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34 Internacional DOMINGO 3 7 2005 ABC Los radicales islámicos quieren sumir en el caos a la principal industria de Egipto: el turismo. El Gobierno saca pecho porque los tres muertos en los atentados de abril no son nada comparado con los negrísimos años noventa Las huestes del terror campean en la tierra de los faraones TEXTO Y FOTOS LUIS DE VEGA. ENVIADO ESPECIAL EL CAIRO. El Hotel Cataracts, mandado construir en Asuán por el explorador británico Thomas Cook, es desde el siglo XIX uno de los lugares más preciados por los viajeros que llegan a Egipto. Su nombre saltó a la fama después de que Agatha Christie escribiera allí Muerte en el Nilo Desde entonces, decenas de personalidades del todo el mundo han desfilado por sus habitaciones. Una familia de españoles residente en este país logró reservar plaza en tan histórico establecimiento después de tres años intentándolo. Puede tratarse de una casualidad, aseguran, pero lo cierto es que el volumen de visitantes ha descendido en las últimas semanas después de los ataques terroristas cometidos en El Cairo. Un joven suicida mató a tres turistas el 7 de abril en un popular mercado de la capital. Pocas semanas después, el día 30 de ese mes, otro joven saltaba cargado con una bomba por un puente cercano al Museo Egipcio causando varios heridos de distintas nacionalidades. Ese mismo día, su hermana y su novia sacaban dos viejas pistolas de debajo del niqab que les cubría todo el cuerpo y abrían fuego sin causar muertos contra un autobús de extranjeros cerca de la Ciudadela. Instantes después, una de ellas asesinó a su acompañante antes de quitarse la vida. Tres ataques junto a tres de los lugares más concurridos, con cuatro terroristas y tres extranjeros muertos. gar que la seguridad del país se ha visto gravemente afectada comenta a ABC Diaa Rashwan, analista del Centro Al Ahram de Estudios Políticos y Estratégicos. Según él, estos ataques no se deben a la situación interna de Egipto. Cargan contra los turistas como representantes de las potencias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, que ocupan países árabes Turistas españoles Casi tres meses después, las fuentes oficiales consultadas por este periódico no sólo desmienten las consecuencias negativas sino que presentan un incremento global en el número de turistas. Aquí tiene los números y verá cómo no nos hemos visto afectados explica Rasha el Azaizi, portavoz del Ministerio de Turismo. Según sus datos, el número de españoles ha ascendido un 15,5 por ciento (de 45.135 a 52.137) en el periodo enero- abril de 2005 con respecto al año pasado. En cuanto al segundo trimestre- -los ataques tuvieron lugar el 7 y el 30 de abril- las cifras arrojan un descenso de casi el 17 por ciento con respecto a 2004. Se ha pasado de 44.892 viajeros a 37.339. Mohamed Fawzi, de la cadena hotelera Accor, declaró recientemente a la revista Cairo Magazine que un detalle importante para un menor impacto de los atentados fue que la comunidad internacional tenía fijada su atención a primeros de abril en otros asuntos. La Prensa estaba en aquellas fechas concentrada en acontecimientos como el funeral del Papa o la boda del Príncipe Carlos de Inglaterra Egipto, con más de 8 millones de turistas en 2004, depende de tal forma de las divisas que dejan los extranjeros que cualquier sobresalto en la industria turística puede convertirse en un La yihad individual Los atentados fueron cometidos por una pequeña célula aparentemente sin vínculos con un entramado superior. Pero esta es la forma de actuar de muchas de las franquicias de Al Qaida y todavía no se descarta una posible conexión. Podríamos estar ante lo que el especialista en ciberterrorismo marroquí Abdalá Rami califica de yihad individual Se trata de gente, generalmente motivada vía internet que decide hacer la guerra por su cuenta, a veces casi sin ningún tipo de apoyo. Fuentes de la investigación consultadas por medios egipcios califican las acciones de El Cairo de chapuceras aunque, por otro lado, reconocen que los objetivos estaban bien elegidos y han logrado alargar la sombra del miedo entre los turistas. Se trata de terroristas amateurs, para nada profesionales. La gente, los explosivos... Pero a la vez no podemos ne- Egipcios y turistas pasean por el mercado de Jan al- Jalili, tras el atentado de abril sablazo a la economía del país. Sin embargo, el Gobierno cuenta con la experiencia de haberse recuperado de los numerosos atentados perpetrados en la década de los noventa. Esa ola de ataques tuvo como guinda el ametrallamiento de 58 personas en el templo faraónico de Luxor, en 1997, lo que fue considerado como una auténtica ruina para el turismo en los años siguientes. El fantasma reapareció, tras unos años de calma en un país protegido con mano de hierro por el régimen de Hosni Mubarak, el pasado mes de octubre en la península del Sinaí. Treinta y cuatro personas perdieron la vida, la mayoría israelíes, tras la explosión de varias bombas en dos hoteles a orillas del mar Rojo. El Gobierno se apresuró a apuntar al conflicto palestino- israelí para desligar los ataques del entorno de Al Qaida. En 1997, un grupo de cincuenta y ocho turistas fue ametrallado junto al templo faraónico de Luxor El pasado octubre, tres bombas en hoteles del mar Rojo causaron 34 muertos, la mayoría turistas israelíes Turistas acampados en el desierto, frente a las pirámides