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ABC DOMINGO 10 7 2005 Los domingos 71 ÉTICA Y PERIODISMO Una heroína problemática El caso de Judith Miller, la estelar reportera del New York Times encarcelada esta semana por negarse a testificar en una investigación criminal sobre sus fuentes confidenciales, pone en evidencia algunas de las crecientes miserias entre la profesión periodística en Estados Unidos Por PEDRO RODRÍGUEZ, CORRESPONSAL EN WASHINGTON FOTO AP a periodista Judith Miller, tras entregar a su marido sus joyas y despedirse de sus abogados, fue conducida este miércoles por una patrulla de marshals federales hasta el Centro de Detención de Alexandria, situado a las afueras de Washington. La estelar reportera del New York Times tuvo que dormir la primera noche en el suelo por falta de camas pero ya tiene asignada una celda sin barrotes en esa prisión de alta seguridad, con un diseño deliberadamente progre para aliviar las tensiones entre sus 450 internos. Ante la perspectiva de al menos cuatro meses entre rejas por negarse a testificar en una investigación criminal sobre sus fuentes confidenciales, el caso de Miller no es precisamente otra batalla judicial más sobre la libertad de prensa garantizada por la primera enmienda de la Constitución de Estados Unidos. Este pulso con resonancia internacional ha servido para poner en evidencia algunas de las crecientes miserias entre la profesión periodística, sus envidias, la crisis de credibilidad que se arrastra desde la invasión de Irak y la deprimente megalomanía de ciertos reporteros que tienden a creerse siempre mucho más importantes que las historias que cubren. Esta Pulizter de 57 años tiene un perfil tan alto como polémico en las filas del periodismo estadounidense. El principal reproche contra Miller es que fue la autora de una serie de informaciones publicadas por el New York Times durante los prolegómenos de la guerra contra Irak reiterando los esfuerzos de Sadam Husein por ampliar sus atribuidas armas de destrucción masiva. Noticias con eco mundial, utilizadas por la propia Administración Bush en sus argumentos a favor del uso de la fuerza y que pudieron tener un interesado origen en exiliadosiraquíes de muy cuestionable reputación, como Ahmad Chalabi. Por el trabajo de Judith Miller, entre otros, el New York Times publicó en mayo del 2004 un excepcional mea culpa Esa nota editorial sin precedentes rechazó establecer culpas individuales en la redacción, pero reconoció graves problemas en al menos una docena de historias sobre armas no convencionales, diez de las cuales fueron firmadas por Miller, cuyo nombre dejó de aparecer temporalmente en el diario. Desde entonces, los múltiples L Esta Pulizter de 57 años tiene un perfil tan alto como polémico en las filas del periodismo de EE. UU. y sus propios colegas cuestionan los verdaderos motivos de su entrada en la cárcel La periodista del New York Times, Judith Miller, a su llegada al Tribunal Federal de Washington el miércoles perfiles sobre Miller publicados por diversos medios coinciden en que Judith, especializada en Oriente Medio y armas no convencionales, no es la figura más popular entre sus compañeros de trabajo. Durante la invasión de Irak, Miller fue la única enviada especial empotrada en la selecta unidad militar encargada de buscar las supuestas armas de destrucción masiva atribuidas a Sadam Husein. El Washington Post citando el testimonio de varios oficiales militares, informó de que la periodista actuó indebidamente como intermediaria entre la unidad conocida como MET Alpha y fuentes iraquíes como Chalabi, colándose en diversas acciones- -como interrogatorios- -donde no debería haber estado presente, además de amenazar con escribir historias críticas si se ordenaba una retirada de MET Alpha y de intimidar a los responsables de la unidad citando sus conexiones con la cúpula civil del Departamento de Defensa. intente situarse por encima de la ley, cuando el Tribunal Supremo ha rechazado sus apelaciones. Frank Sesno, corresponsal especial de la CNN, señala que la profesión en Estados Unidos no se encuentra ante una segunda parte del caso de los papeles del Pentágono, el descarrilado intento de censura gubernamental intentado por la Administración Nixon. Según Sesno, este caso no es uno por el que un periodista debe arriesgarlo todo Otros comentarios, anónimos pero mucho más duros, han insistido en que el verdadero legado de Judith Miller es haberse prestado a una de las mayores campañas de intoxicación informativa en tiempos modernos y todo lo demás es un desesperado intento de rehabilitación. Por el momento, el New York Times respalda cien por cien a su empleada desde 1977, ahora convertida en noticia de portada. Sospechas profesionales No faltan periodistas en Washington que consideren la encarcelación de Miller como un martirio buscado deliberadamente para expiar y relegar a un segundo plano su problemática cobertura iraquí. Sobre todo, cuando la supuesta fuente gubernamental investigada por exponer delictivamente la identidad de una agente de la CIA ya ha dispensado de sus obligaciones de confidencialidad al otro periodista con riesgo de ir a la cárcel en este caso, Mathew Cooper, de Time Profesionales como Col Allan o Frank Sesno han cuestionado, incluso desde las páginas del New York Times el predicamento de Judith Miller. Allan, redactor jefe del New York Post ha indicado que le resulta incomprensible que Miller