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ABC LUNES 4 7 2005 Nacional 15 ESTATUTO VALENCIANO: ASÍ SE HACEN LAS REFORMAS PÍO GARCÍA- ESCUDERO PORTAVOZ DEL GRUPO POPULAR EN EL SENADO n el debate político, al igual que en muchos otros órdenes de la vida pública, es frecuente que una expresión empleada por alguien en determinado momento haga fortuna y pase a ponerse de moda durante una temporada. Los ejemplos son muchos, pero me referiré únicamente a uno de los más recientes, el de Bienvenido al club frase re- acuñada en el pasado debate sobre el Estado de la Nación por el diputado Puigcercós, para celebrar la adhesión de Rodríguez Zapatero al estilo Perpignan de conciliábulos con ETA. Tal expresión- -por otra parte, bastante poco original- -parece haber calado últimamente en el vocabulario de muchos. Así, el secretario de Organización del PSOE, quien, con motivo del reciente acuerdo alcanzado por el PP valenciano con el PSPV sobre la reforma del Estatuto, se dirigió públicamente al Partido Popular para darle la bienvenida al club de la reforma Con independencia de la finura conceptual y de las capacidades comunicativas de cada cual, considero, sin embargo, que los políticos tenemos la obligación de no faltar a la verdad. Eso hace que las condescendientes palabras de salutación pronunciadas por el señor Blanco se venzan bajo el peso de su propia falacia. Doble falacia, por cuanto busca dar por sentadas dos premisas radicalmente falsas: primera, que el PP sea un recién llegado a ese imaginario club de la reforma segunda, que el PSOE forme parte de él o, menos aún, lo presida. Las evidencias que echan por tierra tales supuestos son abrumadoras, pues- -como diría un castizo- para reformas, las promovidas por el Partido Popular a lo largo de ocho años de gobierno. Sin esas reformas, por ejemplo, el señor Caldera no tendría ningún fondo de reserva de la Seguridad Social del que preocuparse, ni al señor Solbes le cabría la responsabilidad de salvaguardar un ritmo de crecimiento económico como el que ha heredado. Si el PP no fuera un partido eminentemente reformista, tampoco el señor Rodríguez Zapatero hubiera encontrado sobre la mesa un Plan Hidrológico Nacional o una Ley de Calidad de la Educación para derogar. Es precisamente esta cara de la moneda la que oculta su cruz o- -por adherirme también a la práctica del cliché a la moda- -su reverso tenebroso Porque el señor Blanco, en sintonía con el libro de estilo socialista, confunde sistemáticamente la reforma con la reacción. Se confunden ellos y, lo que es peor, pretenden confundir al conjunto de la sociedad. Volviendo a los ejemplos anteriores, el actual Gobierno ha demostradoque su prioridad no es reformar la política hidrológi- E Nuestro criterio es que los Estatutos sólo deben reformarse sobre la base de un amplio consenso ca o la educativa, sino la mera reacción contra las políticas heredadas. Lo mismo vale para los asuntos exteriores: reacción contra el eje Washington- Londres, aunque sea al precio de sustituirlo por el eje Caracas- La Habana; reacción contra el peso y la iniciativa alcanzados en la política europea por España en los años anteriores, a cambio de situarnos ahora en una posición prácticamente irrelevante. Y, en política autonómica, reacción frontal contra la práctica consolidada en veinticinco años de democracia de abordar las reformas estatutarias y la financiación autonómica sobre la base del consenso entre los dos grandes partidos nacionales y el diálogo multilateral. Centrándome ahora en este último apartado, debo decir que la postura del PP en política autonómica es meridianamente clara. Nuestro criterio, antes como ahora, es que los Estatutos sólo deben reformarse sobre la base de un amplio consenso y que tales reformas en ningún caso deben suponer un modo velado de alterar interesadamente otras leyes orgánicas o, aún mucho menos, la propia Constitución. Esa vía no entraña ninguna reforma digna de tal nombre, sino una brutal reacción contra las reglas del juego democrático que han hecho posible la edificación de nuestro Estado de las Autonomías. Si la reforma del Estatuto valenciano nos parece modélica, no es porque consideremos que la literalidad de su articulado deba servir como plantilla para el resto de las Comunidades (la nostalgia jacobina siempre ha sido un patrimonio socialista, no nuestro) sino por el hecho de que sus novedades, con ser importantes, no dejan de moverse escrupulosamente dentro del marco constitucional, y también porque es una iniciativa política avalada por el diálogo abierto y el consenso político. Como ha sido siempre y como debe seguir siendo en el futuro. La iniciativa de mejora del Estatuto de la Comunidad Valenciana puede y debe servir como faro que oriente hasta buen puerto a quienes navegan por la mar gruesa de sus propias hipotecas políticas. Cuando las cuestiones que están en juego tienen la categoría de asuntos del Estado, los partidos políticos tenemos la obligación de aplicar toda nuestra capacidad negociadora para alcanzar soluciones que satisfagan a todos, no a unos pocos a expensas de otros muchos. Sólo así podremos afrontar asuntos de tanto calado como son los Estatutos, la financiación autonómica o- -tal como le propuse recientemente a Rodríguez Zapatero y él aceptó- -la financiación de nuestras entidades locales. Por eso invito al Partido Socialista a que abra de par en par las puertas y ventanas ahumadas de su exclusivo club de la reacción Si el señor Rodríguez Zapatero aspira sinceramente a una política reformista- -que no reaccionaria- -debe salir a la plaza pública en busca de un diálogo abierto. Ahí le estamos esperando. Porque en un club caben pocos, pero bajo el sol siempre hay espacio para todos.