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102 Deportes TOUR DE FRANCIA SEXTA ETAPA VIERNES 8 7 2005 ABC Vinokourov no le tiene miedo al líder El kazajo ataca en la lluvia y el pelotón se da el gran golpe en una curva JOSÉ CARLOS CARABIAS NANCY. Los puertos de cuarta parecen el Angliru en el Tour. La carretera no es más estrecha, ni más rugosa, ni los carteles anuncian el peligro de animales sueltos. No se esparce la niebla como una reproducción de los caminos perdidos en los Ancares ni se condensan dos kilómetros en desniveles de doscientos metros, un veinte por ciento como el Xorret del Catí. Las colinas del Tour tienen ojos a miles, color, calor y temblor. La carretera se estremece al aullido de la gente. Tomemos como referencia un pueblo, Maron, no más de 2.000 habitantes en el cruce de las comarcales 909 y 92. Desde la plaza del Ayuntamiento al cartelón de puntos rojos y blancos Champion no más de cuatro kilómetros. Cuatro mil metros de fantasía, de bullicio y tensión. Cientos de gentes coloreadas en cuerpo y alma para la ocasión. Vestuario amarillo en los niños que hoy no tienen colegio porque pasa el Tour. Uniformes en tonos arco iris para el público que no recibe al pelotón como una molestia, sino como un orgullo. El Tour ha llevado el entretenimiento a la puerta de su casa. Una caravana de anunciantes locos, coches en miniatura, motos de agua sobre el asfalto y la mayor variedad de vehículos a tracción conocidos que esparcen cientos de recuerdos a diario. El puerto de cuarta es, entonces, un acontecimiento. Una proyección del entusiasmo que estrecha la calzada, de cinco a cuatro y a tres metros, para formar ese resquicio de asfalto al estilo Alpe d Huez o Tourmalet. Un ciclista ataca, sufre o calla en el Tour entre un vocerío sin igual. Nadie compite instaGANADOR DE LA ETAPA 1 Lorenzo Bernucci (Fassa Bortolo Ita. PRIMER ESPAÑOL 8 Egoir Martínez (Euskaltel) LÍDER 1 Lance Armstrong (EE. UU. Discovery) PRIMER ESPAÑOL 6 José Luis Rubiera (Discovery) 4.12: 52 a 7 s. 17.58: 11 a 1: 14 EL PLACER DEL SALUDO DE LANCE ALBERTO CONTADOR Dorsal 93 te con Alsacia, territorio de discusión entre franceses y alemanes. Imaginaba, como así era, a un pelotón desbocado por la colina de Maron. Armstrong, en posición de líder, por el quinto o sexto puesto, su fiel Azevedo en órbita y una colonia de satélites a la espalda del texano. Caída de los velocistas No imaginaba Megnin que de esa congregación de fieles que, año tras año, persigue a Armstrong iba a surgir tan pronto el primer desafío. De repente, apareció Vinokourov. Recuerden los frágiles de memoria. Es el kazajo albino que castigó las espaldas de Armstrong, un día tras otro, en el Tour de la caída de Beloki. Ese mismo Vinokourov no se aguantó en una etapa en apariencia inadecuada para hacer daño. Megnin iba escapado y el Quick Step había metido la sexta para poner en suerte a Boonen. Lo tenía crudo el asiático. Pero de su incontinencia brotó la llama. Megnin aceleró, también el pelotón, y en ese puente hacia Vinokourov todos se cayeron. Megnin, por delante, y el convoy de velocistas por detrás. Boonen, McEwen, Allan Davis. Una curva, la pintura del paso de cebra y al menos veinte ciclistas al suelo en el primer estropicio del Tour. De la colisión se aprovechó Lorenzo Bernucci, italiano del Fassa Bortolo, que como todos los miembros de este equipo, espera noticias de un nuevo mecenas. La energía de Vinokourov no alcanzó para capturar a Bernucci, pero sí una renta testimonial (19 segundos, siete en meta más la bonificación) Armstrong ya sabe que, al menos, hay uno que no le tiene miedo. ABANDONOS Claudio Corioni (Fassa Bortolo) Incidencias: Ivan Basso sufrió otro pinchazo por segundo día consecutivo. Txente García Acosta se dio un fuerte golpe en la espalda al comienzo de la etapa. REACCIONES Jan Ullrich Corredor del T- Mobile Es una pena que la etapa de hoy en Alemania no acabe en una subida. Está destinada a un velocista y sería más interesante en alto. Hay un entusiasmo desbordante en Alemania por el ciclismo y se verá en la ruta lado en el silencio. Por ese puerto pasó retorciéndose como un gusano Christophe Megnin, francés de nombre cantarín que perseguía el sueño de ganar una etapa en el Tour. Imaginaba su maillot del Française de Jeux estirado y empapado en la plaza Stanislas, la seña de identidad de Nancy, la capital de la Lorena, lindan- o admito por experiencia propia. En estas primeras etapas hasta el buen aficionado echa una cabezada ante la tele. En cambio, en el pelotón se viven de otra manera. Hay una tensión increíble. La carretera sólo tiene cinco metros de ancho y los arcenes están llenos de gente. Tenía unas ganas increíbles de venir al Tour por competir en su último año con Armstrong, el corredor al que más admiro. Sí, es verdad. Ya sé que puede parecer serio, muy americano y con actitudes que la gente no entiende. Como lo del miércoles, cuando no se puso el maillot amarillo por respeto a Zabriskie. Ese gesto fue criticado en el pelotón. Decían que quería llamar la atención, pero yo creo que era sincero. Él no necesita hacer nada extraño porque es el objetivo de todos. Hace poco, en el Dauphiné, vino a saludarme y pude charlar un rato con él. Me sorprendió que me conociera y me pareció educado. Nunca me habría perdonado haber competido con uno de los mejores ciclistas de la historia- -y el mejor del Tour- -y no haberlo conocido personalmente. Digan lo que digan, es un gran campeón, y más porque la forma en que superó el cáncer fue un gran estímulo para recuperarme de mi grave accidente. L