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ABC SÁBADO 9 7 2005 Opinión 5 MEDITACIONES TOREO DE SALÓN LBERTO Ruiz- Gallardón carga sobre sus hombros la responsabilidad de la no designación de Madrid como ciudad olímpica y el exceso de generosidad del alcalde provoca marejada de intensidad variableen el PP. Laelegante manera con la que le echa un capote a José Luis Rodríguez Zapatero deja descubierta a Ana Botella, teniente de alcalde de la que discrepa sin recato para marcar distancias en una doble dirección: Génova y Pozuelo. El problema del alcalde, cuando se pone exquisito, es que piensa más en los de fuera que en los de su propia casa, gentil política exterior que se traduce en lo de siempre: que le adoran los que no le votan, y los que le votan, braman. Complejo escenario en el que, por adornarse, le empitonan en familia. Riesgos del toreo de salón. MARCO AURELIO A LEER Y PENSAR EL EUROMEDITERRÁNEO DE PAUL BALTA Ediciones del Oriente y del Mediterráneo Madrid, 2005 282 páginas ¿QUÉ VALORES? ¿QUÉ PRINCIPIOS? N su primera comparecencia ante los medios tras la matanza, un consternado Blair afirmaba que nuestra determinación para defender nuestros valores y nuestro modo de vida es mayor que el ímpetu destructivo de los terroristas. En un tono algo enfático, Zapatero se pronunciaba en el mismo sentido: Los terroristas no conseguirán jamás que abandonemos nuestros principios y nuestros valores Ambas aseveraciones, irreprochables en su formulación y muy eufónicas, constituyen un desidératum, una aspiración muy loable; ambas adolecen, sin embargo, de un candor y un idealismo atroces. Pues, a la postre, el terrorismo islámico que azota Europa se alimenta precisamente de nuestra incapacidad para defender nuestros valores, nuestros principios, nuestras formas de vida. Europa ha perdido la fe en la validez universal de su cultura; quizá siga aferrada a afirmaciones retóricas JUAN MANUEL y pomposas que proclaman lo contraDE PRADA rio- -apelaciones vacuas a la democracia, al muy manoseado Estado de Derecho, etcétera- pero ese espejismo semántico no debe distraernos de la verdad pavorosa: también los romanos seguían invocando a sus dioses y ofrendándoles rutinarios sacrificios cuando ya habían dejado de creer en ellos. Europa está enferma de relativismo; y esta enfermedad, instilada y sostenida por el pensamiento dominante, acrecienta cada día su debilidad. Lejos de mostrar una determinación inquebrantable en la defensa de sus valores, Europa proclama que no existen valores y principios de validez universal, sino más bien valores particulares que no deben confrontarse con los valores procedentes de otras culturas. Defender los valores propios se convierte automáticamente en un ejercicio de prepotencia intelectual, de arrogancia fundamentalista, de imperialismo cultural; natural- E Un mar de problemas Serrat escribió una de las mejores canciones españolas de los últimos treinta años, Mediterráneo pero las aguas que bañan de Algeciras a Estambul componen algo más que una bella melodía. En El Euromediterráneo: desafíos y propuestas Paul Balta (Alejandría, 1929) pergeña un riguroso manual sobre un mar al que se asoman veintiocho estados de tres religiones y en los que bullen conflictos étnicos y culturales. Impulsor de la Cumbre Euromediterránea de Barcelona, el periodista denuncia la excesiva retórica mediterránea y la escasa praxis de la Unión Europea hacia un mar en el que Alejandro Magno imaginó el lecho nupcial de Oriente y Occidente. En un periplo histórico que lleva al lector de Estrabón a Al Qaeda, Balta recoge las aportaciones de historiadores como Braudel, quien columbró en las aguas mediterráneas una película de la Historia jalonada por las fracturas interreligiosas. A la alfabetización y democratización pendientes en los países árabes, o a la pugna por los hidrocarburos y el agua, se suman los conflictos de la antigua Yugoslavia, el inquietante papel de Siria en el Líbano y el contencioso entre israelíes y palestinos. Una lectura para vacunarse contra lo que Flaubert llamó idees reçues SERGI DORIA mente, cualquier intento de exportar esos valores se considera una imposición inaceptable, puesto que todos los modos de vida son igualmente legítimos y respetables. Europa ha dejado de creer en su superioridad moral; y, paralelamente, ha desarrollado una suerte de apatía o desistimiento que la corrección política disfraza de tolerancia hacia otros valores y formas de vida. Todo ello acompañado, además, de un brumoso y atenazador complejo de culpa que ha sumido a Europa en un estado de parálisis, de crisis de identidad, de falta de confianza en el futuro. Esta atonía espiritual se manifiesta, paradójicamente, acompañada de una mayor prosperidad material, de un disfrute ensimismado y onanista de las ventajas que esos valores y formas de vida nos proporcionan: pero ya se sabe que los pueblos que exprimen y saborean con fruición las ventajas de sus formas de vida, sin preocuparse de defenderlas, están condenados primero a la decrepitud y después a la mera extinción. Europa ha encontrado en su progreso material el pasatiempo que le permite descuidar su decadencia espiritual. Los terroristas islámicos, más atentos en el diagnóstico de la enfermedad que nos corroe, redoblan sus ataques porque saben que Europa se ha debilitado, porque saben que en su relativismo se esconde la semilla de la rendición. ¿Qué determinación puede oponer una sociedad que ha dejado de creer en su identidad espiritual frente a una fuerza hostil que pretende imponer sus formas de vida? Los pronunciamientos de los políticos en esta hora luctuosa insisten patéticamente en invocar un cadáver que el pensamiento dominante no quiere resucitar. Si en verdad Europa aspira a defender sus principios y valores, deberá empezar por recuperar la fortaleza espiritual que impulsó su nacimiento. Hoy esos principios y valores son letra muerta, despojos zarandeados por el oleaje manso del relativismo; vivificarlos exige un previo esfuerzo de fe para el que dudo mucho que los europeos estemos preparados.