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ABC JUEVES 7 7 2005 Deportes TOUR DE FRANCIA QUINTA ETAPA 111 El prometedor ciclista francés tiene problemas de coordinación y pierde el equilibrio encima de la bicicleta. En su equipo estudian llevarle a un osteópata para corregir su fragilidad. No soy un kamikaze dice el corredor del Saunier Duval paso de pato en el pelotón TEXTO J. C. CARABIAS EFE MONTARGIS. Aquel proverbio del cuchillo de palo en casa del herrero se personifica en Nicolás Desde cualquier óptica se entiende que la primera función de un ciclista consiste en mantenerse en pie. Antes de otras cuestiones como dar pedales, interpretar las tácticas o mejorar el coeficiente de penetración en el aire, la profesión requiere un requisito elemental: permanecer en el sillín. No es el caso del prometedor francés del Saunier Duval. Josean Matxín fichó un ciclista con carta blanca en el país vecino. La gente hablaba maravillas de este tallo de 1,82 con cuerpo de espárrago, 68 kilos. Entre Voeckler (prohibitivo después de su Tour 2004) Pineau y Matxín eligió a éste último, sin dudar Por fin tenía un galo en su multinacional de la diplomacia. El Saunier acoge a suizos (por el segundo patrocinador, Prodir) españoles (por el propietario) americanos (por los intereses comerciales de Prodir en Estados Unidos) y un francés (por la nomenclatura gala) Y ahí estaba Matxín, tan feliz con su cuadratura de los compromisos publicitarios. Hasta que se percató en la primera concentración de la temporada, al sol de Estepona, de que a le vencía un problema. Era inestable en la bici. Pensó el director que se trataba de un handicap temporal o que su ojo era muy exigente con el nuevo. Pero no. La primera apreciación era pata negra. vive su profesión colgado de un hilo. Pierde el equilibrio. Especialista en el Ventoux Matxín reconoció sus otras virtudes con convivencia. Buen camarada de grupo, ciclista con motor aunque no superior y, sobre todo, instantáneo. Rápido como un resorte para ejecutar cada maniobra que le encomendaba su director. Una especie de hombre- orquesta, capaz de coger botellas, hablar por el pinganillo y cambiar de velocidad a un tiempo. Eso sí, con cuidado, que en el caso de siempre peligra la línea perpendicular al suelo. La sospecha de una convivencia en sobresalto llegó con en su de- but en la París- Niza. Se había enganchado a la escapada buena, iba con otros cinco en cabeza y llegó el descenso del col de Eze. Carretera estrecha, puntiaguda, una serpentina. echó el freno, se reprimió en cada curva hasta perder de vista a los demás. No me gusta tomar riesgos- -dijo entonces- Sé de toda la vida que no soy fuerte en los descensos Lo que no sabía era su aprensión a penetrar en las entrañas del pelotón. En la locura del Tour, todo nervios, carreras, presiones y gente en forma, lo pasa mal. Matxín le cuida como a un anciano. Siempre alguien a su vera. se ha especializado en la montaña por el Mont Ventoux. Vive en Aix en Provence y lo ha escalado cuarenta veces con un mejor registro de 49: 30. Pero su director, enamorado de su calidad, vive en la zozobra. Por un lado, maneja la idea de llevarle a reconocimiento de un osteópata para que estudie sus problemas de equilibrio y por otro, la incertidumbre de encontrarle tirado en una cuneta del Tour.