Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 6 7 2005 Opinión 7 ¿Cuál es el sentido del límite de un Parlament que aprueba una moción que establece por decreto que el catalán es el identificador único de la cultura catalana? ¿Cuál es el sentido del límite de un Govern que, como los Comités de Defensa de la Revolución del camarada Castro, crea una Oficina de Garantías Lingüísticas que es una invitación a la delación de quien no usa el catalán en la actividad comercial? ¿Cuál es el sentido del límite de un Govern que reivindica una financiación que rompe la solidaridad- ¡menuda izquierda! -interregional? Y si hablamos de la eficiencia hay que hablar del hundimiento del Carmelo, del fracaso escolar, de una sanidad arruinada, de un sistema penitenciario que da más permisos de los que se querrían dar porque las prisiones están saturadas (Maragall) y de un govern que es incapaz de ponerse de acuerdo para construir infraestructuras viarias y eléctricas. Resta la ironía concebida como juego del entendimiento que no ofende. ¿Quizá el viaje a Perpiñán de Carod- Rovira no ofende a las víctimas? ¿Quizá el asunto de la corona de espinas protagonizado por Maragall y Carod- Rovira no ofende la sensibilidad de creyentes y no creyentes? ¿Habrá que hablar de las palabras de Carod- Rovira sobre Madrid 2012? LA ESPUMA DE LOS DÍAS QUERELLAS INTERNAS ROPEZAR una y mil veces en la misma piedra. Caer en las trampas más burdas y elementales. Hacer el juego al adversario, para disputar sobre una expectativa futura e incierta. Si no es una maldición de los dioses, debe tratarse de un factor genético. Parece, en efecto, que la capacidad racional del ser humano es limitada: todos los partidos que pierden el poder abren una querella interna que se traduce en la fórmula perfecta para un fracaso seguro. Aquí y ahora: Piqué habla a destiempo; Rajoy aclara las cosas; Acebes cierra con elegancia. Como dice el personaje de Kafka, en El médico rural uno nunca sabe lo que se va a encontrar en su BENIGNO propia casa Llevan mePENDÁS ses ciertos líderes populares jugando con fuego y alguno terminará por quemarse. Los electores españoles siempre pasan factura a los partidos quebrados o desunidos. Es una vieja querencia del modo de ser hispánico: es imposible que sepa gobernar república el que no sabe regir su casa... decía en sus espístolas Fray Antonio de Guevara. Hace bien Rajoy, desde la lejanía física, en hacer gala de su autoridad en el partido, porque no todos entienden su forma de concebir el orden espontáneo. Tal vez convendría (sea en maitines, en vísperas o en sigüenzas) encargar un manual de sentido común. Más o menos así. El PP necesita once millones de votos para gobernar. Debe, pues, sumar; nunca restar o dividir. Ha resistido el primer año de oposición, el más difícil con mucho. Compárese con el PSOE, después de un año de Aznar. Las señas de identidad del PP se sitúan en el centro- derecha, con evidentes matices territoriales e ideológicos. Nada especial. ¿Qué decir entonces de los socialistas? Los principios son irrenunciables. Las estrategias deben ser inteligentes y razonables. Las personas son piezas de un proyecto común. Hay sitio para todos, incluso demasiado, si cada uno sabe administrar su contribución. La sociedad española es como es: premoderna, a veces; posmoderna, otras, tal vez demasiadas. No está para exigencias. A algunos nos parece lamentable, pero conviene ser realistas. Desde el poder se puede hacer algo para mejorar. Se hizo mucho en los años buenos del gobierno anterior. Quedaron temas pendientes. Entre ellos, la batalla de las ideas, que pasó factura en el peor momento. El PSOE pretende prolongar el juego, sin atender a la lealtad que se debe a la nación y al Estado. Quiere romper el empate sociológico, abriendo grietas en el PP y formando masa constituyente con el nacionalismo. ¿Qué hacer? Ante todo, no marcar goles en propia puerta. Trabajar mucho. Ganar algún voto cada día en ese esfuerzo oscuro que implica la política democrática. Convencer a una sociedad renuente. Por ahora, irse pronto de vacaciones. Volver igual de pronto, con nuevas energías. Hoy, por supuesto, volcarse con los nuestros en Singapur. T ÁNGEL CÓRDOBA partidos nacionalistas que se empeñan en la redacción de un nuevo Estatuto que concibe Cataluña como una nación e implica la reforma de la Constitución y de una decena de leyes orgánicas? ¿Cuál es el sentido del límite de unos políticos que exigen relaciones bilaterales con el Estado, que conciben el Estado como una comunidad autónoma dotada de competencias limitadas, y que reclaman competencias blindadas que van más allá de la Constitución? ¿Cuál es el sentido del límite de una ERC que amenaza con dejar en minoría al PSOE si los socialistas no ceden a sus exigencias? ¿Por qué ocurre lo que ocurre? Volvamos a Ferrater Mora. El filósofo, en Reflexiones sobre Cataluña (1955) afirma que no es conveniente olvidar que el pasado ha de ser efectivamente un pasado en lugar de convertirse en el reflejo de cualquier melancólico recuerdo. Si no hacemos esto, enfermaremos de pasado, y será difícil curarnos de tan traidora enfermedad Ahí está el secreto de lo que acontece en Cataluña: el tripartito está enfermo de pasado. Cosa que se traduce en el melancólico recuerdo de una- -supuesta- -edad de oro en la que existía una Cataluña Grande y Libre. Y a eso se quiere volver. Y por eso se minusvalora o ridiculiza lo español, se reivindica un nuevo Estatuto en clave soberanista, se impulsa el monolingüismo y se penaliza el bilingüismo, se habla de identidad en lugar de ciudadanía, se prioriza la nación en detrimento de la gestión. Mientras tanto, según datos del recién creado Centre d Estudis d Opinió de la Generalitat, sólo el 0,4 por ciento de los catalanes incluye el Estatuto entre los temas que interesan. Se quiere construir una Cataluña Grande y Libre y se diseña una ínsula barataria. PALABRAS CRUZADAS ¿Cree que han sido oportunas las declaraciones de Piqué? NI TIEMPO, NI LUGAR, NI FORMA A prueba de que las declaraciones de Piqué no han sido oportunas es que su autor se ha visto obligado a matizarlas o rectificarlas. Y no lo eran ni por el momento, ni por el lugar, ni por la forma. Por supuesto, que cabe abrir el debate interno, que cualquier dirigente de un partido tiene, como todo ciudadano, libertad de expresión, y que el Partido Popular debe mejorar, especialmente en lo que se refiere a la comunicación con los ciudadanos. Pero todo tiene sus formas, su lugar y su tiempo. La referencia al pasado no es el argumento más pertinente en quien lleI. SÁNCHEZ va tiempo dirigiendo el partido en CaCÁMARA taluña o fue ministro de Aznar. Es muy probable que se avecinen algunos cambios, pero unas declaraciones como éstas son celebradas por el PSOE (prueba evidente de a quién benefician) y pueden poner en entredicho el liderazgo de Rajoy. Críticas de esta naturaleza, por lo demás legítimas, deben sustanciarse en el seno de las instituciones del partido. No se trata de una intervención ilegítima, sino prematura e inoportuna, y que, por otra parte, resulta extraña en un dirigente tan competente y necesario como Piqué. EL MARKETING DEL PARTIDO POPULAR L M E ha sorprendido bastante más la dura y excesiva respuesta de Rajoy que las críticas de Piqué. Porque ha magnificado unas declaraciones que tendrían que haber sido sosegadamente integradas en el ámbito de la libre expresión y del derecho a la discrepancia de los militantes. Pero si Rajoy ha ido tan lejos es, quizá, porque Piqué ha puesto el dedo en la llaga de un debate, aún latente, que ya está en marcha en el PP. No es un debate ideológico, es un debate sobre el marketing del partido. Y es que hay bastantes militantes populares, no sólo Piqué, que creen que la gestión de su imagen no es la más adecuada. Piqué se refería a eso y no a la política de AzEDURNE nar, al terrorismo o a los nacionalismos. URIARTE Acebes es un buen secretario general y Zaplana, un político astuto y experimentado, pero ni uno ni otro son los portavoces ideales del PP. Rajoy no ha resuelto el problema de comunicación de su partido. Su liderazgo no es discutido, pero podría ser bastante más eficaz si fuera acompañado de una política de marketing y comunicación mejor y de unos portavoces que imprimieran una imagen más adecuada al momento político actual y a sus nuevas exigencias. Quizá sea ésa la clave de los cinco puntos que separan al PP del PSOE, la deficiencia en la sintonización con el elector. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate