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ABC JUEVES 7 7 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC MADRID, MÁS ALLÁ DE LOS JUEGOS POR FERNANDO GONZÁLEZ- URBANEJA PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE LA PRENSA DE MADRID Es buena hora, con la experiencia adquirida y sin esperar al siguiente concurso olímpico para el 2016, de poner sobre la mesa otros objetivos más sustanciales y permanentes. Madrid está en el mapa, cuenta, puede y debe aspirar a desarrollar sus propios proyectos... L 2012 veremos los Juegos Olímpicos por la tele, tal y como hubiera ocurrido a la inmensa mayoría de los madrileños, de celebrarse aquí cerca, a unos pocos kilómetros. Lo mismo, pero con alguna molestia menos. Madrid ha concurrido por primera vez a la competida subasta de los Juegos y, aunque llegó lejos en su pretensión, no alcanzó el premio por poco. Se estrujaron las posibilidades hasta última hora, pero no confluyeron en el momento preciso todas las circunstancias, los votos requeridos para alcanzar la condición de ganador. Sin embargo, no es un logro menor la reflexión, el análisis, la preparación, la búsqueda de aliados, que exige una apuesta de esta naturaleza, y que ha cursado sin sobresaltos ni emociones desbocadas. El trabajo se ha hecho con naturalidad y rigor, con consenso político y seriedad; con demagogia contenida, sin escándalo y con renuncia a localismos de campanario, de o todo o nada; sin la ofuscación de: ¡o Juegos o catástrofe! E Fue tiempo perdido, no sirve poner puertas a la creatividad, lo procedente es colocar estimulantes, marcos que propicien el despliegue de la imaginación. Menos impuestos y más libertad, menos reglamentos y más respeto y confianza en los individuos con sueños. Esa es la ventaja comparativa de este nuevo Madrid que se estira y crece más allá del mejor pronóstico. No hacer los Juegos no es una crisis, más bien es una crisis que encierra una oportunidad. La de reorientar los esfuerzos a objetivos menos efímeros. Un gran equipamiento deportivo puede ser deseable, podría producir bienes públicos y oportunidades individuales. Pero esos recursos al servicio de otras causas pueden proporcionar rendimientos superiores y más permanentes. Por ejemplo, esos mismos recursos al servicio de la maltratada educación secundaria o de la excelencia universitaria o de las artes y los oficios que alienten a artistas y artesanos son metas más consistentes que organizar un mes de espectáculo para la televisión, que bien podría producirse en unos estudios ad hoc en medio de la meseta o el desierto. No es logro menor que con la experiencia acumulada en la carrera por los Juegos de 2012 se plantee ahora, sin reposo ni agobio, con fuste y con menos rigidez que la que impone organizar ese acontecimiento recurrente, una panoplia de objetivos y dotaciones más adecuadas para mejorar una ciudad como Madrid, y multiplicar las oportunidades para los ciudadanos. Madrid es una ciudad desbocada que crece sin programa calculado, que desborda las previsiones y que consigue hacer lo que nadie imaginó. No es una ciudad de manual, planificada con tiralíneas, de bulevares y avenidas a cordel, de definición cerrada o definitiva, previsible y prevista; no vive a la sombra o bajo la referencia de un pasado, de una institución o de un acontecimiento histórico. Más bien escribe a lapicero su vida cotidiana, sin diseño predeterminado, y da la espalda al encogimiento, a la renuncia a cualquier ilusión. Otorga el carácter de madrileño a quien expresa la voluntad de serlo. Tiempo atrás un urbanista sin proyecto decretó que Madrid no debía crecer, que tenía que conformarse, que había tocado techo, que no había espacio ni para la industria ni para los servicios, ni para nuevos residentes. Formuló un Plan al servicio de esa idea equivocada, que pronto saltó por los aires. Madrid es hoy una ciudad a borbotones que se inventa y reinventa cada poco tiempo. Una ciudad vieja y con difícil justificación; se explica por su propia existencia, porque sí, ¡y punto! Y esa condición emocional libera a los madrileños de servidumbres y miradas atrás. Los de Madrid son de aquí y de allá y asumen las dobles o triples filiaciones con naturalidad y desparpajo, porque sumar e incluir ayuda a crecer. Llegados a este día, al D +1, cancelado el proyecto olímpico 2012, no se agotan las posibilidades ni los objetivos de Madrid; ese no era el punto de partida ni el de llegada para la trasformación de la ciudad; más bien una coartada, una oportunidad que pasó al lado. Entre otras razones, porque Madrid es una ciudad definitiva e irreversiblemente abierta y compleja, que ha derribado los fielatos donde se pedían cuentas por lo que se traía o se llevaba, que no cobra derechos de entrada por venir a ofrecer o a aportar, ni impone exigencias identitarias. La morfología, la naturaleza de esta ciudad, está en permanente construcción, con una tolerancia inteligente y aprovechada que trata de sumar sin tregua. Madrid hoy es comercio y tránsito; el primer mercado de la Península Ibérica, del sur de Europa, y también la primera plataforma de intercambio y de producción. Se nota en Barajas y en Mercamadrid, en los nuevos parques empresariales de Tres Cantos y en el veterano Cobo Calleja, puerto seco de productos asiáticos. Se percibe en IFEMA y en las galerías de arte que festonean los grandes museos. Seguro que faltan algunos hervores, que quedan algunas cutrerías por sanar, pero el camino recorrido, sin pedir permiso a la autoridad, es meritorio y esperanzador. Madrid es un sitio donde llegar para irse o para quedarse, o para todo ello en simultáneo; para comprar y para vender, para buscar lo escaso y ofrecer lo singular. En Madrid se pregunta poco, se negocia mucho, se materializan contratos; aquí emergen oportunidades y, además, la gente lo pasa bien y puede sentirse acogida sin responder muchas preguntas, sin explicaciones innecesarias ni adhesiones inútiles. Madrid es, cada día más, espacio de libertad, para la libertad, que no requiere de más estatuto, ni reclama deudas inventadas, más bien se afana en mirar adelante e imaginar nuevas boadillas Algunos siguen anclados en la idea de que Madrid empieza y acaba en el Estado, que vive de y para los ministerios y las instituciones, que obtiene de ello ventajas y que es propenso a sumisiones, como siglos o décadas atrás. Hoy no es así, basta con darse una vuelta por las calles, por los bordes de las autovías circulares o radiales, por las cornisas de las autopistas, o por el centro histórico, para percibir la pujanza de muchas empresas pequeñas y medianas, la multiplicación de iniciativas que nacen para crecer o morir, y para ver el despliegue de imaginación en las actividades más diversas. No faltan iniciativas en el sector primario con una agricultura de marca, que transforma y obtiene valor añadido. No hay repliegue de las industrias tradicionales, más bien sustitución, ortos y ocasos que se dan el relevo. Industrias de futuro y pasado como la química o la farmacia instalan sedes y subsedes, y a un mercado interior pujante, que requiere colosales plataformas de distribución, se suma un comercio exterior ambicioso. Descargados del agobio de organizar unos Juegos efímeros, es buena hora, con la experiencia adquirida y sin esperar al siguiente concurso olímpico para el 2016, de poner sobre la mesa otros objetivos más sustanciales y permanentes. Madrid está en el mapa, cuenta, puede y debe aspirar a desarrollar sus propios proyectos sin que el 2012 sea la estación término. Barcelona 92 fue un gran éxito, tanto que al día siguiente, satisfechos de lo demostrado, descansaron. En Madrid se madruga cada día más porque hay mucha tarea y no hay que pedir permiso. Hay más grandes superficies y más pequeños comercios imprescindibles que en ningún otro sitio de Europa y se abre más horas que en algún puerto franco. Aquí fue alcalde uno que nació en Sevilla y mantiene el acento; presidió la naciente comunidad otro de Santander, encabeza la Asamblea (lo de Parlamento queda para el de la Carrera de San Jerónimo, el de los leones) una señora que nació en Burgos y nadie pregunta: usted ¿de dónde viene? Porque son muchos los que llegan de otro lado y se quedan y se sienten en su casa en construcción.