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ABC JUEVES 7 7 2005 Deportes NO PUDO SER DESENCANTO ESPAÑOL 101 La Reina Doña Sofía, en un momento de su brillante exposición SINGAPUR. Ya lo dijo un clásico, Di Stéfano, jugamos como nunca y perdimos como siempre. A la tercera votación fue la vencida y el deseo de la capital española fue derrotado olímpicamente por la fría realidad. París, Moscú, Nueva York y Madrid tuvieron que pasar por el aro (bueno, por los cinco aros) de la caritativa y bienintencionada apuesta londinense. Nuestra milenaria Magerit cayó con más pena (mucha más pena, penita pena, que lágrimas las del vicealcalde Manuel Cobo) que gloria, la que rozamos con los dedos durante unas horas y la que se merece un buen puñado de gente que se ha dejado en este proyecto alguno de los mejores años de nuestra (de su) vida, con Doña Sofía a la cabeza. Lo cierto es que antes del fallo (es la palabra justa) del COI, la esperanza (no Aguirre, la virtud) había cundido entre los españoles que habían llegado hasta Singapur. Especialmente, tras el pase de nuestro brillante y vitalista vídeo promocional y la inteligente y hasta emotiva intervención de nuestra gente. Desde la elegantísima introducción de la Infanta Doña Pilar hasta la exhibición de la Reina, que les dijo todo lo que les teníamos que decir los madrileños y los españoles a los señores olímpicos, y hasta en varios idiomas, para que quedase bien clarito a todos. Menos al heredero del principado monegasco. Pero, bueno, ya saben ustedes que esa familia es un poco especial. Pobre Rainiero, que mala vida le dieron. Zapatero fue fiel a su talante y había señalado el olimpismo como la mejor alianza de civilizaciones, y Gallardón resumió con pasión las donosuras de Madrid: vamos, que en los Madriles no nos basta con que la gente se sienta cómoda, además es que se sentirán ustedes muy queridos (en Londres también, claro, salvo a la hora del té) Las intervenciones de la delegación madrileña fueron cortas pero intensas. Palabras, las justas y necesarias. Imágenes, al gusto del consumidor IGNACIO GIL El Rey llamó de inmediato a la Reina, Zapatero, Gallardón y Esperanza Aguirre para darles ánimos y transmitirles su orgullo por el excelente trabajo realizado Los dioses pasaron de nosotros TEXTO: MANUEL DE LA FUENTE, ENVIADO ESPECIAL olímpico: la energía eólica ¿cómo iban a faltar los quijotescos molinos aunque sean de tecnología punta, y que al final resultaron ser los gigantes de la City) un castellet levantado por chavales con la camiseta del M- 2012 (aunque no creo que esto lo pillaran, que es de consumo interno; ¿brindó ayer señor Carod? vistas y tomavistas de un Madrid multirracial, la Cibeles con la antorcha y bien salpicado y sazonadito todo por el Entre dos aguas de Paco de Lucía. Rostros populares por doquier Parecía que todo estaba dicho, pero quedaba la traca (como iba a ser si no) final, aunque para el COI nuestra pólvora estuviese un poquito mojada: el relampagueante y chispeante vídeo por el que desfilaron al grito de nos vemos en Madrid una cadena de rostros populares que ni en Hollywood: Banderas, Penélope, Inés Sastre, Gervasio Deferr, Abel Antón, Martín Fiz, Fernando Alonso, Rafa Nadal, Pedro Almodóvar, Sara Baras, Bodiroga, Santana, Arancha, Capello, Indurain, Dusebaiev, Gravesen, Figo, Iker, Di Stéfano, Julio Iglesias, Alejandro Sanz, Raúl, y Plácido Domingo y su do de pecho final: ¡Bravo Madrid! Un bravo que al COI (tampoco deben andar muy bien del oído, son gente un poco traqueteada por la vida y los actos, oficiales, se entien- de) no les llegó. Sólo quedo pues, saber perder. Del resto de competidores, podemos empezar diciendo que si Filípides levantara la cabeza, que no la va a levantar después de la jupa que se dio en Maratón, la agachaba otra vez. Resumiendo, que si llega a ver el promocional parisino vota a Zeus, a Tutatis y al que se tercie. La Ciudad de la Luz se miró durante una hora al ombligo de su pasado, con banda sonora de Maurice Chevalier, sus hoteles de lujo con sus porteros negros, las floristas, y hasta una escena realmente pasada de época como la de un avejentado Johnny Holliday tirándole los tejos (florales, claro, con un ramito) a Catherine Deneuve. Tampoco faltó la niña francesa con cara de niña francesa, a falta del efectivo, efectista y socorrido siempre nos quedará París (lo siento Rick, va a ser que no) Después, a ritmo de be- bop la candidatura de Nueva York echó mano hasta de Billy Cristal haciendo lo que mejor sabe hacer (el tonto) Y luego que si Del resto de competidores hay que decir que si Filípides levantara la cabeza, la agachaba otra vez los neoyorquinos no se rinden, que si Manhattan no duerme, que si en Harlem los negratas (ojo, el palabro es de Spike Lee, no mío) juegan en la medianoche al baloncesto (no todos, hombre) que si es una ciudad que te recibe con los brazos abiertos (y con las piernas, que se lo pregunten a Antonio Canales) que si Central Park... y suerte que no apareció Woody Allen. Ni la nevadita, los árboles de Navidad, y James Stewart hecho unos zorros con su cara eterna de qué bello es vivir. El reparto fue estelar, Bob Beamon, que la sigue teniendo más larga que nadie (la marca de salto de longitud, ¿en qué pensaban? Bill Clinton (a pelo, sin saxo) Magic Johnson, el Yankee Stadium (aquí se echó en falta al gran Walter Matthau) Comaneci, Armstrong, la Luna, el New York, New York de Sinatra (no iba a ser el ¡Viva Las Vegas! De Niro, y hasta Coco de Ábrete Sésamo (ahora estoy lejos... ahora cerca) pero sin galletas, que luego los hay que se atragantan, Los rusos desde el principio dejaron claro que se tiraban al río, al Moscowa, eje de su original proyecto olímpicofluvial, en cuya exposición no faltaron las matriuskas, el caviar, el tono pétreo de las intervenciones, la presencia de Putin, tan enfadado como siempre (bueno, cuando se ríe es peor, que da más miedo) que querían tener más hoteles que en el Monopoly, y que cada atleta iba a disfrutar en laVilla Olímpica de metros cuadrados para él solito, o sea, que la sombra de la ministra Trujillo es alargada. Luego, ya saben, ganó Londres, para que la familia olímpica se dé un atracón (de pizza) No obstante, atrás quedan bonitas lecciones, y bonitas enseñanzas. Como en el poema de Kavafis, lo importante no es Ítaca, sino el viaje, lleno de aventuras y de conocimientos: porque en Singapur ha quedado demostrado que se puede vivir sin carga y descarga. Y hasta sin doble fila. Y lo mejor, hasta sin Maroto el de la moto.