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68 Los domingos DOMINGO 10 7 2005 ABC NUEVOS TIEMPOS El Aaiún Treinta años después Nostalgia, supervivencia y ocupación de la capital de la ex colonia española tres décadas más tarde de que dejease de ondear nuestra bandera TEXTO Y FOTO: LUIS DE VEGA, ENVIADO ESPECIAL ilar Roldán abre los ojos, sonríe y da una vuelta sobre sí mientras abre los brazos haciendo que baila. Aquí es donde cada sábado se celebraban los bailes. Ahí estaba la barra y por aquí correteábamos. Cuando llegaban las patronas como la Inmaculada o la Virgen de Loreto, la fiesta se hacía en el salón de abajo, con orquesta y todo Esta mujer, menuda y rubia, ha regresado esta semana a El Aaiún, capital del Sahara Occidental, después de casi treinta años. Junto a ella no pierde detalle su hija, también Pilar, de 15 años. Toda madre siempre ha enseñado a sus hijos con ilusión dónde pasó la infancia y se crió. Yo, aunque le he hablado a ella mucho de todo esto, no he podido hacerlo hasta ahora comenta en la antigua sede del Centro Cultural de los Ejércitos, adonde acudía con frecuencia en compañía de su familia cuando su padre sirvió de militar en el Sahara. Pilar muestra a su hija en un despacho del centro cultural un gran mapa de los considerados oficiales por Marruecos en el que no sólo aparece incluido el Sahara Occidental, sino también el archipiélago canario. Ese cuadro es el símbolo de tres décadas de ocupación con el añadido de la aparentemente poco inquietante propina de las islas. El vacío hace rebotar su voz en las descomunales instancias, solitarias y en desuso desde que España dejó el territorio en 1975. Fue muy duro, pues aquí pasé mi niñez y mi juventud. Me fui llorando y ahora siento mucha nostalgia relata Pilar que, nacida en Las Palmas, llegó con tres años a El Aaiún, en 1959. Asomada al ventanal del piso de arriba del Centro Cultural señala la que durante década y media fue su casa, en la antigua calle Coronel Mu- P lero, ahora ocupada por un militar marroquí. Al otro lado del edificio, donde seencontraba la entradaprincipal, una avenida peatonalera el escenario en el que recuerda que cada tarde se celebraba la ceremonia en la que se arriaba la bandera. Hoy, transitada por coches, es la calle de las Fuerzas Armadas. Antes la ciudad era mucho más bonita, con los los edificios pintados de blanco Los últimos legionarios abandonaron El Aaiún a finales de diciembre de 1975. Dos meses después, con los marroquíes ocupando ya el territorio, la bandera española se arriaba de manera definitiva. La familia Roldán se había ido también. En la memoriade Pilar quedan amigascomo la saharaui África, con la que coincidió en la Sección Femenina y de la que nunca más ha vuelto a saber. Ni siquiera puedo buscarla porque no recuerdo su apellido Aquel Aaiún queda lejos. Los que lo conocieron lo describen totalmente distinto en cuerpo y alma al actual. Por fuera, el del 2005 aparece pintado de color rojizo por orden de las autoridades y mucho más crecido, que no desarrollado. En cuanto a su espíritu, dicen que se echa de menos la vidilla y el ritmo de entonces. Lo cierto es que la ciudad hoy no pasa de ser una aglomeración de casas y calles de dudoso gusto y bastante aburrida. Los planes para desarrollar el turismo en la zonachocan con la realidad de que no hay nada más que ofrecer que un paisaje desértico. La pintada Amo Marruecos preside unos billares en El Aaiún Las nuevas instalaciones Este es el lugar en el que ha aterrizado hace menos de un año Amparo Lastagaray, bilbaína de nacimiento y ciudadana de muchos sitios convertida en depositaria de los bienes del Estado español en el Sahara. La labor de mantener lo que aún queda bajo control es todo un reto. Entre esas posesiones de carácter público está la propia residencia de la depositaria, la Misión católica con su iglesia, el colegio de la Paz, el Centro Cultural, la residencia de transeúntes, la delegación gubernativa (hoy misión cultural donde se enseña español a adultos) o el Instituto de Enseñanza Media. Con el paso de los años la lista de inmuebles se ha acortado, pues algunos se han ido deteriorando y otros los han ido ocupando los marroquíes. Entre ellos, el antiguo cuartel de Artillería, hoy un centro de detención y tortura secreto llamado pisisimi por la población local en referencia a sus siglas PCCMI (Puesto de Comandancia de la Compañía Móvil de Intervención) Pero la lista de instalaciones de las que se ha adueñado Rabat en estas tres décadas es larga. Han ocupado también el edificio convertido hoy en la residencia del wali (gobernador) las antiguas instalaciones de lucha canaria que ahora es un gimnasio; la Residencia de Estudiantes que emplea el Ministerio de Enseñan- za marroquí; la capilla católica del barrio de Colomina que ha pasado a ser un centro coránico; el edificio del servicio de Construcciones en el que hoy hay un destacamento militar; el dispensario de la Cruz Roja ocupado por Sanidad; la biblioteca e imprenta donde está instalado el primer distrito de la Policía; una vivienda oficial que es habitada por un parlamentario o la capilla castrense y la sede de la Sección Femenina, de las que hace uso el Ministerio de Juventud y Deportes. En cuanto al hospital civil, hoy destruido al igual que el antiguo cementerio católico, se ha convertido en una plaza ajardinada. En los inmuebles privados hay que hablar de un centenar de viviendas, muchas de las cuales se las han ido pasando unas familias a otras mediante la venta de las llaves y cuyos inquilinos en contadísimos casos cumplen con el pago del alquiler. También hay locales comerciales y solares que en muchos casos también están ocupados por militares o policías. En