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6 Opinión MARTES 5 7 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA ROSA DÍEZ DIPUTADA DEL PSOE EN EL PARLAMENTO EUROPEO PERDER LOS PAPELES NTRE bomberos, enseña un sabio dicho popular mexicano, no es prudente pisarse las respectivas mangueras. Un incendio es cosa seria y debe tratarse de que nadie salga chamuscado al apagarlo, ni tan siquiera tiznado. El presidente Rodríguez Zapatero y el lendakari Ibarretxe, en olvido de tan sabia conseja, no es que se pisen la manguera, es que taconean sobre ellas. Según el vasco, el Gobierno de Zapatero y su propio Ejecutivo mantienen negociaciones con ETA- Batasuna. Algo previo, dice, a la fase resolutiva Zapatero lo niega y, en consecuencia, caben tres interpretaciones posibles: a) miente Ibarretxe, b) miente Zapatero M. MARTÍN o c) son los dos quienes FERRAND mienten. Que cada cual saque sus conclusiones, pero sin ignorar que el problema está ahí y por mucho que lo disimule el folclore desplegado por los socialistas, trátese de bodas homosexuales o de divorcios vertiginosos, es uno de los asuntos verdaderamente graves que afectan a la nación y que, en consecuencia, exige una intervención resuelta, y a ser posible inteligente, del Gobierno con el deseable respaldo de la oposición. Dice Mariano Rajoy, y dice bien, que es una falta total de sentido común hablar con terroristas; pero la solución definitiva al problema no llegará, si es que llega alguna vez, por la vía de las teorías grandilocuentes, sino por el sendero de la astucia en la contemplación del caso. Algo imposible si el foco de la observación se concreta en los detalles de la actualidad. Hasta una modesta negociación para la compra- venta de una vivienda exige alguna discreción por ambas partes y, sospecho, no sería fácil, e incluso posible, rematarla si se realizara ante las cámaras de las televisiones y frente a una multitud de periodistas. En el terreno de los principios se puede y debe afirmar que los terroristas han de entregar sus armas como paso previo a cualquier negociación; pero, ¿qué negociación cabe para ellos si pierden la fuerza con la que sustituyen su carencia de razón? Por otra parte, ¿es lo mismo lo que pretenden negociar, si es que pretenden algo concreto, Zapatero e Ibarretxe? Se supone que la idea de Estado que cada uno de los dos lleva en la cabeza es muy distinta. Zapatero, aun en su alarmante posibilismo, debe ser partidario de un proyecto nacional que Ibarretxe, en su inquietante separatismo, no tiene razones para compartir. Así, si es que hubiere conversaciones con ETA y sus epígonos, sólo se conseguirá presentar una posición fragmentada porque, al menos en el espíritu de la Constitución, Zapatero e Ibarretxe representan al mismo Estado. No al Estado español y al proyecto de uno vasco. ¿Conclusiones? Ninguna, que si Tenorio no hace de Don Juan e Inés de Ulloa de Doña Inés, Doña Brígida termina recitando La vida es sueño. E REGRESO AL FUTURO La autora apuesta por la recuperación del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo y la unión de los partidos y organizaciones que defienden la Constitución para hacer frente a la nueva etapa del Gobierno vasco, que acaba de emprender el regreso a Lizarra MPEÑADOS como estamos siempre los vascos en ser únicos, hemos inventado la versión política de la película Regreso al futuro En la versión vasca, la ficción se convierte en realidad y los personajes atrapados en el pasado no sólo se niegan a regresar a su tiempo, sino que quieren llevarse con ellos al resto de sus conciudadanos. Ya habrán supuesto ustedes que me estoy refiriendo a la formación del nuevo Gobierno vasco, aunque para ser más precisa debiera decir a la formación, de nuevo, del viejo Gobierno vasco, del primero que presidió Ibarretxe. Era el Gobierno de la tregua constituido tras las elecciones del otoño de 1998. Eran los tiempos en los que el Pacto de Estella, la mayor traición del PNV a la democracia cometida en la segunda mitad del pasado siglo- -durante la primera parte ya tuvieron bastante con la traición a la República en el Pacto de Santoña- estaba recién estrenado. Eran tiempos en los que Ibarretxe pasaba aún por ser un pragmático bienintencionado. Eran lostiempos en los que el presunto pragmático Ibarretxe y el presunto demócrata Atutxa hicieron presidente de la Comisión de Derechos Humanos al terrorista Ternera. Eran los tiempos en que el presunto moderado Urkullu dijo aquello de que era una buena idea que asumiera esa responsabilidad alguien que tuvo en el pasado una relación en negativo con los Derechos Humanos Pronto descubrimos que la tregua había sido sólo una trampa. Pero la respuesta política y ciudadana a la traición del nacionalismo gobernante y a la persecución a la que ETA nossometía fue ejemplar. En aquellos tiempos se pusieron en marcha las iniciativas más exitosas en la lucha contra el terrorismo y contra el nacionalismo obligatorio. Con- E tra ETA se firmó el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. De ese pacto se derivaron no sólo las acciones de mayor eficacia judicial, policial y de cooperación internacional; también propugnó una cultura de entendimiento entre quienes, desde posiciones ideológicas dispares, nos sabíamos iguales en nuestro compromiso de defender los valores cívicos y la democracia. Y contra el nacionalismo obligatorio surgió Basta Ya, un movimiento cívico en el que se dieron cita todos aquéllos que teníamos como objetivo común defender la libertad y oponernos a un nacionalismo asfixiante y totalitario que trataba de institucionalizar derechos diferentes entre los ciudadanos vascos. Y Basta Ya salió a la calle para reivindicar que se nos aplicara también a todos lo que es de todos, la Constitución; para denunciar que en el País Vasco los derechos fundamentales que en ella están recogidos sólo los disfrutan los que quieren abolirla. Hoy los malos tiempos del pasado han regresado al País Vasco. Ibarretxe ha reeditado su pacto con el sucedáneo de Batasuna- ETA, cumpliendo minuciosamente un guión escrito hace ya bastante. Nadie debiera tener dudas, salvo que trate de engañarse o justificar lo injustificable, sobre las verdaderas intenciones del PNV. Desde que el PNV, tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, decidió asegurar la hegemonía del nacionalismo en vez de defender la democracia y a sus instituciones, todos sus movimientos han obedecido a esa lógica. Hoy como ayer los nacionalistas saben que han de pactar entre ellos Hoy como ayer siguen pensando que los suyos no son aquéllos con los que gobernaron tapándose la nariz Es verdad que los suyos van vestidos hoy