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ABC MIÉRCOLES 6 7 2005 Cultura 59 ÓPERA La flauta mágica Música: W. A. Mozart. Libreto: E. Schikaneder (textos adicionales de Rafael Argullol) Director musical: Marc Minkowski. Proyecto escénico: La Fura dels Baus, Jaume Plensa. Director de escena: Álex Ollé, Carlos Padrissa, La Fura dels Baus. Escenografía y vestuario: Jaume Plensa. Creación videográfica: Franc Aleu. Iluminador: Albert Faura. Intérpretes: Daniel Borowski, Toby Spence, Erika Miklósa, Patricia Ciofi, Brett Polegato, Emmanuelle Groizé, Markus Brutscher. Lugar: Teatro Real, Madrid, 5- VII LA FLAUTA QUE SÍ SUENA ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE legó La flauta mágica al Teatro Real, destino final de la actual temporada. Para que nada decaiga, lo hace con el incentivo de una producción alabada en su estreno en la Ruhr Triennale, en 2003, y que se encontró con opiniones de todo tipo en su reposición en la Ópera de París. Es lógico. Tras la obra de Mozart está el trabajo escénico de La Fura dels Baus y del artista plástico Jaume Plensa, cuyas incursiones en el teatro musical no han dejado de llamar la atención desde que hace diez años se presentaran en el Festival de Granada escenificando la imposible Atlántida El caso es que mucho se ha escrito ya sobre esta producción y posiblemente no de primera mano. Por supuesto que toda ella está trazada a través del peculiar lenguaje furero que, ya se sabe, se apoya en lo espectacular, lo acrobático y lo simbólico, aun siendo, y aquí se demuestra una vez más, un lenguaje teatral que sabe comprender las necesidades de un género como la ópera. Pese al aparato, en esta Flauta se trabaja con comodidad, se canta siempre en situaciones posibles y en posiciones adecuadas, para que la voz se proyecte sin problemas. Lo demás es juguetear por una escenografía plagada de colchones hinchables, y sólo, en el mejor de los casos, hacer volar a Pamina aturdida por el canto de La Reina de la Noche, lo cual informa sobre la capacidad aventurera de la soprano Marie Arnet. Momentos como éste aceleran el corazón, quizá porque saben recoger toda la magia que requiere la obra. Otros sorprenden, como cuando se ve a La Reina de la Noche levitando sobre el foso de la orquesta. Algunos se concentran en una dulzura emocionante: posiblemente aquél en el Pamina llora por la felicidad del amor que se ha acabado mientras Tamino permanece encerrado en uno de los colchones que poco a poco se inclina sobre ella. O aquel otro ilustrando la marcha de los hombres armados, o el mismo final, cuando Tamino y Pamina se pierden por entre las tripas del escenario... antes de que atendiendo al más puro convencionalismo caiga el telón. La Flauta de La Fura es teatro capaz de narrar la obra y, al tiempo, dar- L Brett Polegago y Emmanuelle Goizé, Papageno y Papagena en La flauta mágica JAVIER DEL REAL El estreno estuvo animado por el simpático gesto de algún imbécil que, al parecer, dejó abandonado un reloj cuya alarma obligó a detener la representación. Una anécdota sin valor para el entramado de una Flauta excepcional En verdad que merece la pena contemplar en un escenario como el del Real las incidencias de esta Flauta mágica que por algo ha sido siempre una obra para escenógrafos. Pero no menos ponerle oídos. Si prodigiosa es la labor teatral, notabilísima es la musical, con un reparto que, en general, se distingue por su juventud, frescura vocal y ganas de participar. Destaca Marie Arnet pues pone musicalidad y bonita voz al cambiante carácter de Pamina, desde lo ingenuo hasta lo desamparado. A su lado, hay en Toby Spence un Tamino valiente, de voz timbrada y vibrante, con cierto empaque y cómoda línea de canto. Lo llamativo queda en manos de Erika Miklósa por la seguridad con la que ataca las endiabladas coloraturas de La Reina de la Noche y la muy notable realización que hace de su primera y doliente intervención. En Brett Polegato puede verse a un Pa- Erika Miklósa JULIÁN DE DOMINGO le gusto a aquellos iniciados dispuestos a penetrar en una dimensión más conceptual. Es ahí donde toma sentido el irrefrenable transcurrir de las proyecciones de vídeo, las letras y palabras que atraviesan el escenario hasta perder su significado y convertirse en puro grafismo. Y donde cabe situar los polémicos textos de Rafael Argullol que se escuchan en sustitución de las no siempre cómodas partes habladas. pageno con dotes de actor, sentido de la comicidad y una vocalidad amplia, sin revueltas, que dibuja bien su inmediata llaneza. Muy bien conjuntado el trío de damas y estupenda labor de los tres niños del Tölzer Knabenchor, afinados cantantes y actores en cierne. Luego queda el trabajo Markus Brutscher, cuyo físico es una declaración para la chulesca aptitud de Monostatos, y la intervención de Daniel Borowski, quien podría intensificar la magnificencia de Sarastro con algo más de rotundidad vocal, seguridad en la medida, una proyección más fluida y mayor resonancia en el grave. Y por encima de todos ellos el criterio común de Marc Minkowski, un director capaz de revelar recónditos parajes. Consigue de la Orquesta del Real un sonido turgente, redondo, hermoso, una actuación de puro virtuosismo, y del coro que cante con nobleza. Logra, pese a trabajar con el foso completamente abierto, el equilibrio exacto con el escenario. Matiza el sentido de cada instante, desde la obertura plagada de vibrante tensión hasta la delicadeza de la marcha de los sacerdotes. Sin duda en Minkowski se condensa la elocuencia de todo lo que allí se quiere mostrar. Él es la razón última para el éxito de una producción aplaudida ayer con la prudente efusión del estreno y animada por el simpático gesto de algún imbécil que al parecer dejó abandonado un reloj cuya alarma obligó a detener por unos instantes la representación. Una anécdota sin valor para el entramado de una Flauta mágica realmente excepcional.