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64 Los domingos DOMINGO 10 7 2005 ABC GALLARDÓN, MÁS ALCALDE QUE NUNCA Desde el ayuntamiento quieren dar por olvidado aquel sangriento episodio que produjo tantos desgarros durante mucho tiempo. Así evitan que se les acuse de resentidos beligerantes Desde la comunidad, al otro lado de la trinchera, hay quien sostiene que las heridas están cerradas y hay un mejor clima porque sabemos que nos necesitamos y que las fricciones que existieron fueron sólo al principio se recate en rectificar, porque así lo entiende conveniente, a Ana Botella- -no sería extraño que la esposa de Aznar pudiera dejar su concejalía en diciembre, pronostica un colaborador del ex presidente- a Esperanza Aguirre y al propio Rajoy, y desbaratar la teoría popular que atribuye a la debilidad internacional de Zapatero la pérdida de la sede olímpica. Y estas apariciones estratégicas bajo la fórmula de expectantes ruedas de prensa causan la envidia en el Gobierno autonómico, ya que provoca la presencia de un centenar de periodistas. Ocurrió, por ejemplo, cuando tuvo que explicarse por sus ratos de sofá en La Moncloa y con los ministros más enfrentados a Aguirre. Volvió a mostrarse como alcalde de todos porque sabe que es una obligación que luego rentabiliza en las urnas. Joaquín Leguina, a quien sustituyó en la presidencia regional, se lo sabe muy bien. Lo hizo en la comunidad con decisiones que no gustaban en su partido por heterodoxas, pero que tenían el aplauso de sus rivales, y tiene la lección muy apredida Los albertólogos sostienen que el votante de centro- derecha no les puede abandonar porque hay demasiada distancia hasta la otra orilla y en cambio con algunas decisiones se atraen votos que de otra manera no vendrían Y añaden, no sin cierta dosis de petulancia, Interpretación de las sonrisas Y, claro, cuando las imágenes mostraron el miércoles en Singapur a Aguirre sonriendo tras el corte de Madrid en la Asamblea del COI, a algunos se les revolvió el estómago. ¡Por favor, nadie pensará que la presidenta se ríe de una desgracia así! se apresura a precisar un miembro del Gobierno autonómico. Pero ocurrió, y el detalle no pasó inadvertido para la oposición. No había más que ver en la fiesta a la gente de la comunidad y darse cuenta de que no les había sentado nada mal la eliminación señaló un concejal socialista madrileño. Gallardón no dedica ni un minuto a estas intrigas. Sabe que si hay necesidad de dar la batalla, para eso tiene a su equipo de colaboradores fieles donde los haya. Sólo aparece cuando son asuntos de Estado. Lo ha hecho, por ejemplo, esta misma semana, sin que El alcalde protagonizó con Esperanza Aguirre la famosa batalla de Madrid CHEMA BARROSO Con Aznar se lleva bien; con Rajoy es mutuo el reconocimiento político y personal (Viene de la página anterior) CHEMA BARROSO seos. Sabe el partido- -aunque a muchos les disgusta admitir la realidad palmaria- -que es el mejor valor político que tiene para evitar en 2007 la sorpresa del tándem Trinidad Jiménez- Pedro Zerolo en el escaparate de la capital de España. A Mariano Rajoy nunca le han asaltado las dudas. Muy al contrario, lo tuvo meridianamente claro desde el mismo instante en que asumió la presidencia popular. Tanto que, tras aquel Congreso nacional donde el alcalde, fiel a sus principios, abogó por la crítica interna que muchos entendieron como un ejercicio de flagelación, le incluyó en los maitines semanales de su núcleo duro ante más de una sorpresa que prefirió morderse la lengua. Y en este mutuo reconocimiento político y personal continúan, a pesar de que las aguas se enturbiaron demasiado cuando Rajoy no fue capaz de interceder- -tampoco se es- peraba mucho más- -en la batalla por Madrid entre Esperanza Aguirre y el alcalde. Aquellos meses fueron muy duros. Los albertistas no daban crédito a la pasividad del líder popular ante la insistente acometida de Aguirre por hacerse con los mandos del partido en Madrid, máxime cuando bajo el mandato del senador Pío García Escudero se habían conocido los motivos de mayor gloria electoral en toda la comunidad. Pero todavía hoy existe el convencimiento de que fue Ángel Acebes en realidad quien apretó el acelerador para que el relevo se produjera. Sabido es que el hoy número dos de Génova tiene toda su complicidad en su ex colaborador Ignacio González, mano derecha e izquierda de Aguirre, y, por lo tanto, alguien que jamás se iría de vacaciones con Gallardón; mucho menos con Manuel Cobo, a quien rompieron la cara política en su pugna dentro de la militancia madrileña. En el avión de regreso de Singapur, Gallardón departió con los periodistas