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64 JUEVES 7 7 2005 ABC Toros FERIA DE SAN FERMÍN FERIA DE TERUEL Galán le gana por la espada a Hermoso un duelo en la cumbre del rejoneo Plaza de toros de Pamplona. Miércoles, 6 de julio de 2005. Segunda corrida. Lleno de no hay billetes Toros de Murube, de notable juego; 2 y 3 dieron más trabajo. Luis Domecq, medio rejón (saludos) En el cuarto, nueve pinchazos e infame bajonazo a la altura del brazuelo (pitos) Pablo Hermoso de Mendoza, dos pinchazos y medio rejón trasero que descuerda (saludos) En el quinto, pinchazo que daña la médula y rejonazo en los costillares (oreja) Sergio Galán, rejón contrario y dos descabellos (saludos) En el sexto, rejón con derrame (dos orejas) Salió a hombros. ZABALA DE LA SERNA PAMPLONA. Pablo Hermoso de Mendoza y Sergio Galán protagonizaron ayer en Pamplona un duelo en la cumbre del rejoneo, en la más alta expresión de este arte que roza cotas de perfección. Si Galán le ganó a Hermoso la partida en su feudo fue por la espada, por el rejón mortal o la muerte misma, en la que el maestro navarro no acertó para culminar una faena pletórica. El grandioso espectáculo que desarrollaron durante las lidias de quinto y sexto toros pasará a los anales del toreo a caballo. De por medio, las armas las pusieron los buenos toros de Murube, que se crecieron conforme se fueron calentando y olvidando de sus distraídas salidas. Galán pasa ahora mismo por ser el caballero más aventajado de toda la joven hornada surgida a rebufo de Pablo. Y el más regular. Tan aventajado que ayer le dio réplica en casa. A lomos de Montoliu alcanzó el cenit en un cite en corto, un juego provocador entre el caballo y el toro con apenas dos metros entre ambos. A cada amago de la bella musculatura equina respondía la musculatura del murube con otra paradinha. Las miradas de uno y otro se tensaron con enorme fijeza, hasta la batida final de un quiebro que causó una auténtica conmoción. De la excelencia de Paulita al milagro de Perera Plaza de toros de Teruel. Miércoles, 6 de julio de 2005. Segunda corrida. Más de media entrada. Toros de La Laguna, correctos de presentación y desiguales de juego; destacaron los tres primeros. Sebastián Castella, de verde y oro. Estocada baja (ovación) En el tercero, que mató por Perera, media (silencio) En el quinto, seis pinchazos y dos descabellos. Aviso (silencio) Paulita, de blanco y oro. Estocada (oreja) En el cuarto, cuatro pinchazos y estocada (silencio) En el sexto, pinchazo y estocada desprendida (ovación tras petición) Miguel Ángel Perera, de verde y oro. Fue cogido en su primero. Hermoso de Mendoza, en un desplante los pechos, muy de frente, como aquel Danubio perdido en el tiempo. La cosa subió de grados de repente, como un estallido de miles de botellas de champán francés descorchándose a la vez. Pero en la hora definitiva dos pinchazos y un inoportuno descordamiento le privaron del trofeo. El epílogo, el cante grande, verdaderamente soberbio de nervio y torería, surgió con Chenel A dos pistas, las idas y venidas alrededor del ruedo trazaban estelas de seda. Y de pronto, un recorte por dentro ponía la sal y la pimienta de un trincherazo de aquellos del Antoñete de los ochenta. Se armó el taco, y con un quiebro se desató el delirio. El viejo Chicuelo puso las piruetas y Nativo las cortas. La obra había tomado rumbos de máximos trofeos. O casi. Mas de nuevo el acero tocó levemente la médula espinal, y a la se- EFE Y la plaza rugió La plaza rugió entregada, y siguió en son de palmas los bailes de un caballo negro con el que Sergio G. se armó con las cortas en una rueda alrededor de la ya parada embestida. La contundencia del rejonazo último lo alzó en hombros, y si el espadazo al toro anterior no se le va contrario, también corta otra oreja por una faena en la que hubo mucho que torear a un toro que arreaba lo suyo, con carbón y la desigualdad de contar con dos velocidades según las distancias. Fue faena de torero curtido, labor nada fácil de templar. Hermoso también se había empleado a fondo con el que sumó segundo, un toro distraído al que enceló a base de exponer y consentir mucho, con suma inteligencia, como si sobre el caballo se encontrase Ponce. Tras varios quiebros con las banderillas, con el ejemplar de Pepe Murube ya centrado, apareció Campogrande un caballo tordo de nubes quietas que torea con gunda logró Pablo Hermoso de Navarra una oreja que supo a poco para tarde tan importante, a pesar del infame bajonazo en los costillares. Luis Domecq se arrimó con los palos cortos por los adentros en el final de faena al suave, templado y recogido murube que rompió plaza. Los tendidos corearon los últimos compases con entrega. Todo apuntaba a que ese final en alto de una clásica faena iba a puntuar, y sin embargo el personal de quedó frío, como si nada, como si esa ortodoxia perteneciese al pasado. O simplemente aún no se hubiese metido en la corrida. El Domecq que se enfrentó al cuarto se espesó demasiado, descorazonado tal vez ante las protestas de un caballo que no quiso arrodillarse por orden de sus espuelas o por el vacío anterior. Se eternizó para matar, precipitado y desnortado en un bajonazo criminal. Á. G. ABAD TERUEL. La tarde fue de emociones. De arte, de respiración contenida, de tragedia vislumbrada. Al final, de cante grande, del mejor toreo de un chaval que está apuntando a lo más alto y que en algún momento ha de abrirse paso en un escalafón un tanto adormecido. Paulita dejó el sello de su excelencia en una actuación en la que, pese a no tener de su parte al ganado, dibujó soberbios muletazos. Dos series con la mano derecha al segundo valieron por muchas tardes de toros. Su disposición, su variedad con el capote y una ambición a raudales le ponen en la parrilla de salida de una carrera en la que está llamado a puntuar muy alto. Momentos de tensión El milagro se produjo en el tercero. A Miguel Ángel Perera le volteó el de La Laguna al rematar una chicuelina. Se levantó sin mirarse, con garra, y fue alcanzado nuevamente, esta vez de muy mala forma, cayendo al suelo con todo el peso de su cuerpo sobre el cuello y quedando inerte sobre la arena. Momentos de tensión. Por un instante se temió lo peor en un angustioso traslado del joven torero a la enfermería. Afortunadamente todo quedó en una pérdida de consciencia y en un pronóstico reservado por un esguince cervical, y el traslado al hospital de Teruel para su observación y estudio radiológico. Sebastián Castella anduvo muy decidido aunque sin suerte en el improvisado mano a mano en el que quedó la corrida tras la cogida de Perera. El francés no anduvo fino con la espada, que emborronó una labor plena de ilusiones. La primera de las corridas de toros de la Feria del Ángel nació con la amenaza de huelga del colectivo de subalternos en una protesta por unos despidos en la cuadrilla de Miguel Ángel Perera, que pareció estar muy solo en los pocos momentos en los que pisó la arena antes de la cogida. El extremeño hasta tuvo que esperar que su picador abandonara el ruedo para hacer el quite que pudo resultar trágico.