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ABC LUNES 4 7 2005 Opinión 5 MEDITACIONES QUIJOTESCO ENÍA que ser en este año quijotesco cuando, en algún lugar de La Mancha, los dos caballeros volvieran a verse las caras, aunque de forma diferida y a través de sus campeones. Hace una década, Bono y Borrell anduvieron enzarzados en un palenque instalado en las Hoces del Cabriel y con motivo de la ampliación de la A- 3. De los dos Pepes en cuestión, se salió con la suya el primero, que para algo jugaba en casa. Hoy, regresan al campo de batalla por poderes: Bono con su sucesor en la Junta castellano- manchega, José María Barreda, y Borrell con Cristina Narbona, unidos ambos por algo más que la política. El motivo de la lid de hoy es el agua, que enfrenta otra vez a dos socialistas. Ya lo dijo Cervantes en el Prólogo del Quijote: Haced de modo como que en vuestra historia se nombre el río Tajo Pues eso. MARCO AURELIO T LEER Y PENSAR DOS VISIONES DE ESPAÑA DE MANUEL AZAÑA Y JOSÉ ORTEGA Y GASSET Editorial Galaxia Gutenberg Barcelona, 2005 141 páginas POBRES OVEJAS MAGINEMOS que una persona que padece obesidad por culpa de algún trastorno endocrino, a pesar de mantener una dieta severísima y de caminar cada mañana un par de leguas, leyese en un tratado médico: La obesidad suele ser consecuencia de una ingesta desmedida de alimentos y unos hábitos en exceso sedentarios ¿Tendría que darse por aludida y soliviantarse? Naturalmente que no; pues el tratado médico lo único que hace es constatar una evidencia. En todo caso, nuestro atribulado obeso habría de lamentar que un desarreglo que por lo común padecen quienes se entregan a cierto tipo de excesos se ensañe también con él, a quien los azares genéticos han dispensado igual condena, aunque evite la molicie y los alardes pantagruélicos. Mucho más comprensible resultaría el cabreo del obeso que afecta templanza en el yantar y luego se entrega en secreto a pitanzas desaforadas; pero aquí podríamos alegar en defensa JUAN MANUEL del tratadista médico aquel refrán de DE PRADA cumplimento infalible: El que se pica, ajos come En un artículo reciente escribí: La defensa a ultranza de los animales suele ser la coartada que emplean quienes desprecian olímpicamente la vida humana Debe notarse, en primer lugar, que utilizo la locución adverbial a ultranza que, según nos explica el diccionario, significa a todo trance a muerte esto es, sin consideración de otras circunstancias confluyentes, con absolutismo cerril y mentecato. Por lo demás, el aserto de la frase no incluye a quienes, respetando la vida humana y postulando su defensa, profesan un amor consecuente a los animales. Escribo consecuente pues considero que la defensa de las criaturas que pueblan la tierra y de la naturaleza que las sustenta es el corolario natural de un humanismo hondo y coherente. Nunca he entendido las reacciones furibundas que ocasionan mis artículos entre ciertos lectores, cada vez I El problema catalán Si ustedes leen los discursos sobre el Estatuto de Cataluña que, en las Cortes de 1932, pronunciaron José Ortega y Gasset y Manuel Azaña, llegarán a la conclusión de que estamos donde estábamos. Es decir, el problema catalán- -como la vida- -sigue igual. Que si los catalanes siempre están enzarzados con alguien, que si el particularismo catalanista es un sentimiento que impulsa a una comunidad a vivir aparte, que si hay que resolver de una vez por todas el problema catalán, que si muchos catalanes- -aunque no se atrevan a decirlo- -quieren vivir con España, que si hay que atemperar la deriva soberanista del nacionalismo catalán, que si hay que mantenerse dentro de los límites de la Constitución, que si la solución reside en la autonomía de Cataluña, que si el dinero que llega a Cataluña no puede ir en detrimento del resto de las regiones españolas. ¿Qué futuro? Azaña creía que la República conseguiría la unión esencial de todos los españoles. ¿Y Ortega? Decía Ortega que no se podía curar lo incurable y que el problema catalán sólo se puede conllevar Tenía razón. Se lo digo yo, que soy catalán. MIQUEL PORTA PERALES que denigro a quienes han hecho de la defensa de los animales una coartada o perversión del sentimiento que ampara y camufla su desprecio olímpico de la vida humana. Pues, o bien dichos lectores tienen las entendederas un poco averiadas, o bien se dan por aludidos. Siendo trágica y desmoralizadora la primera posibilidad, la prefiero a la segunda, que delata la extensión de una gangrena social quizá ya inextirpable. Los estudiosos de las perversiones sexuales definen el fetichismo como una especie de circunloquio erótico al que acuden quienes son incapaces de amar a una persona. La defensa a ultranza de los animales se ha convertido en nuestra época en una suerte de fetichismo moral que permite relegar a un arrabal subalterno la defensa de la vida humana. Muchos de los paladines del reconocimiento de los derechos de los animales (como si los animales fuesen, en algún estadio de su vida, sujetos morales dotados de voluntad libre) son los mismos que despachan el aborto como un banal ejercicio de cosmética quirúrgica. Muchos de los que se sublevan porque un chimpancé sea utilizado en un laboratorio para la investigación de enfermedades que diezman a los hombres son los mismos que justifican la experimentación con embriones humanos, y aun la fusión de células madre humanas con embriones de ratón. Por supuesto que debemos amar a los animales; pero siempre que ese amor no sea la cortina de humo que maquilla una perversión moral. Una de las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan me proporciona una cita de Joseph Roth que me ha animado a releer La cripta de los capuchinos, una novela escrita en vísperas de que los nazis se anexionaran Austria: Siempre me ha parecido que los hombres que aman a los animales emplean en ellos una parte del amor que debieran dar a los seres humanos; y me di cuenta de lo justa que era esta apreciación cuando comprobé casualmente que los alemanes del tercer Reich amaban a los perros lobos, a los pastores alemanes. ¡Pobres ovejas! me dije