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ABC DOMINGO 10 7 2005 Los domingos 69 Cuatro padres y una Misión Cualquier comercio en la calle de la Marina de El Aaiún era bueno para enderezar los pasos de este corresponsal hacia la Misión Católica, propiedad del estado español. ¿Por favor, la iglesia? En esto que el señor que está siendo atendido por el dependiente se da la vuelta mientras dice: Yo soy el cura. ¿Qué quiere? Pues yo soy el corresponsal del periódico que usted está pagando fue la respuesta al hombre de la camisa negra y pantalón gris que llevaba el ABC debajo del brazo. Fue el propio padre Acacio Valbuena, de León, el que guió al periodista despistado hasta las dependencias de la Misión, donde presentó a los otros tres sacerdotes que integran el equipo Rafael Álvarez, también de León; y los jóvenes Mario León, éste de Madrid, y Sebastián Luszczki, de Polonia. Ya no quedan tantos templos como en la época de la colonia, hasta 1975, pero los dos que quedan abiertos- -El Aaiún y Dajla- -merecen la atención de los cuatro. De hecho, como explica Valbuena, es muy normal que se celebre misa a diario sin ningún feligrés presente, sobre todo en la capital que es donde residen habitualmente. Las más concurridas, si se puede decir así, son las del sábado y el domingo y entre los asistentes hay algunos cristianos iraquíes de la misión de la ONU en el Sahara. A la de Dajla- -la antigua Villa Cisneros española- -vamos alguno de nosotros una vez al mes durante siete u ocho días añade. La iglesia de El Aaiún, pasados tiempos mejores, se hace grande para no contar con apenas asistentes a las celebraciones. Una nave, blanca blanquísima, con un fresco de un Cristo sin una advocación definida que, al parecer, ejecutó un militar en los años sesenta y que recientemente ha restaurado un musulmán local. La última incorporación ha sido un tapiz de la Virgen también ejecutado por una seguidora de Alá. La relación con los musulmanes es cordial, tanto con la población autóctona saharaui como con los marroquíes del norte como se refiere el padre Álvarez a los que llegaron con la ocupación, aunque sienten que siguen inspirando más confianza a los primeros. Tanto él como Valbuena reconocen que la ciudad ha cambiado desde que algunos de aquellos musulmanes tuvieron como primera escuela las dependencia de la Misión, sin que eso signifique ir más allá en el campo religioso. En el mundo árabe no se hace apostolado y se les deja con su fe comentan. Suele ser gente tremendamente religiosa, lo que no hay que confundir con que sean fanáticos Aquel Aaiún queda lejos, los que lo conocieron lo describen totalmente distinto en cuerpo y alma al actual Dajla, la antigua Villa Cisneros española, también son importantes los bienes que mantiene el Estado español. Son muchos menos en Esmara y La Güera. Sorprende ver cómo en el Libro de Familia de ambos, con sello del consulado de Rabat, aparece: pueblo El Aaiún, provincia de Marruecos. Y es que Olga, nacida en 1950 y uno de los escasísimos ciudadanos españoles que se quedaron- parece que no llegan a una decena- se queja amargamente de lo caro que le ha salido su matrimonio con un hombre que, aunque tiene papeles marroquíes después de la ocupación, consideran que debería ser tratado como español por sus vínculos y porque llegó a tener carné de identidad español. Lo peor- -explica la mujer- -es obtener visado para él las pocas ocasiones en las que conseguimos ahorrar lo suficiente para ir a España dice refiriéndose a lo farragoso del proceso en el consulado de Agadir o Rabat, a ocho o nueve horas por carretera. conder su indignación hacia el Gobierno español, que se lava las manos y nos tiene abandonados El matrimonio ha pensado alguna vez en trasladarse de manera definitiva a España, pero allí, dicen, se encontrarían sin casa, sin trabajo y sin recursos. Con este panorama no es difícil imaginar que Olga y Ali estén en la lista de morosos del Estado por no hacer frente al pago de su alquiler. Ali firmó un contrato indefinido con Peláez (el primer depositario tras la salida de España) por el que teníamos que pagar 1.750 pesetas al mes explica ella mientras muestra el documento original de 1977. Siempre pagábamos hasta que uno de los siguientes depositarios nos llevó a juicio por que nos negamos a pagar una subida del alquiler. Así hasta que llegó un día en que dejaron de venir a cobrar y ahora, como casi todos, no pagamos añade Olga. Amparo Lastagaray nos ha hecho llegar una carta para que nos pongamos al día en el alquiler, pero no disponemos de dinero Convertida al islam En una de esas casas del Estado viven desde 1977 la valenciana Francisca Pérez Martínez y Sidi Aliat el Bakari, su marido saharaui. Olga como es conocida en El Aaiún no se sabe bien porqué, llegó a principios de los setenta al territorio para ganarse la vida como vendedora de ropa que traía desde la Península. En estas tres décadas se ha convertido al Islam bajo el nombre de Fátima Sarah y es raro verla por la calle sin la tradicional meljfa saharaui, esa tela multicolor con la que se lían las mujeres desde la cabeza a los pies. Ali tiene ya casi olvidado su antiguo puesto de taxista en la época española y ahora apenas gana para vivir con lo que recibe como trabajador en una empresa de distribución de gas y gasóleo, 230 euros y con créditos encima Sentirse extranjero No tenemos donde caernos muertos y encima nos hacen sentir como extranjeros sentencia sin es-