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ABC VIERNES 8 7 2005 Atentados en Londres 19 ANÁLISIS UN RETO INQUIETANTE QUE MERECE MEDIDAS ROGELIO ALONSO Profesor de Ciencia Política de la Universidad Rey Juan Carlos Nuestra seguridad en España depende en gran medida de lo que otras democracias hacen en la lucha contra el terrorismo ve para comprender que este tipo de desafío también exige respuestas conjuntas, pues ciertamente nuestra seguridad en España depende en una gran medida de lo que otras democracias hacen en la lucha contra el terro- s Madrid una ciudad segura para albergar los Juegos Olímpicos de 2012? Esta era la pregunta que numerosos periodistas extranjeros planteaban en los meses que precedieron a la designación de Londres como sede olímpica. Bajo la insistencia de numerosos medios de comunicación, en esta cuestión subyacía la creencia de que la capital española se encontraba en desventaja respecto a otras candidatas, entre ellas Londres, al haber sido escenario de un atentado terrorista como el del 11- M mientras la amenaza de ETA continuaba presente. Quienes así se manifestaban tendían a ignorar que el terrorismo constituía una seria amenaza para todas y cada una de las ciudades que optaban a albergar tan importante evento deportivo, como los asesinatos de ayer confirman. Si Madrid ha recabado la atención de los medios de comunicación en numerosas ocasiones como resultado del terrorismo, desgraciadamente lo mismo puede decirse de Londres, París, Nueva York y Moscú. Esta última ha conocido muy recientemente salvajes atentados, como el que tuvo lugar en octubre de 2002, cuando 162 personas murieron en el teatro Dubrovka después de que terroristas chechenos tomaran como rehenes a centenares de personas. En septiembre de 1999 el Ejército de Liberación del Dagestán provocó una explosión en un bloque de apartamentos en Moscú, en el que murieron 120 personas. El 6 de febrero de 2004, medio centenar de personas perdieron también la vida en el metro moscovita, en un atentado perpetrado por suicidas chechenos que se cobró varios centenares de víctimas. En agosto de ese mismo año los terroristas volvieron a elegir el mismo escenario para asesinar a nueve personas. Estos atentados no han permanecido tan vivos en la memoria colectiva de sociedades europeas como los ocurridos en 2001 en Nueva York, otra ciudad de las que ahora eran candidatas a organizar los Juegos Olímpicos del año 2012. Al mismo tiempo, Londres y París habían sido percibidas por muchos observadores como las dos ciudades más seguras de entre las competidoras, subestimando la naturaleza de una amenaza como la del terrorismo islamista, que en absoluto discrimina países o nacionalidades. La detención a lo largo de los últimos años de activistas islamistas en diferentes países europeos, incluidos por supuesto Francia, Reino Unido y España, así lo confirmaba. Mientras que los Cuerpos de Seguridad británicos habían logrado hasta ahora tener éxito en la desarticulación de atentados terroristas, España no tuvo la misma fortuna en marzo de 2004, sin que ello garantizase la inmunidad ¿E de un país como el Reino Unido, particularmente atractivo para el terrorismo islamista. Desgraciadamente, la amenaza que ayer se materializó con los atentados de Londres ha puesto de manifiesto que nuestras sociedades comparten los peligros de un fenómeno como el terrorismo, que ha adquirido un carácter global. La constatación de esta realidad sir- rismo, del mismo modo que nuestros esfuerzos en ese ámbito revierten también en su seguridad. Madrid y Londres no dejan de ser blancos de oportunidad que en momentos determinados han sido objetivo de una violencia terrorista que también podría golpear a cualquier otra capital de Europa. Ni siquiera el hecho de haber sufrido ya brutales atentados como el del 11 de marzo y el de ayer, 7 de julio, permite asumir que no vuelvan a intentarse nuevas masacres en estos mismos lugares. El reto es sin duda inquietante, pero merecedor por ello de responsables medidas por parte de políticos y sociedades.