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ABC JUEVES 7 7 2005 Opinión 5 MEDITACIONES LA SENTENCIA P UEDE resultar simplista, pero para muchos la clave de que Madrid se quedara a un palmo de la gloria olímpica- -más allá de que el COI sea una torre de Babel que no aguanta el análisis científico- -tiene mucho que ver con la señal que Estados Unidos- -caído en combate Nueva York- -le hizo a los suyos. El pulgar para abajo indicaba que Madrid no debía ser, en ningún caso, la elegida. La venganza es un plato que se sirve frío y se cumplió el designio. Los exégetas leen entre números y echan cuentas sobre lo que podría haber sido la votación si las cosas entre Bush y Zapatero no fueran lo que son. Futuribles cuya clave tiene que ver con un pasado que algunos no olvidan. Facturas a fecha vencida cuyo primer cobro hizo añicos la cartera de sueños de Madrid. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR CÓMO NOS VENDEN LA MOTO DE NOAM CHOMSKY E I. RAMONET Editorial Icaria Barcelona, 1995 104 páginas 7 euros EL ITER Y LA OLIMPIADA 2012 A Chomsky como gran censor En todo afán terrenal por salvar el mundo negando la realidad queda rastro de aquella cal que blanqueaba sepulcros. La obstinación de Noam Chomsky por tergiversar Historia y política ya es célebre: le secunda Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique evangelio de quienes llevan chándal taiwanés, explotan una canguro filipina y saben que la globalización es el infierno. Lleva Chosmky tantos años en el empeño que es como si la guerra de Vietnam no hubiese terminado, que Castro fuese un arcángel o que el Holocausto- -como sugieren sus complicidades revisionistas- -nunca tuvo lugar. Si Cómo nos venden la moto ya va por su decimonovena edición en España, nada extraña que el pensamiento único sea el que es. No hubo crímenes de Pol Pot; el 11- S fue una pequeña traca. La vasta conspiración capitalista empobrece guetos urbanos y tribus inocentes, el rostro del planeta se encanalla con la polución postindustrial y se venden más motos que nunca. Radicalmente antiindividualista, Chosmky añora soluciones colectivas más bien totalitarias. Ninguna opinión puede ser libre en Occidente, lo fue o no lo fue en la URSS, lo es o no lo es en Palestina, sobrevive o agoniza en Le Monde Diplomatique VALENTÍ PUIG NALICEMOS algún elemento en la elección de Londres como sede de la Olimpiada 2012. El 28 de junio, Francia, pero también la Unión Europea, ganaban un pulso internacional: el primer reactor experimental de fuerza termonuclear se instalará en el sur de Francia, tras la Costa Azul. Dos planos dominan la vida internacional, déjennos divagar un instante: el plano público, unas veces de gran coherencia, otras convertido en teatro del absurdo, desembarco de Normandía o, 60 años después, referendos europeos en Francia y Holanda. En el otro lado del espejo, forcejeos globales de los estados: casi siempre rigurosos, a veces secretos, siempre reservados. La gran diplomacia negocia y decide. En este último caso se encuadra el ITER, (International Thermonuclear Experimental Reactor) una revolucionaria posibilidad, basado en la fusión, no en la fisión, que fuerza a los núcleos de una célula a unirse y libeDARÍO rar así cantidades ingentes de enerVALCÁRCEL gía. La guerra para sustituir al petróleo no acaba de empezar. Los hidrocarburos se agotarán al ritmo actual antes de cien años. Las grandes compañías, sobre todo americanas y chinas, dan batallas campales pero calladas para controlar el proceso. Choques frecuentemente crueles, sangrientos. El presidente Bush tendría algunas peripecias que contar sobre esta silenciosa confrontación, en la que actúa con simpatía no desinteresada hacia dos gigantes americanos, Exxon Mobil y Chevron Texaco. ITER es una esperanza en la que se invierten, por el momento, 10.000 millones de euros. Aunque sea una cifra infinitesimal si se calcula lo que pudiera generar (10.000 millones, unas horas, 24, 48, de consumo de hidrocarburos en el mundo) Ante el ITER, Estados Unidos y Corea se alinearon con el otro candidato, Japón. China y Rusia apostaron por la Comunidad Europea. En ese consorcio de seis miembros hay más coincidencias de lo que parece. Es urgente descubrir una nueva fuente de energía, viable, accesible, segura: el mundo se juega el cuello en el asunto. Mantener la apuesta por un bien antiguo, escaso, perecedero y quizá mortífero no es sensato. Quizá por esa razón energética (y por el triunfo, en sordina, de Pascal Lamy, ex comisario francés en Bruselas, nuevo director de la Organización Mundial del Comercio) Francia haya sido derrotada en Singapur. Quedaba el Reino Unido, un aliado prepolítico de Washington. No se trata de la alianza Bush- Blair, efímera, sino de la relación profunda entre la colonia, emancipada hace 230 años, y la antigua metrópoli. El mundo anglosajón ha acabado por imponerse brillantemente en la batalla olímpica. Pero la confrontación sigue. No son alineamientos simples. Son relaciones de mil teclas, continuamente cambiantes, en las que todo cuenta, en busca del inestable equilibrio. China apoyará cuando le interese a Estados Unidos. Rusia, más débil, podrá buscar el respaldo ocasional de Japón, su vecino del este. A pesar de los movimientos para la galería, la relación internacional más enraizada e ininterrumpida es la de Europa con Estados Unidos. Relación con Francia, Reino Unido, Italia, España. Pero también con Alemania, Holanda, Polonia, Grecia, Portugal, Austria, sin olvidar a nórdicos, checos, bálticos, finlandeses, húngaros. La enumeración, aparentemente obvia, no lo es del todo. Europa está compuesta por factores antiguos y diversos. Civilizaciones de veintitantos pueblos, grandes y pequeños, pueblos germinales, irlandeses, portugueses... El elemento más potente de la Unión Europea engloba una docena de proyectos concretos: ideas que pugnan por transformarse en realidad, ecuaciones y logaritmos capaces de cambiar el mundo. No tenemos sólo el euro o el acervo comunitario. La investigación genética con células madre, los cohetes de Ariane, los megaaviones de Airbus, Galileo, ITER, la vacuna antisida son procesos que avanzan. Lo hemos escrito ya y lo repetimos hoy. En esos proyectos se fundará la relación futura, e inmediata, entre Norteamérica y Europa.