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ABC DOMINGO 10 7 2005 Opinión 5 CARTA DEL DIRECTOR IGNACIO CAMACHO EL ESPÍRITU DE DUNKERKE Blair ha contado con la complicidad de un pueblo dispuesto a no dejarse quebrar. Nadie se ha confundido de enemigo, nadie ha roto el consenso del dolor. El espíritu de Dunkerke consiste en la conciencia de saberse una nación amenazada por los enemigos de la libertad. Las comparaciones son odiosas, pero a veces resultan inevitables ADIE ha roto en Gran Bretaña el silencioso consenso del dolor. Los muertos van surgiendo en un siniestro goteo de los túneles del anticuado metro de King s Cross sin que se alce voz alguna que recrimine al Gobierno el deliberado timing psicológico con el que ha preparado a la nación para una cifra- ¿cien? -de duro impacto moral. La opinión pública rumia la tragedia en medio del apagón informativo que ha ocultado los cadáveres de la vista de una nación sobrecogida. Por supuesto que existen dudas: sobre la prevención antiterrorista, sobre la participación en la guerra de Irak, sobre la férrea gestión gubernamental del atentado. Pero se expresan en voz baja, en el círculo quedo de las amistades y las familias, como si la proverbial educación británica temiese romper la obligación ética de la unidad y el cierre de filas en torno al Estado agredido en las personas de sus ciudadanos. N estalló el metro y voló por los aires un rojo autobús en plena calle. Y el premier mandó apagar las luces, ocultar los muertos, evitar declaraciones, y se puso él solo al frente de una crisis pavorosa como la que hace quince meses se llevó por delante a su amigo Aznar con todo su equipo. Son varios siglos de democracia los que subyacen bajo esta demostración ejemplar de civismo político. Los que hacen que Ken el Rojo el activísimo alcalde londinense que encabezó las marchas contra la guerra de Irak, se niegue a entrar en el juego demagógico y fácil de las descalificaciones retroactivas. Los que empujan a la oposición conservadora a una alineación sin fisuras con el Gobierno laborista de Tony Blair. Los que, en el asustado y conmovido ambiente moral de la nación inglesa, han rescatado del armario de la memoria un arsenal de firmeza colectiva que allí llaman el espíritu de Dunkerke Entre el 26 de mayo y el 4 de junio de 1940, Tony Gran Bretaña sufrió en las playas francesas de Dunkerke la más dura y peligrosa de sus derrotas militares. Miles de soldados quedaron para siempre tendidos en la costa mientrasotros tantos fueron reembarcados de manera ignominiosa dejando en tierra armas y pertrechos para mejor huir del devastador fuego de la Wehrmacht. La retirada dejó a Inglaterra a merced del empuje alemán, y provocó en las islas una sacudida de temor a la inminente invasión hitleriana. Fue entoncescuando Winston Churchill, elegido primer ministro apenas un mes antes, galvanizó a la nación con su célebre discurso del will never surrender, el mejormonumento dialéctico a la resistencia jamás pronunciado: Lucharemos en las calles, en las playas, en los campos, en las montañas. Jamás nos rendiremos No tenían nada con lo que oponerse al poderío devastador del ejército nazi, pero los ciudadanos creyeron ciegamente en el desafío. Ayudados por el heroísmo de los pilotos de la RAF y respaldados moralmente por un Rey que recorrió los túneles del metro- -precisamente del atacado metro londinense- -en que se apiñaba el vecindario bajo los bombardeos, los ingleses aguantaron la embestida. Y de algún modo marcaron el comienzo de una inflexión en la guerra que el mundo libre perdía a chorros frente al empuje totalitario. No pocos ciudadanos británicos han creído reconocer ese espíritu de rebeldía en las breves palabras que Blair pronunció el jueves en Gleneagles, horas después del atentado en el tube. No nos intimidarán, no nos aterrorizarán, no nos vencerán. No cambiaremos Todas las comparaciones son odiosas, pero a veces resultan por completo inevitables. La serenidad con que Gran Bretaña ha afrontado estacrisis hubiera sido imposiblesin la colaboración de una ciudadanía asentada sobre un largo sustrato de aprecio por la democracia. Probablemente, Blair aprendió de los días tristes del 11- M en España la conveniencia de no precipitarse en la atribución de responsabilidades y en la excesiva exposición ante la opinión pública. Pero ha contado con la complicidad y la anuencia de un pueblo dispuesto a no dejarse quebrar. A nadie se le ha ocurrido allí exigir que se cuenten los muertos sobre la marcha, ni pediral Gobiernoexplicaciones inmediatas sobre la investigación policial. Nadie ha recriminado aún al primer ministro- -quizá acaben haciéndolo, pero esperarán a que se remanse el shock para exigir responsabilidades- -los errores de la invasión de Irak. Nadie ha acosado las sedes del Partido Laborista. Nadie se atreve a establecer una relación de causa- efecto entre la posición de su Gobierno y el ataque criminal contra los ciudadanos. Nadie se ha confundido de enemigo. Los ciudadanos ingleses saben que, entre su Gobierno y los terroristas, no tienen otra elección que su Gobierno. El espíritu de Dunkerke consiste en la conBlair, tras los atentados de Londres, a su salida de la reunión del G- 8 POOL ciencia de saberse una nación amenazada. nuestraforma de vida Blair, quizá el único líder carisAmenazada por los enemigos de la libertad, no por los mático que sobrevive en esta triste Europa, no gozó ni errores de unos gobernantes elegidos por el procedisiquiera de un día de euforia tras su brillante éxito dimiento democrático. Y para eso, lo esencial es identifiplomático en la asamblea olímpica de Singapur, donde car al enemigo, y luego combatirlo. La democracia se- -con el concurso del impecable campeón Sebastian defiende combatiendo desde los tiempos liminales de Coe, capaz de articular un discurso de nobleza deportila Atenas de Pericles, que hubo de consolidar su liberva en la más pura tradición de Carros de fuego tad frente a la amenaza militar de las vecinas ciudadesarrollóla arrogancia de un Chirac que se había permitiestado. Ahora no hay ejércitos a los que enfrentarse, y do poco antes despreciar a su rival en el liderazgo europor ello es menester no confundirse de diagnóstico, peo con chulescas alusiones a las vacas locas y a la cociunatarea ingrata y difícil en la sociedad abierta. El enena de la campiña inglesa. migo de esta hora está fuera del sistema, en el fanatismo teocrático, pero también dentro, en la tentación de Pero los grandes líderes se miden en los grandes mola debilidad y en la falta de pedagogía democrática que mentos, y Blair se ha resucitado a sí mismo en unos nubla la conciencia de que la democracia, aunque sea meses vertiginosos. Primero ganó a contracorriente vulnerable, no tiene por qué ser débil. las elecciones, a base de dar la cara ante un pueblo con Preferisteis el deshonor a la guerra. Pues bien, tevencido de que la intervención en Irak fue un error. Sí, néis el deshonor y tendréis la guerra censuró Churquizá nos equivocamos, vino a decir una y otra vez, chill a los paladines de la política de apaciguamiento. pero ahora estamos allí y lo importante es preservar En estos días de triste memoria, conviene retener las nuestra seguridad y ayudar a nuestros aliados. Luego, enseñanzas de quienes ya pasaron por trances esencialcuando en la política londinense circulaba la especie mente similares a los que nos toca vivir. Enseñanzas de que iba a abdicar pronto en el más radical Gordon positivas y negativas. Porque hay comparaciones odioBrown, se alzó como una fiera sobre las ruinas de la sas- ¿qué habría ocurrido en España si, tres días desConstitución Europea y propuso un liderazgo alternapués del atentado, no se conociese el número de muertivo al decadente empeño chiraquiano. A continuatos ni se hubiese producido detención alguna? y difeción se llevó los Juegos de 2012 en una fulminante exhirencias más irritantes todavía. Como escribió el filósobición de carisma diplomático, y se plantó en la cumfo Derrida, la diferencia es la articulación del tiempo y bre del G- 8 a liderar la ayuda a la cooperación con la del espacio. El que pueda entender, que entienda. director abc. es hambruna africana. Y entonces, sin darle un respiro,