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28 DOMINGO 3 7 2005 ABC Internacional El cardenal británico Cormac Murphy O Connor (detrás de Bianca Jagger, en el centro) encabezaba ayer la marcha contra la pobreza en Edimburgo (Escocia) AFP El Reino Unido, un país nada euroescéptico en el día a día de Bruselas, asume el mando en la UE Los funcionarios británicos se implicarán a fondo en los asuntos europeos durante su semestre euro ni está en Schengen al cien por cien, Londres siempre ha tratado de hacerse oír en las decisiones sobre la moneda o las fronteras EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. La presidencia británica de la Unión Europea que acaba de comenzar ha puesto al Reino Unido en el centro de Europa, no sólo por razones de turno semestral, sino además por el liderazgo que Tony Blair quiere ejercer en la definición del rumbo que debe tomar la UE. Un liderazgo que Blair ha sabido mostrar también con su relevante papel en los prolegómenos de la cumbre que mantendrá el G- 8 en Escocia la próxima semana, como abanderado en la lucha contra la pobreza que a tantos miles de británicos reunió ayer en varias manifestaciones por el Reino Unido. Para impulsar sus ideas sobre Europa, el primer ministro británico cuenta con un entrenado cuerpo de responsables políticos y técnicos en las instituciones comunitarias, realmente imb Aunque no es miembro del plicados en el día a día de la maquinaria europea. De un país que suele mirar hacia el Continente con la perspectiva que le da la distancia y la visión de una gran isla, tal vez cabría esperar también un distanciamiento respecto al proceder diario de las instituciones de la UE. Pero la realidad es la contraria. Incluso desde posiciones de euroescepticismo, los políticos y funcionarios británicos que trabajan en Bruselas participan activamente en los debates comunitarios, en la definición de las distintas políticas y en su ejecución. Negocian muy duramente, pero cuando se alcanza un acuerdo lo cumplen a rajatabla. Salvo en el caso de las vacas locas, en el que todos enloquecieron, los funcionarios británicos han sido siempre muy leales, sin importar si son conservadores o laboristas, porque además ellos actúan bastante como grupo nacional, promocionándose sin batallas partidistas internas advierte un experto español con larga experiencia en la vida política y administrativa de la UE. Ya nos gustaría a los españoles tener a tanta gente metida en lugares estratégicos como ellos; no aspiran a puestos de relevancia, sino a ocupar puestos técnicos que permiten un gran control; actúan como un lobby realmente envidiable añade. Fieles a la libra esterlina El caso paradigmático de la extraña relación que mantiene el Reino Unido con Bruselas es el que afecta al euro. El Gobierno británico no ha querido sustituir la libra por el euro, pero continuamente reclama participar en las reuniones del eurogrupo, no sólo para estar informado de lo que en ellas se trata, sino porque considera que todo lo relacionado con el euro afecta a la marcha de la UE. Algo parecido ocurre con el acuerdo de Schengen sobre fronteras, al que el Reino Unido no se sumó plenamente por una cuestión de cesión de soberanía, pero que prácticamente aplica también en su territorio. Los británicos en Bruselas actúan con gran conocimiento de los entresi- jos comunitarios y utilizan todos los resortes a su alcance. Esa total implicación se manifesta también en el interés en acceder a los corresponsales de prensa de los distintos países. Son más discretos que los franceses, pues no hacen uso del sistema de filtraciones, pero se preocupan en llamarte y en ofrecer sus puntos de vista; se diría que la UE les importa como a los que más afirma un periodista español con varios años en Bruselas a las espaldas. Por ejemplo, el Financial Times de Londres, es uno de los mejor informados sobre los asuntos comunitarios y casi todos los funcionarios lo leen. Es muy sintomático de la actitud con la que los británicos abordan el trabajo en Bruselas agrega el periodista. Relación de amor- odio Al fin y al cabo, la Comunidad del Carbón y del Acero, germen de la UE, fue en parte una idea de Winston Churchill para el entendimiento franco- alemán tras la Segunda Guerra Mundial. Cuando Churchill se convenció de que también era buena para el Reino Unido, ya había perdido el poder y desde entonces su país mantiene una relación de amor- odio con Bruselas. Los británicos en la UE han sido siempre leales, sin importar si son conservadores o laboristas