Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
72 Los domingos DOMINGO 10 7 2005 ABC EL PERFIL DE LA SEMANA BOB GELDOF Músico y promotor de grandes conciertos solidarios EN LA ACERA ESCRIBÍ TU NOMBRE FERNANDO IWASAKI Fue profesor de inglés en Albacete. Y el organizador, en 1985, de Live Aid, una llamada de atención sobre el hambre. Esta semana ha vuelto, con los conciertos Live 8 El agitador global POR JOSÉ MANUEL COSTA OPCIONESMORALES YSOCIALES C uién es Bob Geldof? ¿Qué hace allí subido un tipo de mediana edad con aspecto de clochard gruñón y discursos de palabras masticadas? ¿Qué méritos tiene para pasar de profesor de inglés en Albacete a líder y promotor de eventos mundiales? Al fin y al cabo, ya se sabe que Bono es el afónico cantante de U 2, pero ¿este Geldof? La clave para entender a este hombre se encuentra en su niñez. Una niñez extrema, palabra que el mismo Geldof utiliza con generosidad para hablar de su vida. Nacido el 5 de octubre de 1954 en Dublín, su madre murió cuando él tenía seis años. Su padre era un viajante, de manera que el niño hubo de ocuparse de sí mismo. Pasaba ampliamente del colegio, pero por las tardes se dedicaba a ayudar a un grupo que cuidaba de pobres y prostitutas, algo muy práctico, nada religioso según recuerda. A los diez años la criatura ya estaba luchando contra el apartheid No es que en Dublín hubiera mucho de eso, pero Bob tenía ese tipo de sensibilidad a la injusticia marcado en sus genes. Tras mudarse a Londres, vivir a cielo raso, participar en okupaciones y en todo tipo de movimientos reivindicativos (mientras aprendía lo que eran las drogas) Geldof se encontró con 19 años hecho un trapo. Y decidió alejarse de la capital británica para aclararse un poco. Ahí comenzó su aventura albaceteña, la que le condujo a primeros de los 70 a dar clases de inglés a un almirante o vicealmirante de Cartagena, al jefe del departamento de Historia de la universidad, o al director de un banco... Aunque bebiera vino de la botella con paja, su año español le vino bien y lo calmó. De allí regresó a Londres y luego viajó a Canadá como crítico musical, madurando una carrera en el rock, única salida de la necesidad para un proletario irlandés ineducado (aunque bastante leído) Dicho y hecho. Aunque ya algo talludito para el género, el grupo que apadrinaba y del que enseguida se transformó en cantante, los Boomtown Rats, saltó a la fama sobre los hombros del punk. Su único gran éxito fue una canción de verdad impresionante: I Don t Like Mondays Pero Geldof no era un chaval airado dispuesto a escupir al mundo, sino un joven ¿Q ya muy baqueteado y con mucha experiencia en la vida. Mondays fue clave para abrirle las puertas del olimpo espectacular (por ejemplo, figurar como protagonista en la película The Wall de Alan Parker, 1982) y Geldof, infinitamente más avispado que la mayor parte de sus colegas músicos, centralizó casi de inmediato las acciones reivindicativas y solidarias por las que recordamos los años 80. En 1985 montó el Live Aid, una primera llamada de atención sobre los problemas de hambre en el Tercer Mundo. A partir de ahí, Geldof ya no es un músico, sino un agitador global que, eso sí, cae bien y mal con parecida intensidad. Por ejemplo, la historia de su separación de Paula Yates y la muerte tanto de ella como de su nuevo amor, Michael Hutchence (INXS) con peleas por los hijos de por medio, tampoco arrojó una luz unívoca sobre su persona. Como la querella de sus ex compañeros por dineros retenidos... El problema de Geldof es que parece demasiado pagado de sí mismo y de su extrema capacidad. Posee todo tipo de condecoraciones, desde la Legión de Honor francesa hasta las más altas órdenes de países africanos, pasando por la Orden del Imperio Británico, que él aceptó a pesar de ser un republicano irlandés. Pasa de ello con desdén, pero no parece entender que a mucha gente, más aún a sus compatriotas, les moleste la sola mención de la palabra Imperio. Este aire de superioridad, de situarse por encima del bien y del mal, tiñe de desprecio una personalidad que debiera estar marcada por el cariño. Geldof tiene mala opinión de los políticos, de los empresarios, de los partidos, en realidad de todo aquel que no piensa como él. Hablando de los sectores que protestan violentamente en las cumbres de Génova o ahora de Escocia, su expresión de condena no tuvo que ver con ningún pacifismo a lo Ghandi, sino con que son un estúpido hatajo de perdedores ¿Perdedores? ¿Ganadores? ¿Es esa una división social a su gusto? Para alguien que protagoniza la caridad, parece un poco despiadado. uando la oposición ha impugnado el uso oficialista de los conceptos de nación y matrimonio el Gobierno ha respondido que no desea que las grandes discusiones nacionales desciendan a niveles semánticos. Las palabras no interesan ha sentenciado filológico el presidente del Gobierno, como si diera lo mismo hablar de crímenes pasionales o malos tratos, y como si diera igual llamar a los etarras revolucionarios en lugar de terroristas. Desde hace unos años, la semántica ha sido una de las grandes preocupaciones de la izquierda española, pues ha puesto en circulación términos como minusvalía homosexuales o subsaharianos para desterrar otras voces denigrantes o sólo políticamente incorrectas. Entonces las palabras sí importaban y de hecho siguen importando, porque cada vez que un miembro del Gobierno se propone pronunciar un discurso siempre se dirige a los españoles y a las españolas ¿Por qué hacen hincapié en los sustantivos femeninos si las palabras no importan? Desde Rousseau hasta Marx, algunas teorías sociales proponen que el hombre carece de libertad para elegir porque lo alienan o condicionan una serie de factores, y por eso me extraña que para el Gobierno español la sexualidad sí sea una opción y por lo tanto una elección libre e individual. Modestament, uno piensa que la heterosexualidad y la homosexualidad son estados naturales consustanciales a la condición humana, pero definirlos como consecuencia de una elección se me antoja retorcido. ¿Por qué un partido que duda de la libertad de elegir una religión no duda de la libertad de una opción sexual? Porque en el fondo consideran a la homosexualidad como una trasgresión. Lo razonable y lo liberal es que dos contribuyentes puedan unirse conyugalmente con independencia de su sexo; pero para que tal unión parezca progresista nos quieren hacer creer que lo que los ciudadanos eligen en realidad es su sexo, su opción sexual. No puedo estar de acuerdo. Uno elige a su pareja y a sus amigos. Uno decide si va a ser religioso o no. Uno escoge incluso entre el bien y el mal, entre la nobleza y la mezquindad, entre la generosidad y el egoísmo, entre la bondad y la crueldad; pero uno jamás elige dónde nacer, quiénes serán sus padres o cómo será su sexualidad. A lo largo de la vida el hombre tiene que tomar decisiones racionales y responsables que lo forman como ciudadano, como profesional y como ser humano, pero esas elecciones individuales nunca estarán condicionadas por la identidad sexual, porque no hay una manera heterosexual de estar en el mundo ni una manera homosexual de estar en el mundo. Algunas de las mejores personas que conozco son homosexuales y la condición de heterosexual no es ninguna garantía de humanidad ni honestidad. Por lo tanto, se puede ser homosexual y ser una rata, igual que se puede ser heterosexual y ser una alimaña. ¿Por qué? Porque uno mismo es quien elige ser una rata y una alimaña. En el Derecho penal existe una visión progresista, según la cual algunos criminales no son del todo responsables porque no han podido elegir entre el bien y el mal. ¿Por qué una opción moral tiene que ser menos consciente y responsable que la presunta opción sexual? www. fernandoiwasaki. com