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6 Opinión MIÉRCOLES 6 7 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA MIQUEL PORTA PERALES CRÍTICO LITERARIO Y ENSAYISTA APÁRTATE QUE ME TIZNAS S ALVO los grandes líderes, unos pocos por generación, la mayoría de los políticos profesionales saben que su nutrición depende de una modalidad heliotrópica que les orienta hacia las fuentes cambiantes del poder. Josep Piqué es un ejemplo típico. El ahora presidente del PP en Cataluña, que viene de la extrema izquierda y que, nacionalismo incluido, ha recorrido todas las escalas del cromatismo político, siente la lejanía del confortable calor que emana un Gobierno y, después de haber retrocedido al grupo que preside al cuarto lugar entre los del Parlament, ha entonado el quiquiriquí propio del gallo desconsolado en un corral venido a menos. Necesita llamar M. MARTÍN la atención y, de paso, FERRAND preparar, según convenga, un mutis o una mudanza, que tampoco debe ser cómodo el papel que le toca jugar en la Cataluña del tripartito. Aclararé que no me gusta inmiscuirme en pleitos familiares. Si Piqué entiende que Ángel Acebes y Eduardo Zaplana son el pasado allá ellos en su convento cuando llamen a maitines y cada cual confiese sus pecados. Pero ocurre que el PP es el otro gran partido nacional, el único en ese ámbito para el centro- derecha, y que sus convulsiones nos sacuden a todos. ¿Por qué Piqué, al hacer ese censo de urgencia del pasado, no incluye en él a Mariano Rajoy? ¿Es algo personal o, más pobremente, una instancia de sustitución? Los cuatro personajes tienen, prácticamente, la misma edad. Piqué, el mayor, nació en febrero del 55- -Rajoy, en marzo- -y Acebes, el más joven, en el 58. No será ese pasado, el cronológico, el que se invoca, porque si estuviéramos en la normalidad cualquiera de los cuatro estaría ahora más para empezar a correr que para terminar la carrera. Debe aludir Piqué, en olvido de que fue cuatro veces ministro con José María Aznar, al vínculo aznarita de sus agredidos. ¿Aznar es el pasado? Si lo fuera, que tampoco lo parece, Piqué no ha hecho otra cosa que repetir lo que, según el cuento, le dijo la sartén al cazo. Las carencias del PP, vistas desde la lejanía, constituyen una enfermedad nacional, como ocurre con las del PSOE, porque, instalados en un bipartidismo fáctico con ruidos periféricos, cualquier alifafe de los dos grandes partidos se nos vuelve mal ciudadano. De ahí que, unido a lo que se ve en Galicia y a los susurros que ya recorren los mentideros madrileños, el grito extemporáneo de Piqué tenga un valor especial, anuncie tormentas y prevenga males próximos. Por otra parte, no deja de ser chocante que un partido que tiene acreditada su incapacidad comunicadora sólo resulte eficaz a la hora de lanzar a los cuatro vientos el pregón de sus miserias. Sean el pasado, el presente o el futuro- -unos y otros- -lo que sí tienen que hacer es apagar la luz antes de entrar en el dormitorio. Aunque nos aburramos los vecinos. ENFERMOS DE PASADO Lo que acontece en Cataluña se deriva, para el autor, del hecho de que el tripartito está enfermo de pasado lo que se traduce en el melancólico recuerdo de una supuesta edad de oro en la que existía una Cataluña Grande y Libre. Y a eso- -dice- -se quiere volver A Historia de Cataluña está repleta de pensadores que se han dedicado a caracterizar la esencia de lo catalán. Entre ellos, destaca la figura del filósofo José Ferrater Mora, que, en Las formas de la vida catalana (1944) señaló los cuatro rasgos que, a su decir, definían la manera de ser de los catalanes: la continuidad, el juicio, la mesura y la ironía. El filósofo entiende la continuidad como un proceso evolutivo que incluye la mutación, el juicio como sinónimo de comportamiento dotado de visión serena, la mesura como sentido del límite y la eficacia, y la ironía como un juego del entendimiento que no ofende. Si Ferrater Mora tuviera la oportunidad de observar el comportamiento de la mayoría de los partidos políticos catalanes, se vería obligado a enmendar una teoría que todavía hoy goza de reconocimiento en Cataluña. Vayamos por partes y empecemos por la continuidad. Los partidos políticos nacionalistas catalanes- -todos excepto el Partido Popular- -no se caracterizan precisamente por su evolución ideológica. En pocas palabras, el nacionalismo catalán de derecha e izquierda sigue pensando en términos decimonónicos cuando afirma que Cataluña, por ser una nación, tiene derecho no sólo a un trato preferente, sino incluso a la independencia. Al respecto, convine remarcar el doble anacronismo del nacionalismo catalán: en primer lugar- -utilizando, por cierto, unos criterios definidos por Stalin- -obstinarse en sostener que Cataluña es L una nación; en segundo lugar, continuar embarrancado en el principio de las nacionalidades del XIX, que sostiene que a cada nación le corresponde un Estado. ¿Cómo puede decirse que Cataluña es una nación por tener una identidad, una lengua, una cultura o una historia propias cuando dicha comunidad autónoma es- -por identidad, lengua, cultura e historia- -parte integrante de la nación española? ¿Qué sentido tiene reivindicar la soberanía regional en el marco de una Constitución que habla de la soberanía nacional española? ¿Qué sentido tiene reivindicar la soberanía en el marco de una Unión Europea que se funda en los Estados y la ciudadanía? De la continuidad al juicio entendido como comportamiento dotado de visión serena. ¿Dónde está la visión serena de un president Maragall que abre la crisis del tres por ciento para luego dar marcha atrás? ¿Dónde está la visión serena de un Maragall que propuso la incorporación de Cataluña a la francofonía? ¿Dónde está la visión serena de un CarodRovira que se va de copas a Perpiñán y que todavía- -como le pidió el president en sede parlamentaria- -no ha dado cuenta de lo sucedido? ¿Dónde está la visión serena de un Carod- Rovira que se niega a homenajear a Rabin porque en el acto no había una bandera catalana? Prosigamos con la mesura entendida como sentido del límite y la eficacia. ¿Cuál es el sentido del límite de unos -Acabo de comprobarlo: la cohesión interna de mi partido resiste mi ausencia de España, sólo si no llego hasta Singapur.