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ABC DOMINGO 10 7 2005 Internacional 39 ATENTADOS EN LONDRES ECOS EN ESTADOS UNIDOS La bola de cristal de Los Álamos La Inteligencia americana actúa con la mentalidad de un terrorista b Científicos de EE. UU. desarrollan sofisticados modelos informáticos para determinar la mejor respuesta ante grandes ofensivas terroristas como la de Londres PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. El Laboratorio Nacional de Los Álamos- -la histórica cuna del proyecto Manhattan, lanzado durante la Segunda Guerra Mundial para incorporar la fulminante bomba atómica al arsenal militar de Estados Unidos- -siempre ha estado en la frontera entre la ciencia y lo apocalíptico. Una tradición de pensar en lo impensable que comenzó en 1943, al norte de Nuevo México, pero que desde el 11- S se viene aplicando a anticipar la mejor respuesta posible ante las peores ofensivas terroristas imaginables. Un grupo de investigadores de este centro, regido por la Universidad de California, pero situado en la vanguardia de la seguridad nacional de Estados Unidos, se está dedicando a desarrollar sofisticados y masivos modelos informáticos para calcular las consecuencias de ofensivas terroristas, como la perpetrada el jueves en Londres. Estos modelos comprenden ciudades virtuales, habitadas por poblaciones digitales, con un tipo de vida similar al del mundo real. Todo un universo digital que, al igual que el analógico, depende de tendidos eléctricos, gaseoductos, conducciones de agua, transporte público, y, por supuesto, internet. Como ha explicado recientemente al Washington Post uno de estos científicos, tras construir estas realistas ciu- Bush pide una lucha global contra el terror WASHINGTON. El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, inmediatamente después de su regreso a Washington tras asistir a la cumbre del G- 8, acudió a la Embajada de Gran Bretaña para firmar en el libro de condolencias por los atentados del pasado jueves en Londres. Los británicos son inquebrantables y fuertes dijo Bush a los periodistas allí congregados, y una vez más, esa gran fuerza de carácter está quedando en evidencia añadió. El presidente insistió en su tesis de que el terrorismo global debe ser combatido por el mundo libre de manera también global y desligó la guerra de Irak de los ataques de Londres. Agentes de seguridad guardan la entrada del Centro Nacional de Los Álamos dades virtuales con toda clase de variables, intentamos actuar con la mentalidad de los terroristas más despiadados que podemos imaginar Un trabajo clasificado como secreto, pero que incluye escenarios tan inquietantes como el bloqueo del suministro eléctrico en la costa del Pacífico o la diseminación de agentes biológicos en una gran ciudad, con el objetivo de contagiar al mayor número de personas. AP Polémicas pero necesarias Estas simulaciones, parte de los esfuerzos del Departamento de Seguridad Interior para utilizar herramientas tecnológicas, sirven no sólo para determinar las consecuencias de un devastador ataque terrorista, sino también para formular planes de respuesta efectivos. Pero como buena parte de las me- didas de seguridad e iniciativas anti- terroristas adoptadas por el Gobierno de Estados Unidos desde el 11- S, estos experimentos provocan discusión y debate. Voces críticas reprochan su excesivo coste y cuestionable precisión. Con todo, los atentados perpetrados hace cuatro años contra el World Trade Center y el Pentágono sirvieron para poner en evidencia la compartida ignorancia sobre las debilidades e interdependencias de las redes de energía, agua, transporte y telecomunicaciones en Estados Unidos. Así, un atentado terrorista especialmente nefasto podría crear un efecto dominó, con una cascada de fallos difícilmente contenibles. Dentro de los esfuerzos para proteger infraestructura crítica, auspiciados por la Administración Bush, enca- ja perfectamente el trabajo realizado en Los Álamos. Además, las simulaciones de estos investigadores también son aplicadas a catástrofes naturales, como los huracanes. Desde el 11- S, Los Álamos también ha venido trabajando, con el respaldo del Departamento de Defensa, en el desarrollo de modelos virtuales que aspiran a simular complejas redes sociales, para explicar la implantación de grupos terroristas en el mundo islámico. Estas simulaciones han creado perfiles de agentes con características demográficas reales de Oriente Próximo. Colecciones de individuos virtuales, sometidos a multitud de variables y escenarios, en búsqueda de paramentos estadísticos para explicar, entre otras cuestiones, la propagación de redes como Al Qaida. PALABRAS QUE MATAN CLAUDE MONIQUET. Presidente del Centro Europeo de Inteligencia y Seguridad odos los observadores coinciden en señalar que los atentados que han golpeado Londres este 7 de julio no son una sorpresa. Nosotros mismos, en varios análisis colgados recientemente en nuestro sitio de internet, habíamos situado a Gran Bretaña en primera línea de los países europeos objetivo del terrorismo islámico. Los propios británicos no ignoraban la realidad de la amenaza. Desde hace tiempo, los responsables de sus servicios de seguridad declaraban que el problema no era saber si su país resultaría afectado, sino más bien cuándo y dónde Y sin embargo, incluso si las cosas comenzaron a cambiar un poco tras el 11- S, Londres- -a la que se empezaba a llamar irónicamente Londonistán -seguía siendo la capital mundial del islamismo militante e incluso armado. Fue en Londres donde decenas de organizaciones islamistas (algunas de las cuales están incluso prohibidas en T países tan poco sospechosos de islamofobia como Arabia Saudí) encontraron refugio. En nombre de la sacrosanta libertad de expresión, el gobierno dejaba vivir y prosperar a estos movimientos. Mezquitas como la de Finsbury Park se convertían en centros de reclutamiento mundial de todo lo que el planeta consideraba lo más extremista del movimiento islamista. Todo complot terrorista de cierta envergadura tenía, inevitablemente, en un momento u otro, ramificaciones en Londres. Ha sido en esta ciudad donde los islamistas pergeñaban y organizaban su propaganda, donde encontraban una parte de su financiación, donde reclutaban, donde organizaban sus atentados y anudaban sus relaciones internacionales, en el entorno del insoslayable Abu Qutada, representante casi oficial de Osama bin Laden y de Al Qaida en Europa. En ciertas mezquitas, Abu Qutada y otros, como el jeque Omar al- Bakri, predicaban abiertamente el yihad, el derribo de las instituciones democráticas, comprendidas las inglesas, y el asesinato de cristianos y judíos Sin que la Justicia británica se dejara oír, siendo la libertad de expresión un valor absoluto. Sin cuestionar las libertades ciudadanas, se puede también pensar que hay un trecho entre la libertad de palabra y de culto y la incitación al asesinato. La llamada al homicidio o a la guerra, llamar a la subversión de las instituciones democráticas y a su aniquilación, incitar al odio religioso, aplaudir las matanzas de civiles inocentes- -incluidos mujeres y niños- -no es expresar una opinión, es cometer un delito. La Justicia británica habría hecho bien en recordarlo. Porque, a fin de cuentas, lo que la tolerancia londinense ha cosechado ha sido muerte y desolación. Desde hace años, la Justicia rechazaba por ejemplo extraditar a Rachid Ramda, considerado por Francia como financiador y organizador de los atentados de París en el verano de 1995. Por un cruel guiño del destino, he aquí a Londres ahora pidiendo a sus aliados ayuda para atrapar a Mohamed Garbuzi, un marroquí que se ha beneficia- do durante casi veinte años del estatus de refugiado político en suelo británico. Está considerado como uno de os principales jefes del GICM marroquí y como uno de los cerebros de los atentados de Casablanca y Madrid. Rabat había reclamado por ello su extradición. En vano. Esté o no Garbuzi implicado en la tragedia del pasado jueves, hay una cosa cierta: los atentados no habrían podido ser realizados sin la asistencia de elementos que hayan vivido mucho tiempo en Gran Bretaña. En privado, la Policía criticaba a los jueces pero explicaba que su actitud tenía una consecuencia positiva: permitía observar a los extremistas, escucharles, seguirles y así obtener información util. Ahora sabemos, desdichadamente, lo que vale este argumento: toda la información recogida no ha permitido evitar la matanza. A partir de ahora deseamos que el drama del 7- J sirva al menos para recordar a los británicos y al resto de Europa que hay límites que no pueden ser traspasados. Frente a las llamadas al yihad y al odio, lo que debe aplicarse es la tolerancia cero. Porque hay palabras que matan. Y después de las palabras llegan siempre los actos.