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ABC DOMINGO 3 7 2005 Opinión 5 CARTA DEL DIRECTOR IGNACIO CAMACHO LA SONRISA DE METAL Al cabo de un año de Gobierno, que abrió prometiendo diálogo, Zapatero ha hecho de todo menos escuchar. No ha escuchado a la oposición, ni al Poder Judicial, ni al Consejo de Estado, ni a las víctimas del terrorismo, ni al Foro de la Familia. No escucha ni siquiera a los suyos. Y sin embargo, contra toda prudencia, sí parece dispuesto a escuchar a los terroristas y a Batasuna L presidente Zapatero ha concluido el curso parlamentario tal como lo empezó, con una perenne sonrisa dibujada en el rostro, pero el acogedor gesto que prometía diálogo, consenso, y concordia se ha trocado en un rictus de desafío que apunta directamente hacia la arrogancia. Quizá tenga motivos para sentirse satisfecho porque ha logrado mantener la iniciativa política, poner en jaque a la oposición y conservar con la guardia alta a las minorías querespaldaron su victoriaelectoral, pero el espejo en que contempla su autoestima emite peligrosos reflejos de quiebra social. El éxito de sus políticas no se cimenta sobre el acuerdo, sino sobre la discordia, el revisionismo y la polémica, y en el seno de la sociedad civil se incuba el virus de la confrontación y la fractura. La frase crítica que se atribuye a un Felipe González despechado por la escasa atención que en Moncloa se dispensa a sus consejos- yo tardé seis años en dejar de escuchar; a éste le han bastado seis meses -podría servir para definir con bastante exactitud la verdadera dimensión del célebre talante presidencial. Bajo su sonrisa cosmética, cada vez más helada, Zapatero exhibe una mandíbula de acero. Imperturbable al ruido creciente que generan sus arriesgadas políticas de reformas civiles, mantiene una agenda hermética a las críticas en la convicción casi iluminada de dirigir la segunda vuelta de la transición hacia la Zapatero, en el partido de balonmano España- Croacia, ayer en Almería ruptura no consumada hace veinticinco años. la concepción tradicional de la familia. Y todo ello es, La retadora sonrisa con que saludó desde el banco precisamente, lo que motiva y pone al jefe del Ejecuazul la aprobación parlamentaria de su proyecto estivo, empeñado en situarse al frente de una supuesta trella, la ley del matrimonio homosexual, pone de mavanguardia en la que corre el riesgo de irse dejando nifiesto el carácter unilateralista de su concepto de la atrás a la gente. gobernancia. El PSOE y sus aliados sacaron adelante el texto vetado por el Senado sin modificarle una sola Al cabo de un año de Gobierno, que abrió prometiendo coma, en una demostración arrolladora de soberbia diálogo y transigencia, Zapatero ha hecho de todo mepolítica, que el presidente remató con su provocadora nos escuchar. No ha escuchado a la oposición, ni al alusión a la decencia de un país en el que matrimoPoder Judicial, ni al Consejo de Estado, ni a las víctinio ya no comprende sólo la unión de un hombre y mas del terrorismo, ni al Foro de la Familia. No escuuna mujer. cha ni siquiera a los suyos cuando le reclaman sosiego en el modelo territorial, ni a Alfonso Guerra- -que le Lo de menos es la ley en sí misma, cuyo eco durará lo ayudó a ganar el Congreso que le hizo líder del que tarde en disiparse la novedad de las primeras boPSOE- -cuando pide firmeza frente a los nacionalisdas, y en la que la adopción es sólo un brindis al sol tas y delicadeza en la reforma de la Constitución. No porque en la inmensa mayoría de los países del munescucha a los manifestantes ni a los líderes de opinión. do está prohibido entregar niños a las parejas del misY sin embargo, contra toda prudencia, sí parece dismo sexo. Empero, al empeñarse, contra el criterio de puesto a escuchar a los terroristas y a Batasuna, a los gran parte de la sociedad, de numerosas instituciones que tiende una y otra vez la mano sin reparar en que respetables y hasta de algunos ministros, en llamar les está entregando la llave de su propio futuro. matrimonio a una unión con todos los derechos que La estrategia de la división y el revisionismo le está podría y debería haber quedado consolidada de una saliendo bien a la hora de quebrar por la retaguardia forma menos contundente, Zapatero ha mostrado su al PP, al que le ha abierto severos boquetes y desestabidecisión irrevocable de gobernar abriendo brechas de lizado ante sus propias contradicciones internas. Peruptura. Ese concepto encerrado en esa palabra tiene ro más allá del PP y de la lucha por el poder, un presila propiedad de dividir: irrita a la Iglesia, desasosiega dente ha de tener en cuenta al país entero, y gobernar a los católicos, modifica el Derecho, pone en cuestión E también para los que no le han votado. Zapatero gobierna sólo para una parte de los que le apoyaron: las minorías más activas que con su movilización volcaron por la mínima el resultado del 14- M, ayudadas por la convulsión del atentado de Atocha. Y le da alas al nacionalismo vasco, catalán y gallego para construir una mayoría prestada que conduce a la desintegración del modelo constitucional, sin que esté claro en modo alguno con qué pretende sustituirlo. Un presidente capaz de sostener sin ambages que la nación es sólo un término lingüístico, un asunto sujeto a discusión semántica, provocaría el pánico en la ciudadanía de cualquier país europeo. El nuestro, en cambio, lo dice con una escalofriante naturalidad mientras sus socios nacionalistas le pegan tirones y mordiscos a la manta del Estado. Zapatero se apoya en ellos para sacar adelante una ley que permite casarse a una exigua minoría de ciudadanos, para desmantelar los proyectos heredados del aznarismo y para obtener apoyos en su vía de diálogo con los terroristas. Se trata de una política cuyo objetivo real parece residir en impedir a toda costa que el PP regrese al poder que perdió por sorpresa bajo el estruendo de las bombas de aquel trágico marzo. Quizá ahí radique el pecado original de un Gobierno que se sabe de algún modo moralmente impugnado por la conREUTERS vulsión que le vio nacer. El diálogo con ETA, la obsesión por lograr una paz formal con los terroristas, podría ser el resultado de un cierto complejo subconsciente de culpa. Si el Gobierno que surgió de las bombas hallase la manera de objetivar el final de la violencia vasca habría encontrado su camino de redención. Pero en esa fantasmagoría, Zapatero ha comprometido nada menos que el Pacto por las Libertades, el consenso constitucionalista en el País Vasco y, probablemente, la propia iniciativa del Estado frente a unos terroristas que de repente se han encontrado con la posibilidad de decidir. Roto el consenso con la oposición en todos los terrenos, lo que espera en septiembre es un ejercicio de funambulismo político en el que el Gobierno tendrá que subirse a un alambre para tejer con sus socios el modelo de un Estado en el que no creen. El Partido Popular espera debajo de la maroma que su rival se descalabre, armando todo el ruido posible para desestabilizar un equilibrio tan frágil. En la cuerda camina un presidente risueño con el cuchillo bajo la capa (Chaucer) iluminado por una extraña convicción interior y luciendo una sonrisa glacial como una mueca de determinación y rabia. Lo malo es que lo que tiene entre las manos es una nación (una nación, sí) que sólo quiere vivir sin sobresaltos en una concordia a la que desde hace un cuarto de siglo había empezado a acostumbrarse. director abc. es