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ABC VIERNES 8 7 2005 Opinión 5 MEDITACIONES POLEO L os más arriesgados juegan a adivinar qué será Aznar de mayor y escrutan los posos del café que no llegó a tomar- -lo suyo es el poleo- -para encontrar la clave que desvele el misterio. Pero la clave no está en lo que dijo- -si es que lo dijo- -sino en lo que el ex presidente calló o guardó para siempre. En verano, y a los postres, las terrazas se convierten en escenario propicio para el análisis. Lo que cuenta Aznar, ciudadano del mundo, tiene relieve, pero la orografía principal de su discurso se gesta en la convicción con la que mueve sus manos al dibujar paisajes grises. Cuando pinta el futuro con trazo negro y firme. El Aznar más cercano no se pierde en matices, pero para procesar lo que sale de su boca harían falta más cenas como aquella a la que fue dispuesto a dejar claro que el centro es él y que lo mejor es no perderse en futuribles. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR ¿COMO EN CORDURA Y LOCURA EN CERVANTES DE CARLOS CASTILLA DEL PINO Editorial Península Barcelona, 2005 121 páginas 14 euros MADRID? desaparecer. A diferencia de Madrid, en cambio, ninguna voz ha surgido del bosque ensangrentado para decir que no hay que culpar a una creencia que basa su ejecutoria en castigar con la muerte a los infieles. Cuando los mismos que matan en Madrid y Londres mataron en Nueva York, hubo de escucharse la pastosa voz de los cómplices miserables diciendo que los americanos se lo tienen merecido y que hay mayor número de víctimas en los campos desolados por el imperialismo Hoy, cuando comprueban que aquellos asesinatos no son flor de una sola fiebre, es aún la hora de que abandonen esa postura intermedia, pretendidamente equilibrada, equidistante, la que prefiere culpar al supuesto instigador antes que al ejecutor. No descarten que la vuelvan a expresar antes de que los cuerpos tengan un abrazo de tierra en la cintura. Sin embargo, es difícil que esas voces que vayan a culpar antes a Tony Blair que a Ben Laden surjan del mismo Reino Unido. Aquél, que es un país por lo general admirable, que es una nación con sentido histórico y con rotunda unidad ante las adversidades, no será el lugar en el que los ciudadanos vayan a llamar asesino a los parlamentarios o a los ministros. La culpa, exclusivamente, será de los que hayan puesto las bombas, de los que hayan inspirado a los que hayan puesto las bombas y de los que hayan amparado, financiado o justificado a los que hayan puesto las bombas. Y si mañana se convocaran elecciones generales, la candidatura de Blair sería de nuevo la más votada tal y como ocurrió unos meses atrás. ¿Como en Madrid? puede ser, pero con sutiles diferencias. Ningún líder político español ha salido todavía a decir que eso es culpa de la decisión de haber ido a la guerra. Y digo español porque es el que previsiblemente lo dirá. Británico ninguno. Ni ningún familiar de víctima está todavía tintando sus manos de rojo para ir a mostrarlas a la puerta de Downing Street. Sutiles diferencias. www. carlosherrera. com Tan loco como nosotros Cuatro siglos llevan los cervantistas intentando descifrar la raíz de la locura del Quijote, y ha tenido que ser Carlos Castilla del Pino el que desmitifique ese icono de loco. En su libro Cordura y locura en Cervantes el psiquiatra nos enseña la verdad más honda del personaje. La raíz de su error, que construye él mismo, es el delirio, una forma extrema de la fantasía. El Alonso Quijano que habla con el caballero del Verde Gabán en absoluto es un loco, tampoco el que reflexiona sobre el buen gobierno, o la libertad. Solamente los libros de caballerías le hacen delirar, le sacan de sí; es un loco sectorial, por así decirlo. ¿Pero no está ahí la razón de su universalidad? ¿no es por eso que todo el mundo lo ve como algo muy propio? ¿Qué otra cosa hacen los enamorados, los que fantasean con ser otro (todos, si pensamos que el azar nos sonreirá con millones) o el político, que ¡ay! era tan inteligente y cuando le tocan el tema (cada uno tiene el suyo) pierde el sentido de la realidad? La razón (y sinrazón) del Quijote es de la misma familia que la nuestra. Por eso nos gusta más don Quijote que Alonso Quijano el Bueno. JOSÉ MARÍA POZUELO YVANCOS OMO en Madrid, mochilas. Como en Madrid, transporte público. Como en Madrid, terrorismo indiscriminado. Como en Madrid, matando a quien no conocen matan un poco a todos. No quieren asesinar a unos apellidos concretos: como en Madrid, quieren asesinar a una civilización, a una forma de vivir, a una manera de creer y sentir. Y, como en Madrid, quieren dividir a la sociedad entre los cómplices que prefieren ignorar la embestida y culparse a sí mismos y los resistentes ciudadanos fieles a su modo de vida, a su política común, a sus convicciones sociales. En España, no obstante, los mismos que cargaron de muerte las mochilas, obtuvieron el regalo preciado de la división; en Gran Bretaña, a estas horas, aún no han conseguido que se movilicen en las calles miles de ciudadanos culpando al Gobierno de haber creado las condiciones básicas para que atenten contra inocentes. Es la diferencia. CARLOS Y hay alguna más: el líder de la opoHERRERA sición se ha puesto a las órdenes del Gobierno- -al que apoyó en la toma de las duras medidas de movilización militar que desembocaron en la guerra de Irak- -y no ha sentido la necesidad inmediata de expandir la reclamación de un gobierno que no mienta. No lo ha hecho por convicción y porque el Gobierno británico está ofreciendo la información con cuentagotas: el conteo de muertos llega ya a los treinta y siete, aunque las cifras son cambiantes, y el de heridos críticos a cuarenta y cinco. Es todo lo que sabemos. Tenemos la certeza imprecisa, eso sí, de que la autoría corresponde a los mismos que en Madrid quisieron cambiar el rumbo de la historia y, en la medida de lo posible, el resultado de las elecciones generales. Como en Madrid, el primer ministro ha asegurado que los asesinos no conseguirán cambiar una manera de vivir que detestan, que odian, que quieren hacer C