontecimientos rompen el espíritu que alimentó aquel movimiento de masas que tomó la calle en defensa de Cajasur? -Al contrario. Estos acuerdos, que se han iniciado por mi deseo, han buscado el consenso, nunca el disenso. Lo he demostrado en estos 32 años, porque de lo contrario no hubiera sido posible mantenerse tanto tiempo. Al frente del consejo y de la asamblea había representantes de todos los grupos políticos y, al margen de ese paréntesis de unos cinco o seis meses de cierta oposición por parte de un grupo minúsculo, a lo largo de estos 32 años ha existido una perfecta sintonía con todos. ¿Aquel PSOE fue muy distinto al de ahora? -No podemos identificar el problema en una persona o un partido. Tengo noticias muy fidedignas de que quien promovió todo aquel disenso del otoño de 2002 y primavera de 2003 no provino precisamente de Sevilla. De Sevilla vino lo que de Córdoba fue. Lo cierto es que hubo un grupo de disidentes contra los intereses de la Iglesia. ¿Ha tenido momentos de tensión con monseñor Asenjo? -Momentos difíciles, sí; de tensión, no. Al comienzo de las negociaciones, intervine directamente con él, informándole de todo. Hubo un proceso preparatorio en el que también participó el cardenal de Sevilla, dentro de un clima de enorme simpatía en torno al proyecto. A lo largo de esos siete meses, hubo momentos de disensos que había que enmendar porque colisionaban no con mi persona, sino con los grupos múltiples que hoy componen el consejo de administración. Ha sido un proceso muy difícil y quizá yo era el único que lo podía hacer. Si se hubiera tratado de otra persona, tal vez los acuerdos del señor obispo no hubieran prosperado. -Entonces, ¿se puede decir que al final se han limado esos flecos que usted no veía claros al principio de los acuerdos? -En general, sí. Ahora, queda un proceso electoral que, gracias a Dios, no me va a tocar porque le pedí al señor obispo que me liberara de ese cáliz. -Después de 32 años, ¿podrá vivir sin Cajasur? -La voy a echar mucho de menos. No creí que me dolería tanto separarme de la Caja. A medida que se acerca más