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52 Cultura LUNES 4 7 2005 ABC Silla de láminas de madera. 1924 La Cesca, de respaldo esterillado El sillón isokón B 35, diseñado por Breuer en 1935 De la madera al aluminio, en esta B 313 Una mirada alrededor trae la huella del húngaro en cada tabique, en cada mueble. La Fundación Barrié rescata a uno de los arquitectos y diseñadores más influyentes del siglo XX Breuer, corazón de metal TEXTO: ÉRIKA MONTAÑÉS FOTOS: FUNDACIÓN BARRIÉ LA CORUÑA. En 1981, año de la muerte del húngaro Marcel Breuer y momento culmen del postmodernismo arquitectónico, el director de Diseño del Museo de Arte Moderno de Nueva York, James Stewart Johnson, vaticinaba con claridad meridiana: Breuer será siempre recordado por el diseño de muebles, y no por su arquitectura Erró respecto al continente desde el que hablaba, donde el insigne diseñador, interiorista y arquitecto probó las mieles del éxito al proyectar las fachadas del Museo Whitney de Arte Americano o la iglesia de la Abadía de Saint John en Minessota. Pero no se equivocó en su Europa natal. Su paso por la escuela de diseño y arte donde se catalizaron las ideas estéticas más importantes del mundo moderno, la Bauhaus de Weimar, le catapultaron a la popularidad por sus sillas y sillones de tubo de acero, que lograron reconciliar la producción industrial con el diseño artístico en el mobiliario, llegando así al común de los mortales. Una y otra faceta son recuperadas ahora, por primera e inédita vez en España, por la Fundación Pedro Barrié de la Maza, que albergará desde mañana y hasta el próximo 16 de octubre en su sede en La Coruña- -por cortesía del Vitra Design Museum, sito en Weil am Rhein (Alemania) una espléndida y completa retrospectiva por la obra de este virtuoso del acero, el aluminio, la madera contrachapada y el hormigón. Un tratamiento de igual a igual en ambos campos creativos, como le hubiese gustado a Breuer, que siempre se sintió llamado por el camino de la arquitectura, pese a que la notoriedad le llegó ya en las postrimerías de su activa vida laboral. El comisario de la muestra que expone la fundación, el alemán Mathias Remmele, se ha forjado su propia opinión sobre el discurrir de Breuer por dos facetas creativas no incompatibles, mas con reconocimiento dispar: Como dise- La muestra, a gusto del expositor Si Breuer levantara la cabeza daría el visto bueno al decorado interior de una muestra, la que exhibe su obra en la Fundación Barrié en La Coruña por ordenada y perfectamente clasificada en tres estadios conciliables: la sección Materiales documenta el diseño de Breuer cobijado en cuatro materiales, la madera maciza, el tubo de acero, la madera contrachapada y el aluminio; Motivos recoge el amplio vocabulario creativo del autor, por ejemplo, el voladizo; y la sección Espacios enclavada en el centro, transmite una imagen plástica de la amada arquitectura de Breuer. ñador, la carrera de Marcel Breuer se resume en una frase, estaba en el sitio correcto en el momento oportuno Y así fue, en efecto. Joven promesa de la decoración de interiores, su ingreso en la Bauhaus de Weimar no pudo ser más próspero. Breuer despuntó como alumno aventajado desde sus 18 años y poco después ya se había hecho cargo del taller de muebles de la escuela, aquél en el que engendraría modelos legendarios como su silla de láminas de madera, y la primera silla de tubo de acero de la historia, que combinaba a la Marcel Breuer, sentado en su famoso sillón de tubo de acero Wassily, en 1926 perfección las condiciones flexibles de ese metal con su facilidad para la producción a gran escala. Era la democratización del mueble, en medio de una crisis económica apabullante. Se concatenaría entonces la fabricación de las joyas de la Corona preciadas en cualquier interior, el sillón Wassily y el taburete Bauhaus, de imagen rompedora y ligereza inusual, con la frialdad del acero compensada con la calidez del cuero y con los que se apuntaba ya a nuevas maneras de sentarse y de utilizar el espacio. Con 51 piezas de mobiliario diferentes, la muestra coruñesa repasa con fidelidad esta fecunda e incomparable obra de diseño. Pasión indómita por el hormigón En el campo de la arquitectura, Breuer nació, quizás, demasiado tarde. Hacia 1932, cuando construyó su primer edificio, la Harnischmacher de Wiesbaden, los iconos del modernismo clásico ya habían sido levantados concluye Remmele. Pero era su gran pasión y por ella luchó. Se trasladó a Estados Unidos y allí dio alas a una técnica, hoy tan sencilla y habitual como impensable por aquel año 1937, como el manejo escultural del hormigón, del que Breuer se convirtió en un auténtico maestro y con el que logró expandir el diccionario arquitectónico internacional. Trece maquetas interactivas, acompañadas de bocetos, dibujos y planos de sus casas unifamiliares y proyectos de gran envergadura, como la sede de la Unesco en París o el centro de Recursos de IBM en la localidad francesa de La Gaude, recuerdan en la fundación Barrié la atención- -a menudo dispersa- -que merece este autor y, por ende, la arquitectura del siglo pasado, cimiento de la presente. Espléndida panorámica de la Casa Robinson, que Breuer edificó en Massachussets