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ABC JUEVES 7 7 2005 95 El australiano McEwen rompe la racha triunfal de Boonen en la tercera llegada al sprint del Tour El Estudiantes confirma que Juan Antonio Orenga será el sustituto de Pepu Hernández como entrenador La Reina animó al alcalde de Madrid, en presencia de Zapatero, nada más conocer que la candidatura olímpica no pasaría a la última votación del COI tos técnicos, aunque sabe que los transportes son su asignatura pendiente, pero siempre tenía un cambio de velocidad para ensalzar a una ciudad que combina historia, cultura y futuro De postre Blair, quien, por si algo faltaba para redondear el círculo, hasta recurrió a frases en francés en el vídeo. Eso sí, el convincente Coe no tuvo que hacer frente- -le tocó un lote más amable- -como España a las insidiosas preguntas de Alberto de Mónaco, a quien no se esperaba en la Asamblea por sus anunciadas ocupaciones, pero finalmente llegó porque tampoco debían de ser tantas. Visto su comportamiento, se antoja difícil imaginar a un príncipe trabajando de manera tan artera la candidatura de París con las televisiones de todo el mundo en directo. A decir verdad, tampoco debería resultar tan chocante en alguien jamás preocupado por el color de sus escándalos. Por todo ello, Londres y Madrid acudían a la ronda de votaciones con más moral. Los franceses, en cambio, a esas alturas parecían ir pagando la soberbia de haberse sentido ganadores siempre. Hasta en el propio vídeo creyeron que les aguardaba la gloria. A tal extremo, que sólo sustentaban su petición de sede olímpica en la historia, el deporte y el placer. Parecía un guiño a los votantes, pero a esas alturas de la decisión final los miembros del COI saben que esas tres mismas cualidades las ofrece cualquiera hoy en día. Y así fue. A partir de ese momento llegó la avalancha anglosajona, mucho más compacta de la que se presumía en unas quinielas olímpicas que se antojan como los sondeos españoles, y votos para qué os quiero. Madrid 2012 aprende así una dolorosa lección para la que todos decían sentirse anímicamente preparados, porque sabían de la tiranía del voto. Todo lo contrario sería, en esencia, una equi- IGNACIO GIL Coe: No corro para llegar el segundo J. M. G. SINGAPUR. Como era habitual en sus años de gloria en las pistas, Sebastian Coe (Sheffield, 1956) también hizo realidad ayer su frase favorita: Soy un atleta, no corro para llegar el segundo El grandioso mediofondista consideró de salida a París y Madrid sus rivales, al igual que en sus tiempos lo hacía con Steve Ovett, y por su capacidad depredadora esgrimió una estrategia que le dio el resultado apetecido de llevar los Juegos 2012 a su país. Este sir doble campeón olímpico, que se amparó en el líder conservador William Hague para hacer su carrera en el Parlamento británico hasta el triunfo de los laboristas en 1997, llegó por casualidad al cargo de máximo responsable de la candidatura olímpica de Londres. Tras la renuncia de Barbara Cassani, allí apareció este plusmarquista mundial que revolucionó el atletismo a partir de 1979, el año de la primera victoria de Margaret Thatcher. vocación porque se deduciría entonces una pésima lectura del trabajo desarrollado. París, hundida, llora por una herida que tiene dos orificios: el de entrada, capaz de ridiculizar su chauvinismo, y el de salida, porque pone en órbita, precisamente ahora- -ya es fatal casualidad, pensarán Chirac y Villepin- a la Londres de Blair, el auténtico vencedor en Singapur.