Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
54 Sociedad JUEVES 7 7 2005 ABC Comunicación Judith Miller, del New York Times va a la cárcel por negarse a revelar sus fuentes La revista Time tira la toalla y decide cooperar con las autoridades PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. La defensa de una herramienta fundamental del periodismo- -las fuentes confidenciales- -le costó ayer la cárcel a Judith Miller, periodista del New York Times Por negarse a identificar la fuente gubernamental que supuestamente divulgó hace dos años la identidad de una agente de la CIA casada con un diplomático crítico de los planes bélicos de la Administración Bush en Irak, la redactora fue encarcelada ayer en Washington por orden del magistrado federal Thomas Hogan. Una medida de coerción que el New York Times ha calificado como draconiana contra una periodista que sólo cumple con la básica responsabilidad profesional de proteger a sus fuentes. Durante la misma vista celebrada ayer en la capital de Estados Unidos, no televisada pero seguida con especial atención por la profesión periodística de todo el país, el reportero Mathew Cooper de la revista Time se ha declarado dispuesto a testificar ante un gran jurado utilizado en estas pesquisas para determinar el alto cargo de la Administración Bush que se dedicó a identificar a Valerie Plame entre varios periodistas como agente de la CIA. Información que terminó el 14 de julio del 2003 en un artículo publicado por el tertuliano conservador Robert Novak, que de momento no ha recibido remotamente las mismas presiones judiciales que sus compañeros. Divulgar la identidad de un agente secreto de los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos es un grave delito federal sujeto a penas de cárcel. Pero para presentar cargos efectivos, el Ministerio Público tiene que demostrar que la acción fue intencionada y maliciosa. En el caso de Valerie Plame, su marido- -el embajador Joseph Wilson- -ha denunciado que la filtración fue orquestada por la Casa Blanca para desacreditar sus dudas públicas sobre la existencia de armas de destruc- MÁRKETING DE CIUDADES ÁNGEL RIESGO La periodista norteamericana, con sus abogados ción masiva en Irak y las manipulaciones para justificar el uso de la fuerza. Mathew Cooper informó ayer al juez Hogan que, justo antes de salir de casa, su fuente le había liberado de la obligación de confidencialidad. El periodista- -que no comparte la decisión adoptada por su revista la semana pasada de cooperar con estas pesquisas facilitando notas y correos electrónicos- -ha declarado que ya se había despedido de su familia dispuesto a ir a la cárcel pero en una forma bastante dramática esta elusiva fuente le había dispensado de sus obligaciones. EPA No hay completa confidencialidad En este pulso sobre fuentes confidenciales, el fiscal Patrick Fitzgerald ha argumentado que resulta intolerable el libre albedrío de periodistas cuando lo que estamos intentando es llegar al fondo de esta cuestión y determinar si un delito ha sido cometido y quién es el responsable Fitzgerald venía solicitando el en- carcelamiento de Cooper y Miller insistiendo en que los periodistas no tienen el derecho a prometer completa confidencialidad, nadie en Estados Unidos tiene ese derecho Judith Miller, criticada por haber publicado en el New York Times una serie de cuestionables informaciones sobre el arsenal no convencional atribuido al régimen de Sadam Husein, ha insistido en que resulta imperativo que los periodistas cumplan con el compromiso fundamental de proteger a sus fuentes, que sólo revelan importante información si se les garantiza su anonimato. Siendo el caso de garganta profunda durante Watergate el mejor ejemplo posible. Según Miller, forzar a que los periodistas renieguen de estas responsabilidades imposibilita el desempeño de su trabajo. En la actualidad, 31 Estados de la Unión y el Distrito de Columbia tienen algún tipo de legislación para proteger el secreto profesional de los periodistas. La larga sombra de Karl Rove Karl Rove, el gurú político del presidente Bush, ha reconocido que habló con el periodista Mathew Cooper justo días antes que el nombre de Valerie Plame apareciera publicado en los medios de comunicacion. Pero a través de su abogado, el conocido arquitecto de las recientes victorias electorales del Partido Republicano ha insistido en que nunca ha filtrado información confidencial sobre ningún agente secreto de la CIA. Aunque el embajador Wilson identificó en su momento a Rove como principal sospechoso en este escándalo, la Casa Blanca ha calificado estas acusaciones como totalmente ridículas y sin fundamento. No obstante, el poderoso asesor del presidente Bush tuvo que declarar hace un año ante el gran jurado utilizado por los fiscales del Departamento de Justicia para esclarecer este polémico caso. Sumario en el que el Tribunal Supremo ha optado finalmente por no intervenir a favor de los periodistas afectados del diario New York Times y la revista Times Judith Miller y Mathew Cooper, respectivamente. yer vivimos el éxtasis de cinco ciudades intentando llevarse el premio inmenso que son los Juegos Olímpicos. Con muy pocas excepciones, los políticos de todas las tendencias se unieron alrededor de su marca, de su marca ciudad. Al tiempo que se asomaban los más bajos instintos nacionalistas en los debates sobre la comida británica o el estadio parisino, cada uno por separado cantaba las bondades de su ciudad para presentarla como la mejor futura sede. Hemos tenido 48 horas milagrosamente apolíticas, casi todo se ha callado para escuchar la voz del heredero del Barón de Coubertain al decir el nombre de Londres como ciudad ganadora. Todo este enorme evento tenía su razón de ser en el deporte y en la competición, pero tenía su posibilidad de ser en la publicidad. Los Juegos Olímpicos cambian ciudades, movilizan gobiernos, influyen en el PIB de los organizadores, aunque a veces se olvide que la fiesta la paga la publicidad y la paga porque es rentable para las empresas anunciantes; así las empresas generan riqueza común creando también valor para ellas mismas. Hemos visto cómo las ciudades mostraban su cara más bella. Esos patinadores de los vídeos de París, en una ciudad abierta, chocan frontalmente con la realidad de la ciudad más bella y más atascada del mundo; esos cielos brillantes y soleados en Londres o en Moscú; esos árabes sonrientes en Nueva York, hacían dudar a cualquier cabeza pensante, pero todo valía si el premio era traerse para la respectiva ciudad los muchos cientos de millones de euros que depositan los Juegos en la urbe bendecida por los 100 miembros del Comité Olímpico. Ahora le toca a Londres sufrir para ganar, unos años de obras tremendas, ¿alguno recuerda las de Barcelona en 1991? Dejarán paso a una ciudad nueva que reciba ese acontecimiento, verdaderamente político si la política es lo que a los ciudadanos interesa e influye, verdaderamente nacionalista al enfrentar en el deporte a unos países contra otros, verdaderamente global porque interesa a toda la esfera, o al menos a toda la parte de la esfera que tiene capacidad y fuerza para interesarse por el deporte y por su país, y verdaderamente publicitario por la envergadura del evento y la cantidad de espectadores potenciales. Ha ganado, sin duda, la capital de la publicidad, donde la publicidad tendrá más y mejor efecto. Enhorabuena a Londres. A