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ABC SÁBADO 9 7 2005 Espectáculos 61 Jorge Drexler: una noche entre amigos en el Conde Duque b Chispeante y redondo directo el que ofreció el jueves el cantautor uruguayo dentro del programa de Los Veranos de la Villa. El público se convirtió en protagonista PATRICIA G. MAHAMUD MADRID. Porque lo suyo es tomarle el pulso a la vida, tampoco el jueves quiso Jorge Drexler abstraerse del azote del informativo. Con una vida lo que un sol vale elocuente verso de Polvo de estrellas desbarató el guión, arrancando una noche entre amigos en el patio central del Conde Duque. El Eco de Jorge Drexler irrumpió esta semana en la programación de Los Veranos de la Villa para, una vez más, dar una magistral lección de trabajada sencillez. Repleto de treintañeros con los oídos prestos- -mucha sandalia plana y look desenfadado; urbanitas ajenos al disfraz de esto es un acto social y admiradores pre- Oscar, entre los que Alejandro Amenábar logró integrarse sin revuelo- al uruguayo no le costó meterse al auditorio en el bolsillo. Veo afán participativo en este público- -acertó chistoso casi al comienzo, ante los piropos y peticiones varias que le llovían desde la grada- Vamos a encauzar toda esa energía dispersa Con creces lo logró. El respetable, a las palmas y coros, ejerció de quinto miembro de una banda sobrada de camaradería y coordinación (sorprendentes los sintetizadores; un directo de Drexler es mucho más que un cantautor parapetado tras su guitarra) Le acompañó en todas sus credenciales, desde Transporte que invitó al bailoteo, la melosa Mi guitarra y vos De amor y casualidad ese divertido árbol genealógico que confeccionó para su chaval, Sea u Horas Brian Wilson, durante su actuación el pasado jueves en Collado Villalba ABC VIAJAZZ Brian Wilson Concierto de Brian Wilson. Lugar: Campo de fútbol de Collado Villalba. Fecha: 7- 7- 2005. LA NUEVA VIDA DE BRIAN JESÚS LILLO C omo se pudo apreciar el año pasado en el escenario central del Festival de Benicasim, no está Brian Wilson para muchos trotes. Sin embargo, la emoción que el viejo y deteriorado líder de los Beach Boys es capaz de transmitir con su repertorio playero evita que su notoria fragilidad distorsione el argumento de un espectáculo soberbio, una ópera pop cuyo libreto representa desde hace cuatro décadas un manifiesto de celebración de la adolescencia. Como esos angelicales hombres de negro del anuncio de Balay que hacen la vida más cómoda, una banda de diez músicos- -la misma que el pasado año grabó Smile sobre planos diseñados en 1967- -arropa y mima con sus intrumentos y armonías vocales al genio de California, que, sentado al piano y asistido por pantallas planas que reproducen las letras de canciones que no recuerda, se limita a disfrutar y aplaudir el guión de uno de los mejores musicales de la historia. Wilson llegó a levantarse la noche del pasado jueves para participar con la guitarra en un fin de fiesta en el que sonaron Barbara Anne y Surfin USA y al que se sumaron el cañonero que desde lejos iluminaba la función y también la hija de la corista Taylor Mi- lls, una cría diminuta y minifaldera que a duras penas conseguía sostener y manejar la guitarra eléctrica. Parecía la hora del recreo, pero era una clase- -medida y magistral- -de conjunción musical: la interpretación a nueve afinadísimas voces de Our Prayer Gee la obertura de Smile reveló el exquisito y ceremonial manejo que el grupo reunido por Wilson, rendido ante Wilson, hace en 2005 de la obra de los Beach Boys. Las crónicas de inmadurez que con apenas veinte años escribió el compositor norteamericano ocuparon la mayor parte de su recital madrileño, sensiblemente escorado hacia la melancolía. Brian Wilson canturreó Dance, Dance, Dance Sloop John B California Girls Help Me Rhonda y Do You Wanna Dance? pero también pasó mucho tiempo mirando las olas de la playa y meditando a fuego lento- In My Room Then I Kissed Her Surfer Girl Please, Let Me Wonder God Only Knows -sobre el primer amor. Incluso la hermosa Marcella rescatada de la etapa de soledad y olvido de Wil- El viejo líder de los Beach Boys canturreó en Madrid un repertorio sensiblemente escorado hacia la melancolía La interpretación de Our Prayer Gee reveló el exquisito trato que la actual banda de Wilson dedica a su obra son, sonó en la memorable jornada que el músico protagonizó sobre el escenario del festival Viajazz. Desafortunadamente, el líder de los Beach Boys ha decidido que este año sea el público norteamericano el que disfrute en exclusiva de la presentación, íntegra y solemne, de Smile álbum del que sólo interpretó- -en cualquier caso suficiente, por la categoría de dos obras maestras de la fonoteca del pop- Heroes Villains y Good Vibrations apabullantes piezas de ingeniería vocal e instrumental que, como tsunamis de genio, anegaron la playa de sueños que Wilson reconstruía de memoria en la sierra madrileña. En 1964, Brian Wilson, fabricante de deliciosas frivolidades en forma de canción, comenzó a barruntar una de las revoluciones musicales más extraordinarias del siglo pasado, anticipada y plasmada entonces en la prometedora cara b del álbum Today Sus obsesiones creativas no tardaron derivar en locura y letargo, pero el feliz desenlace de la pesadilla de Smile -prolongada durante casi cuatro décadas hasta la definitiva grabación del disco, hace ahora un año- -ha despertado la devoción del público por aquella pandilla de hermanos, primos y amigos que a mediados de los años sesenta cogía olas, amores y estribillos en las costas de California. Como se pudo apreciar el jueves en Collado Villalba, no está Brian Wilson para muchos trotes. Su próximo lanzamiento discográfico será, en otoño, un decadente álbum de canciones de Navidad. Quizá no dé para más el viejo beach boy, pero tiene una pantalla de vídeo delante y una banda detrás que le recuerdan la letra y la música de aquellos años, maravillosos, en los que hizo surf hasta enloquecer. La tabla aguanta. Última hornada de cantautores Como Joaquín Sabina hizo con él hace ya casi una década, Drexler ejerció de valedor del gaucho Kevin Johansen, del brasileiro Paulinho Mosca y de Martín Buscaglia, miembro destacado de la última hornada de cantautores de Montevideo. La comandita dejó solo a Drexler- -que le había cogido gusto a la capella la noche anterior al irse la luz en mitad de un recital en Villalba- -cuando llegó el turno de esa canción por la que, bromeó, me dieron un premio en la costa Oeste de Estados Unidos. La cantaré entera, aprovechando que no hay por aquí ningún director de programación controlando las audiencias Al otro lado del río y Frontera fueron igual de aclamadas. Lástima que Drexler se empeñe en que su casa está en esta última, porque en Madrid le idolatran.