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ABC JUEVES 7 7 2005 Internacional 25 Bob Woodward se adelanta con un volumen recibido con críticas demoledoras en la carrera emprendida en Estados Unidos de libros instantáneos generada por el desvelado gran secreto en la saga Watergate El negocio de garganta profunda PEDRO RODRÍGUEZ, CORRESPONSAL WASHINGTON. Aunque todo el mundo ha tenido que esperar casi treinta años para saber que Mark Felt- -número dos del FBI- -efectivamente fue la decisiva garganta profunda en el caso Watergate, el empeño por rentabilizar uno de los secretos más legendarios en la historia del periodismo ha alcanzado una velocidad supersónica. Cinco semanas después de que la revista Vanity Fair publicase la exclusiva del año, Bob Woodward ha puesto ayer a la venta su propia versión de esta saga, acompañada por un corolario de su viejo colega Carl Bernstein. Un librito de generosos blancos y amplios márgenes recibido con una salva de críticas demoledoras por su contenido superficial e interesado. El volumen de Woodward, titulado El hombre secreto y publicado por la editorial Simon Schuster, intenta explicar que el ahora nonagenario y senil Mark Felt se convirtió en garganta profunda por su deseo de proteger la reputación de su querido FBI, su ani- madversión hacia la Administración Nixon que le negó la posibilidad de ascender al puesto de director, y la fascinación de participar en el peligroso juego de las filtraciones periodísticas. De hecho, Woodward detalla que Mark Felt llegó hasta el extremo de casi cometer perjurio para proteger su secreta identidad. Dentro de todo este mundo de confidencias y traiciones, el periodista apunta su sospecha casi paranoica de que dentro de la plantilla del Washington Post alguien colaboró con la Casa Blanca y el Departamento de Justicia, pasando chivatazos sobre informaciones sobre Watergate todavía no publicadas en el periódico. Para explicar la longevidad de este secreto, Bob Woodward reconoce que la estela de Mark Felt se difuminó por indicios tan triviales como no fumar pese a las descripciones de garganta profunda como consumidor de cigarrillos o cuestiones cronológicas como el seguir disponiendo de informacio- nes confidenciales después de abandonar su puesto de responsabilidad en el FBI. Con el fin de desviar sospechas, Woodward- -además de mentir repetidamente incluso a compañeros del periódico- -llegó a aceptar el encargo de entrevistar abiertamente a Mark Felt en su despacho del cuartel general del FBI y en presencia de otros agentes. Bob Woodward Charada inconfortable El periodista describe la entrevista que no pudo evitar como un charada de lo más inconfortable durante la fase más crítica del escándalo que terminó con la presidencia de Richard Nixon. Para completar la geografía de Watergate en Washington, Bob Woodward también ofrece la dirección exacta del garaje subterráneo donde se reunió varias veces con su fuente. Un aparcamiento comercial al que se accede a través del número 1820 de la calle North Nash en Arlington y que ayer AP era filmado profusamente. Con todo, Bob Woodward se encarga de restar validez alguna a cualquier cosa que publique en el futuro Felt. Según el periodista, desde el año 2000 la memoria de su fuente privilegiada se ha desvanecido víctima de un progresivo cuadro de demencia senil. Pese a ese diagnóstico, la familia Felt ha llegado a un acuerdo con la editorial Public Affairs para sacar cuanto antes al mercado su propio libro biográfico, con posibilidades de convertirse algún día en una película de Hollywood.