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ABC MARTES 5 7 2005 Nacional EL CASO ALCÁCER 19 Conmoción social Los días que siguieron a los asesinatos de Miriam, Toñi y Desirée El secuestro, brutal violación y posterior asesinato de Miriam, Toñi y Desirée marcó un antes y un después no sólo en la historia de la criminalidad de nuestro país sino también en los medios de comunicación, que convirtieron estos sucesos en un espectáculo más en el que en muchas ocasiones la veracidad y el rigor era lo que menos importaba. Todavía queda en el recuerdo la cobertura de algunas cadenas nacionales de televisión desde la misma noche del 27 de enero de 1993, cuando aparecieron los cadáveres de las jóvenes. Los reality shows habían llegado con toda su fuerza y los espectadores seguían los programas de forma masiva mientras se sucedían las voces que criticaban con dureza el nuevo fenómeno. Hubo programas que vivieron muchos meses de explotar el caso hasta la náusea, incluso con la ayuda de algún familiar desesperado. Pero desde el punto de vista criminal, los sucesos de Alcácer demostraron que aquellos crímenes horrendos que siempre pasaban en otros países, ya habían llegado a España. El miedo se apoderó de muchas familias que vieron cómo sus hijas eran vulnerables, que podían caer en manos de tipos tan siniestros como Antonio Anglés y Miguel Ricart, capaces de perpetrar crímenes de una crueldad sin límites. Era inseguridad ciudadana en estado puro y el Gobierno, entonces presidido por Felipe González, se veía incapaz de frenar esa sensación, entre otras razones porque no logró detener al principal acusado, Antonio Anglés, aún hoy en ignorado paradero, aunque todo apunta a que está muerto. Antonio Anglés El 13 de noviembre de 1992, Miriam, Toñi y Desirée, las tres vecinas de Alcácer, salieron de sus casas con la intención de ir juntas a una fiesta. La última vez que se las vio con vida estaban haciendo autostop. Tenían entre 15 y 16 años. Su rastro se perdió hasta el 27 de enero de 1993, cuando un hombre que paseaba por una zona conocida como el paraje La Romana se topó con un cadáver desenterrado. El hallazgo de los tres cuerpos ponía fin a dos meses y medio de una conmoción social que aumentó cuando se supo que las adolescentes habían sido torturadas. En 1997 Miguel Ricart fue condenado a 170 años de cárcel. Antonio Anglés no llegó a ser juzgado, pues había huido. Su trayectoria delictiva y pronóstico desfavorable de adaptación podrían haber desaconsejado el permiso, dice la Sala Tratamiento en octubre de 1991, cinco meses antes de que cambiara de opinión y decidiera concederle su primer y último permiso en marzo de 1992. A juicio de la Sala, Anglés tuvo un papel protagonista en las vejaciones, torturas y asesinatos de las niñas de Alcácer, aunque no fue condenado por estos hechos- -sí lo fue Miguel Ricart- -al estar en paradero desconocido. La Junta de Tratamiento de la prisión de Valencia permitió que el interno- -condenado anteriormente por delitos contra la salud pública, robos, atentados y detenciones ilegales- -saliera de prisión para disfrutar de siete días de permiso por buena conducta Anglés no volvió a la cárcel y sólo nueve meses después, cuando aparecieron los cadáveres de las tres niñas, se volvió a oír su nombre, pese a que desde el 10 de septiembre de ese mismo año pesaba sobre él una orden de busca y captura. Su detención no estaba asegurada La Sala recuerda que los hechos no se produjeron en el lapso temporal que media desde la no reincorporación después del permiso de salida (marzo) hasta el auto de busca y captura (septiembre) sino dos meses después, por lo que no puede afirmarse con la certeza necesaria que una busca y captura acordada puntualmente hubiese asegurado la detención de Anglés, que 13 años después sigue desaparecido.