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6 Opinión LUNES 4 7 2005 ABC VADE MECUM TRIBUNA ABIERTA XAVIER PERICAY ESCRITOR JUICIO AL TERRORISMO N la Casa de Campo se está desarrollando uno de los juicios más importantes que se han celebrado en España. Se juzga, nada menos, que a la célula española de Al Qaeda que atentó el 11 de septiembre contra los Estados Unidos provocando miles de muertos. Todos lossiniestros individuos, radicales religiosos islámicos, fueron detenidos en España tras una ardua investigación policial cuando Aznar presidía el Gobierno y Acebes era su ministro del Interior. Ya sólo eso echa por tierra la conclusión que atribuye imprevisión al Gobierno popular y, como resultado, el atentado islamistade Madriddel 11 de marzo. Pero como ahora quienes marcanla pauta política del Parlamento son los JORGE TRIAS batasunos de la EsqueSAGNIER rra, esos que en su día fueron terroristas o amigos de ellos como Malló, Puigcercós o Carod, no debe extrañarnos tanto desatino, tanta zafiedad o tanta bajeza moral, como ese delito consentido por el presidente del Congreso contra Federico Trillo al haber atentado unos infiltrados contra su inviolabilidad parlamentaria. Así va el terrorismo, alegre y confiado, tomando, lenta pero implacablemente, las instituciones. Ya no tiene necesidad ni de matar: ahora están en el poder. La Audiencia Nacional, donde se juzga a los terroristas islámicos, es, sin duda, el portaviones de la justicia española. Herederadesde 1977 del tristemente célebre Tribunal del Orden Público, ese tribunal del que fue magistrado algún abogado que luego ofició de abogado progresista ha tenido una historia irregular. Ha habido jueces- -y juezas- -que han hecho de sus respectivos juzgados unas plataformas para propulsarse hacia no se sabe qué cimas. Desastrosas instrucciones han conducido a juicios bochornosos donde los magistrados de las Salas correspondientes no tuvieron otro remedio que enmendarles la plana ante la falta de garantías o de pruebas con que se habían desarrollado las causas. Garzón ha sido el paradigma de esa catástrofe judicial. Ahora, la Sala que juzga a los terroristas islámicos, presidida por el magistrado Javier Gómez Bermúdez, con enorme esfuerzo y rigor, debe ir sorteando con dificultad los obstáculos con los que el instructor fue sembrando el procedimiento. El terrorismo no puede minimizarse ni contemplarse como un fenómeno al que se puede combatir desde la respuesta del abrazo de las civilizaciones pues ese abrazo, como el del oso, lleva inexorablemente a la desaparición de la inteligencia y al triunfo de la brutalidad. Siempre gana el oso. El juicio de la Casa de Campo no está armando mucho ruido y pasa desapercibidamente. No interesa al poder, ya que quizá de él se extraiga la consecuencia de lo mucho que hizo el Gobierno de Aznar para combatir el terrorismo islámico. Claro, nadie pudo imaginar que iba a ser la mafia marroquí de la droga del hachís, con tantas y tan buenas e importantes conexiones en España, la que iba a organizar la masacre del 11 de marzo y a cambiar radicalmente el sentido de la política española. E LA INTEGRIDAD DEL PP Lo que separa a populares y socialistas, según el autor, a la hora de formar gobierno es que el PSOE no ha tenido ningún empacho en pactar con quien fuera en aras de gobernar. Le ha dado igual que la pareja fuera regionalista o nacionalista, moderada o radical L reciente desenlace de las elecciones autonómicas gallegas ha venido a confirmar una constante en la vida política española que, no por conocida, deja de mover a reflexión: la enorme facilidad con que el Partido Socialista Obrero Español alcanza cuantos pactos sean necesarios para llegar a gobernar o, en su caso, conservar un gobierno, y, a un tiempo, la extrema dificultad del Partido Popular para lograr algo parecido cada vez que los votos obtenidos en las urnas, aun cuando lo sitúen como primera fuerza política, no le otorgan una mayoría suficiente. Por supuesto que, en lo relativo a Galicia, las posibilidades de que la constante no se cumpliera eran prácticamente nulas, si se atiende a lo manifestado en los últimos meses por las tres formaciones en litigio. Pero Galicia, en el fondo, no es más que el capítulo final de una vieja y larga serie. Ni que decir tiene que una de las razones de este contraste entre los dos grandes partidos nacionales radica en el hecho de que el PP concentre el electorado de centro- derecha y de derecha, mientras que el PSOE se ve obligado a compartir el espacio correspondiente en el campo de la izquierda con lo que queda de Izquierda Unida. Pero no es esto lo que separa mayormente a populares y socialistas, sino el trato que cada uno de ellos ha establecido desde que existe democracia en España con las formaciones regionalistas y con los nacionalismos periféricos. Desde entonces, el E PSOE no ha tenido ningún empacho en pactar con quien fuera en aras de gobernar. Le ha dado igual que la pareja fuera regionalista o nacionalista, moderada o radical. Le ha dado igual lo que esta pareja le pidiera a cambio. Así, en la periferia, ha pactado con un partido nacionalista conservador en el País Vasco y con un partido independentista de izquierdas en Cataluña, y, dentro de nada, en Galicia, va a pactar con un partido nacionalista que había sido de izquierdas y que en los últimos tiempos parece bastante más conservador. Y, en cuanto al resto de España, puede decirse que no hay autonomía con formación regionalista que se precie- -excepto los casos de Navarra y de la Comunidad Valenciana, donde Unión del Pueblo Navarro y Unión Valenciana han alcanzado prácticamente sendos puntos de fusión con el Partido Popular- -a la que el PSOE no se le haya declarado con éxito en alguna ocasión. No ocurre lo mismo con el PP. En lo tocante a sus relaciones con los nacionalismos periféricos, el partido que hoy encabeza Mariano Rajoy se ha mantenido por lo general al margen de posibles pactos de gobierno y, allí donde no contaba con una mayoría de votos suficiente para gobernar en solitario, se ha limitado a navegar entre la beligerancia manifiesta y la no intervención. Es cierto que en Cataluña, coincidiendo con su llegada al Gobierno de España, mantuvo acuerdos -Si ahora España es más decente, ¿qué hizo usted como diputado para evitar la indecencia en los años en que gobernó el PSOE?