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32 Internacional DOMINGO 3 7 2005 ABC Y sin democracia en Oriente Próximo A. S. MADRID. Después de la guerra de Irak ha habido un innegable vuelco en Oriente Próximo, pero no parece que el cambio se traduzca en la democratización a la occidental de la región. En el Líbano el avance de las fuerzas políticas antisirias se equilibra con la creciente influencia de Hizbolá, que mantiene su fidelidad a Damasco y su feroz guerra a Israel. La democriacia libanesa sigue condicionada por la adscripción religiosa y comunitaria. En Siria, el régimen baasista se encuentra muy debilitado, pero no aparece una alternativa liberal Más bien serían los Hermanos Musulmanes quienes más ganarían con el cambio. En Irán, los reformistas han sufrido un duro golpe en las recientes elecciones. Los duros han mediatizado los comicios, pero el populismo de Ahmadineyad ha capitalizado cuanto ha podido la presencia del Satán norteamericano a las puertas del país. A los árabes les gusta participar en política, pero su tiempo no es el nuestro. Es como si habláramos de democracia a la Castilla de los Trastamara. Les gustaría la idea, pero la entenderían a su manera. Varios cadáveres de iraquíes yacen en la morgue del hospital Yarmuk, en Bagdad, tras uno de los atentados suicidas de ayer El infierno es el mismo en Irak, pero la situación política evoluciona muy deprisa. Antes de un año, éste será un país nuevo. El afán ahora es juzgar, tal vez fusilar, a Sadam Husein para convencer a la sociedad iraquí de que el dictador pertenece al pasado Sigue el tiempo del sacrificio en Irak TEXTO ALBERTO SOTILLO FOTO REUTERS MADRID. Los ataques de la insurgencia son cada vez más mortíferos, la delincuencia común es aun más peligrosa que la guerrilla, el terrorismo no da tregua, el paro oficial sigue estancado en el 40 por ciento de la población y el paraoficial en casi el doble, continúan los apagones y las restricciones de combustible. En apariencia, la pesadilla de Irak es un túnel en el que no hay luz en ninguno de sus extremos. Y sin embargo, la situación política evoluciona muy deprisa. Si se mantiene el actual calendario, en seis meses Irak sería un nuevo Estado, con una nueva Constitución, con un nuevo gobierno integrador y con Sadam Husein procesado y, tal vez, archivado en la historia. No parece fácil que se vaya a cumplir el calendario. En vez de seis meses, podría ser un año. Pero el caso es que, para entonces, Irak será un país nuevo. La rápida evolución política, no obstante, no garantiza que en seis meses o un año vaya a acabar la violencia. El Pentágono calcula que todavía hay unos 20.000 insurgentes en el país, a donde acude un número creciente de yihadistas extranjeros a combatir al Ejército norteamericano. Aunque el factor esencial de la violencia política sigue siendo el rechazo de la población suní. Entre los atentados de cada día, los de ayer se cobraron varias docenas de víctimas. El más mortífero, en un centro de reclutamiento en Mahmudiya, mató a veinte aspirantes a policías. La negociación de la próxima Consti- tución es también una nueva negociación sobre el futuro reparto del poder y de las condiciones en las que se podrían integrar los suníes en el sistema. El problema es que, en Irak, hace tiempo que se negocia a tiro limpio. Los chiíes, relegados desde la creación del Estado iraquí, negocian con el respaldo de las tropas norteamericanas. Y algunos suníes, que fueron los dueños del poder, negocian con el revólver de la insurgencia nacionalista e incluso del terrorismo yihadista De mal en peor Más ataques de la insurgencia. Han pasado de una media de 45 ataques diarios en 2004 a 70 durante este año. Producción de petróleo estancada. La actual producción media es de 2,2 millones de barriles diarios, la misma que la del año pasado, todavía inferior a la de antes de la guerra. El sabotaje de la guerrilla impide su explotación. Más civiles muertos. El número exacto de muertes provocado por la insurgencia y la delincuencia común es imposible de calcular, pero se cree que unos 24.000 civiles habrían perdido la vida. Más soldados extranjeros muertos. La insurgencia ha mejorado la eficacia de sus ataques, de forma que el número de soldados extranjeros muertos ha subido de los 982 registrados en 2004 a 1.930 este año. Aislar a los terroristas En mitad de todo ese embrollo es cuando representantes norteamericanos entraron en contacto con la guerrilla nacionalista con el objetivo de aislar a los terroristas Algo debe de moverse cuando hay ya en marcha el plan de crear un partido político que incluya en el juego a la guerrilla nacionalista. Un acuerdo constitucional con los suníes va a ser imposible si no hay un claro calendario de retirada de las tropas norteamericanas, pues los suníes tienen poder de veto sobre la Constitución. Los propios políticos chiíes se encuentran bajo la presión de su población, que también desea la salida de las fuerzas extranjeras. Ningún problema, por otro lado, porque la Administración norteamericana está ansiosa por encontrar una puerta de salida más o menos airosa. El problema es que, a la vez, el nuevo régimen no admite marcha atrás. Y aquí es donde entran las prisas con las Un acuerdo constitucional con los suníes no será posible sin un calendario de retirada de las tropas Los chiíes negocian con el respaldo de las fuerzas de Estados Unidos; muchos suníes, con el de la insurgencia que se está organizando el juicio a Sadam. Estados Unidos habría querido un proceso puntilloso como los del Tribunal Penal Internacional de La Haya. Pero las actuales autoridades iraquíes dicen que no hay tiempo. Quieren juzgar a Sadam antes de las elecciones previstas para fin de año. Y por lo que dan a entender, parecen muy dispuestas a fusilarlo. Los políticos iraquíes de la nueva hornada insisten en que Sadam pertenece al pasado. Y con el juicio y eventual ejecución del dictador intentan convencer al pueblo iraquí de su punto de vista. O al menos presionar a los suníes para que acepten un acuerdo constitucional. Una vez archivado el dictador, el nuevo régimen iraquí tampoco va a ser un protectorado occidentalizante como en tiempos se soñó. EE. UU. pudo forzar la mano en la Constitución aprobada tras la invasión, pero no tiene capacidad para repetir la jugada. Lo que, en términos prácticos, significa que va a ser muy difícil frenar el carácter religioso del nuevo régimen o el nacionalismo cada vez más extendido entre la clase política iraquí. Habrá nuevo régimen, pero no está claro que la violencia vaya a parar. Nadie puede ganar esta guerra, pero aún no hay una receta clara de cómo ingeniárselas para que la violencia no siga siendo parte del juego político. No se sabe si habrá paz, pero sí parece claro que habrá un nuevo régimen, religioso y nacionalista, que gestionará a su manera petróleo y estrategia política.